Iñaki Artola (Alegia, 1994) busca el título del Manomanista, organizado por Aspe y Baiko Pilota, en la final de este domingo ante Darío Gómez en el Navarra Arena. El guipuzcoano aspira a reinar en la modalidad más importante del curso.
Una temporada complicada
No ha sido una temporada fácil para usted. Después de llegar a las finales del Parejas y el Manomanista de 2025, sus resultados en la temporada oficial no han sido óptimos. En el Cuatro y Medio se quedó fuera en la primera eliminatoria ante Bakaikoa y en el Parejas, junto a Imaz, no logró llegar al ‘play-off’, teniendo en cuenta también el problema del dedo.
—Antes me preguntaba sobre las sensaciones de la final y sobre qué supone para mí, y he de reconocer que, en este sentido, también se trata de mejorar la temporada. El haber estado tan cerca de la txapela genera unas expectativas propias distintas y tal vez las subes un poco y te exiges más. En cambio, en el Cuatro y Medio me fui a la calle a las primeras de cambio y en el Parejas sufrí lo del dedo y acabé sin jugar. El año estaba siendo malo. En el Manomanista había un punto de presión o de miedo. Si me eliminaban, el año podía ser calificado como de malo o, al menos, que no había salido como yo esperaba. Al lograr la clasificación para la final, mi año cambia de color.
¿A qué se refiere?
—Espero que coja todavía uno mejor si logro un título que no he conseguido nunca. Esto me está mostrando que el trabajo diario es lo que más vale, porque uno nunca sabe cuándo le llega una oportunidad. Eso es una verdad como un templo. Fíjese, tres de los cuatro pelotaris que jugaron la final del Parejas disputaron el Manomanista y estaban a tope y no lograron el objetivo del Navarra Arena; mientras que yo, estando parado, estoy en la pelea por la txapela. Nunca sabes cuándo va a pasar el tren.
Soñar con la txapela
¿Ha soñado con la txapela del Manomanista?
—Pienso en esto en dos planos. El primero es el trabajo diario y que los objetivos tienen que ser reales y de un tiempo máximo de semana en semana. No hay otra forma de trabajar. Lo ideal es mejorar poco a poco, de una semana a otra; porque pensar más allá es en balde. Por debajo de todo eso, además, hay un objetivo general que siempre está ahí y que es un motor que te ayuda a seguir trabajando. En mi caso, ese objetivo es ganar txapelas. Lo estoy viviendo cada vez más cerca. Antes lo veía como un sueño lejano, pero ahora se ha convertido en un objetivo real. La derrota dolorosa de la final del año pasado tuvo un aspecto positivo: que me quedaba una espina por quitar y la rabia de seguir peleando por conseguir esa txapela. Hay veces en que se corre el peligro de conquistar un título y de que eso implique cierta relajación, pero he visto que en mi caso se ha convertido en algo por lo que trabajar más. Lo tomé así desde el primer día. Pensé: “Si no lo he conseguido, será por algo, porque no lo merezco todavía. Habrá que intentarlo y trabajar duro para merecerlo aún más”.
Rendimiento en momentos clave
Por último, si alguien tenía dudas de su rendimiento bajo presión, contra Zabala y en la salida en tromba contra Laso –comenzó 16-2–, dio buena muestra de su respuesta ante las adversidades. Hay un Artola en permanente crecimiento.
—Ha habido puntos de inflexión en mi carrera, pero no ha habido un campeonato o un partido que cambiara mi forma de ver las cosas. Mi camino se ha hecho a base de crecer poco a poco, tanto en la parte física y técnica, como en la mental. He ido evolucionando y me queda todavía mucho que aprender. Con seguridad, si las situaciones difíciles de este campeonato se hubieran dado hace cinco años, habría reaccionado de un modo diferente. Estoy satisfecho por esa mejoría.