Espacio Oteiza: lujo vasco en el Hotel Restaurante Akelarre

El restaurante llamado Espacio Oteiza se encuentra dentro de las instalaciones del restaurante Akelarre de Donostia, con vistas al mar Cantábrico, en el antiguo lugar donde se ubicaba la discoteca Ku. En el año 2017, el equipo de arquitectos Marta Urtasun y Pedro Rica, del estudio Mecanismo, realizó la obra que engloba hotel, spa, cocktail station, Espacio Oteiza y el restaurante que da nombre a todo el complejo.

10.08.2021 | 09:52
La terraza del Espacio Oteiza y sus vistas.

El cuidado por la selección de los materiales, el mobiliario y la ejecución detallada, identifica específicamente el proyecto del Hotel Akelarre. El empleo de materiales naturales, tradicionales y atemporales, como piedra, madera, metal y lino, respetando su naturaleza y sus propiedades en la manera de emplearlos, pero sin renunciar a la investigación y al uso de técnicas novedosas para su manipulación e instalación, caracteriza el proyecto y al propio estudio.

El hotel se encuentra a pocos kilómetros del centro de Donostia, en la ladera norte del monte Igeldo y orientado al mar Cantábrico. Dispone de un total de 22 habitaciones, implantadas en dos niveles, todas ellas orientadas al mar y funcionalmente similares con independencia de su dimensión o categoría.


Subijana, con la escultura de Oteiza.

En todo momento, entendiendo que la esencia y el centro del conjunto era el restaurante, los arquitectos supieron respetar y trasladar el carácter de Akelarre. Es así que crearon un lugar en el que la calidez de los espacios y la integración, tanto en el entorno natural como gastronómico, fueran las señas de identidad.

Esta pareja de arquitectos aficionados al diseño tuvo entre manos la transformación del antiguo espacio donde se encontraba la discoteca Ku, debajo del triestrellado restaurante Akelarre, para dar cabida a todo un complejo de lujo y excelencia del momento actual.

Este proyecto ambicioso sigue el concepto que tenía Subijana, apostando por una cocina de calidad, y además suma a la oferta gastronómica el Espacio Oteiza, un recuerdo al artista, amigo de la familia, que un día le obsequió con una pequeña escultura, hoy presente en el comedor.

La obra, reiniciada tras el parón de la crisis anterior, se renovó un año después de la finalización del hotel, con el fin de integrarlo estéticamente en el ambiente del que pasaba a ser comedor principal.

La sala del Espacio Oteiza está compuesta por dos ambientes, uno ligado a la barra de bar y zona snack-bar, y otro en el que se ubica el comedor, un espacio más formal en el que se pueden degustar platos que ya no están en la carta del restaurante gastronómico. Además dispone de un reservado y una terraza al aire libre en un entorno excepcional.


El hermoso Cocktail Station, en una fotografía nocturna.

En una reciente visita dentro del Máster de Diseño de espacios gastronómicos de la UPV/Ehu, del que hablaremos más adelante, comentan los arquitectos Pedro y Marta que el proyecto lo abordaron con la idea de integrar las dos zonas, pero diferenciándolas, creando un espacio cálido y luminoso en el que tuvieran una importancia significativa tanto el material como el detalle en la ejecución.

Para ello propusieron un sistema rápido y limpio, empleando panelados y mobiliario producidos en taller, todo ello totalmente modulado y probado previamente, en una ejecución que duró nueve meses, teniendo en cuenta que el restaurante debía de estar abierto, con todo lo que supone de ruidos y trabajos de obra.

Como elemento principal diseñaron un revestimiento continuo formado por dos partes, que recorrería el espacio entero. Una parte inferior está realizada en madera de roble natural, constituida por un despiece modulado en paneles de las mismas dimensiones, y como segundo elemento, y sobre la parte superior de roble, se desarrolla un panelado lacado.

En la terraza se encuentra el Cocktail Station, gestionado por el barman Patxi Troitiño, que se concibe como un espacio más dinámico, aunque emplearon el mismo criterio y elementos para resolverlo.

Todo está integrado en materiales, comenta Pedro Rica, así como en el acabado, y conviven entre ellos. Así mismo, para enfatizar el ambiente desenfadado del bar, diseñaron siete mesas bajas circulares, todas ellas con un diseño similar, aunque con diferentes detalles.

Al igual que en la cocina, se le ha dado mucha importancia al producto. El estudio de Mecanismo también diseñó la iluminación, como por ejemplo dos lámparas de pie, semejantes a las que nacen del panelado de madera, empleando tubos metálicos arqueados de los que penden las bolas de vidrio de las que emana la luz. El espacio se completa con múltiples lámparas de sobremesa, producidas bajo el mismo concepto como pequeños farolillos, que se distribuyen a lo largo del zócalo de madera de roble del comedor.

