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Darío, finalista del Manomanista

El delantero riojano se clasifica para la final del Manomanista después de tumbar a Iker Larrazabal en el frontón Adarraga de Logroño y buscará la txapela ante Iñaki Artola

En imágenes: Darío Gómez se clasifica para la final del Manomanista después de tumbar a Iker Larrazabal en el frontón Adarraga de Logroño y buscará la txapela ante Iñaki ArtolaRaquel Manzanares

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Brazos al aire. Darío Gómez toca este domingo el firmamento con la yema de los dedos. Como si el material con el que se edifican los sueños se hubiera hecho carne, como si las promesas que una vez le susurraron, las loas que se vertieron, las palabras de aliento, se hubieran convertido en realidad. Como si todos aquellos momentos de duda, de masticar arena, de dolor de manos, de sentir que el tren pasaba sin parada en Ezcaray, se hubieran quedado en el pasado, no olvidados, eso nunca, sino aparcados, como enseñanzas que construyen a un deportista, a un pelotari, a un ser humano, que jamás pierde la sonrisa y mucho menos alude a las excusas para explicar las decepciones. 

Brazos al aire, saboreando las nubes, los rayos del sol y la vida de un héroe en volandas ante los suyos, en el Javier Adarraga, allá donde debutó en 2015 como un chaval que tenía que curtirse pero que poseía aura para el Manomanista, quinto de Altuna III e Irribarria, pero que tuvo que sufrir sinsabores. Héroe es, sin duda, de la clase obrera, porque su sustento se ha construido en Serie B, en teloneros, en terceros partidos, cerrado el horizonte en las combinaciones de primera, forzado a ser competitivo en las lizas individuales como única salida al laberinto. Cantaba John Lennon a personas como él. Entretanto, Darío esculpe la historia con una victoria que se siente transversal. Redivivo. Mentón alzado, pelaire. Mientras tanto, alza los brazos para saborear la clasificación para su primera final del Manomanista, organizado por Aspe y Baiko Pilota

Final contra Artola

La jugará contra Iñaki Artola el 31 de mayo en el frontón Navarra Arena de Iruñea. Su rival es otro que tal baila. No un outsider, pero sí un tipo que tuvo que caer y reconstruirse varias veces, debatiendo en la cancha incluso ante las decisiones empresariales. Habrá nuevo campeón. 

Darío cinceló a Iker Larrazabal en un partido más duro que brillante. Se cruzaron 263 pelotazos a buena en 49 minutos para un 22-8. Buena tralla. El clasicismo del riojano fue suficiente para talar a un contrincante que pagó el peaje físico. El riojano metió ritmo, dio candela con ambas manos –brilló de forma especial su dominio con la zurda de costado– y exploró con las dejadas y el dos paredes. 

El físico de Darío

El pelaire asomó, como siempre, dotadísimo en la parcela física. Basa buena parte de su juego en las piernas y tiene el porte de un caballo árabe. Exuberante a todas luces. Superó a Larrazabal en ese aspecto en un inicio en el que el alavés, de hecho, tuvo la manija del juego –que no del marcador–, pero terminó por desfondarse pronto. Y llegaron los problemas: regalos, comidas de cabeza, malos augurios, cartones colorados y un abismo entre ambos que no tuvo sutura alguna. 

Darío Gómez se clasifica para la final del Manomanista después de tumbar a Iker Larrazabal en el frontón Adarraga de Logroño y buscará la txapela ante Iñaki Artola

El primer tanto describió el desenlace. Larrazabal dominó, mandó con su potencia, hasta que regaló un pelotazo a la derecha de Darío, que cruzó con elegancia por la pared. El alavés se esforzó tanto en buscar la zurda de su rival que se olvidó de sí mismo. Y la semifinal se escapó como arena entre los dedos. 11-2. No tanto por un rodillo descarado del riojano, sino por el cúmulo de circunstancias. El Manomanistaes así. Convergieron el crecimiento colorado y la desesperación azul. Sol y nubarrones. Tormenta perfecta. Destacó sobremanera el sotamano con la zurda de Darío que puso el 6-2. Dos saque-remates abrieron aún más la herida. 

Dominio

Al pelaire le funcionó también la volea defensiva, más todavía frente a un rival con poder. No se achantó el riojano cuando pintaban bastos para exponer sus argumentos de aire en ese aspecto. 

Iker Larrazabal supera a Jon Ander Peña en el partido del Manomanista disputado en el Labrit de Iruñea.

Con el 15-3, Larrazabal cerró un tanto de 22 pelotazos con una dejada al txoko. Tomó oxígeno y sumó tres tantos consecutivos con el primer disparo. Darío se dio un mal golpe en la zurda, pero no le pasó factura. En el 15-7, reinstauró la lógica con una descolgada en el rincón con efecto.

A perro flaco todo se le volvieron pulgas desde entonces. El 21-8 fue el primer fallo de Darío en todo el partido, un sotamano que acabó en el colchón. El cierre llegó con un error de Larrazabal.