En la importancia de la funcionalidad del manejo de las piezas que conforman el espacio del comedor, junto a la iluminación, las mesas y el sofá corrido, se encuentran cuatro gueridones de apoyo al servicio. Todos ellos con formas circulares, poseen las superficies horizontales de mármol marrón emperador y los frentes de tablillas de roble, y dotan al restaurante de una gran capacidad de almacenaje para realizar el servicio de la manera más eficiente posible.

En el complejo, calificado como Relais Chateaux, los visitantes disponen de parking directo a las habitaciones para los que deseen la máxima privacidad, así como un spa con salones de tratamiento de piscina hidromasaje y vestuarios independientes con todo tipo de comodidades. Así es el gran sueño de Pedro Subijana, para completar la experiencia Akelarre. Todo un lujo del diseño y la gastronomía. 


LA OPINIÓN DEL EXPERTO: SANTOS BREGAÑA
Para valorar técnica y artísticamente al Espacio Oteiza hemos pedido la opinión de un experto, Santos Bregaña, con mucha experiencia en el sector (entre otras cosas es el diseñador del logo del Basque Culinary Center y ha ideado el concepto de restaurantes tan prestigiosos como Mugaritz y Nerua). Bregaña combina su oficio de diseñador y director de arte del Atelier Laia –fábrica de perplejidades–, con su trabajo artístico y la docencia en las escuelas de arquitectura de Pamplona (taller de 2º y 3º del grado superior de Diseño) y San Sebastián (posgrado en consultoría en Diseño de espacios gastronómicos. Taller de diseño de la sala y sus objetos), así como en la facultad de Bellas Artes de Bilbao (Máster en cerámica. Arte y función). 
 
En el 2008 recibe el premio Sphere otorgado por el Art Director Club NY por su trabajo realizado para el restaurante Mugaritz desde sus inicios. Ha dirigido la editorial Tabula, dedicada a la difusión de la cultura y la gastronomía. Sus trabajos se han expuesto de manera individual y colectiva en lugares como Dublín, Utrech, Palermo, París, Nueva York, Berlín, Atenas, Cracovia, Milán, Moscú, Tallin, Zagreb, Tánger, Fez, Casablanca, Marrakech, Rabat y Tokio. Y esto es lo que, puesto por escrito, comenta respecto del lugar.
 
Akelarre Palimpsesto 
"Paso a menudo caminando por los senderos de la costa bajo el hotel restaurante de Pedro Subijana. Contrasta en primer lugar cómo todas las construcciones tradicionales sin excepción se orientan al este, al sol naciente. No solo no muestran en sus fachadas desinterés por el mar, sino que se ocultan de sus envites, del constante viento con salitre que trae el noroeste, o de los gélidos del norte y del norte francés. Sin ventanas o con apenas un pequeño hueco de ventilación, los baserris se muestran severos, sin concesiones al paisaje. No es así el Akelarre, que se abre de par en par en grandes cristaleras hacia el Cantábrico; aquí, el paisaje es un espectáculo cambiante de un mar que muchas veces es verdoso o gris, otras azul o plata, agitado, tranquilo, furioso, incesantemente castigando la costa, pero a la vez evocador, lleno de promesas de otro mundo".
 
"Ahora en verano, en julio especialmente, el atardecer es tardío y se puede ver al astro ocultarse en el mar; luego en invierno se retirará hacia Bizkaia, ya en tierra firme. En estos días el debate es ver el fenómeno mágico del rayo verde, un fulgor que aparece como un fogonazo tras el instante en que desaparece en el horizonte la última pizca de fuego. Los observadores debaten entre la realidad o la ficción de este fenómeno único. Quienes son capaces de verlo, los que lo sienten veraz, se vuelven muchas veces fanáticos del rayo verde; quienes opinan que es un simple fenómeno óptico los miran con sarcasmo. Desde el Akelarre se debe acompañar este espectáculo real o imaginario con una copa de Philipponnat, mirando la bola roja a través de las burbujas, en el Espacio Oteiza. Así, uno encuentra la felicidad de millones de soles ascendiendo por ese mar en miniatura que es el champagne".
 
"Como lo es Pedro, el espacio es tranquilo y sosegado. Se agradece hoy en día que un chef sea así, y sobre todo a los arquitectos que hayan retratado en el interiorismo ese perfil de Subijana, silencioso, frente el incesante ruido mediático de otros cocineros estrellados o no. La elegancia se muestra en la amplitud de los espacios, en una contención en los materiales y en un diseño al margen de las modas. Pero quizás lo que más llama la atención de este lugar es que se trata de una suerte de palimpsesto (*). Aquí estaba antes la afamada discoteca Ku, que nació en Igeldo y luego en Ibiza se hizo universal, sinónimo de fiesta y baile, de la noche disco, antes del Pachá. Las trazas de esta discoteca se mantienen presentes en la distribución inteligente del estudio vascomadrileño Mecanismo. Por poner un ejemplo, la pista octogonal donde los bailarines evolucionaban con el funky o el techno, es ahora la piscina del spa, guardando su traza... ¡Si los octógonos hablasen!".
 
(*) Un palimpsesto es un manuscrito que conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe.
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