Pello Gutiérrez encarna una rara combinación. Más exótica aún teniendo en cuenta que su disciplina deportiva carga con prejuicios que lo tachan de brutal. Pello es simultáneamente campeón de Euskadi en boxeo amateur y becario doctoral del Gobierno Vasco. Investiga los efectos positivos del pugilato en las manifestaciones de agresividad y la identidad personal en la facultad de psicología de la Universidad de Deusto.

“Más allá de ser una de mis grandes pasiones, considero que el boxeo, con sus características tan particulares, es un escenario privilegiado para la exploración psicológica”, insiste. El doctorando Pirata iba para futbolista, un media punta con picante. “Entré en los primeros equipos de Athletic, en alevines, y compartí vestuario con jugadores que posteriormente llegaron a profesionalizarse, como Paredes”, evoca. Tras pasar por el Amorebieta, donde vivió el ascenso a categoría juvenil Nacional, y el Arratia, experimentó una metamorfosis hacia el ring hace apenas cuatro años. Y ahora estudia científicamente aquello que muchas boxeadores conocen intuitivamente: subirse al cuadrilátero cambia profundamente quién eres. Probablemente mucho más que el fútbol.

Estudió en el Karmelo de Zornotza durante sus primeros años y posteriormente en Lauaxeta antes de matricularse en Deusto. Durante su formación académica, tras completar la carrera de Psicología y un doble máster en Psicología Sanitaria e Intervención Social, se incorporó a un equipo de investigación en la Universidad de Deusto. “Con el paso del tiempo y los cursos empecé a entender un poco más y empezar a profundizar en la psicología y en la comprensión de lo humano en general. Empecé a entusiasmarme. Y empecé a disfrutar del estudio y del aprendizaje”, describe.

Paralelamente a sus estudios de Psicología, Gutiérrez comenzó a sentir una fascinación creciente por el boxeo. Dice el investigador que ha sido “muy fan de Kerman Lejarraga. Iba a ver a Kerman, pero nunca había dado el paso de empezar a entrenar. Pero tenía un amigo que empezó con el kickboxing y un poco el boxeo. Y, de vez en cuando, quedábamos y hacíamos manoplas, guanteos y tal”.

Cierto verano, con la excusa de la pretemporada de fútbol, acudió al gimnasio Zornotza Royal Boxing TM de Cristian Galindo en Amorebieta-Etxano. “Le pregunté si podía probar un mes para ponerme en forma. Y, según empecé, me entró por los ojos y me volví loco”, comenta Pello. “Hacía sparring con los competidores, con los grandes, con los pequeños, con todo el mundo. Al de cuatro o cinco meses debuté. Y eso que yo seguía jugando fútbol”, resume. “Hice mis primeros diez o doce combates jugando a fútbol, hasta que me di cuenta que no se podía compaginar: mi sueño había cambiado de bando y quería ser boxeador”.

Del campo de fútbol al ring

Tenía 21 años. Colgó las botas y se anudó los guantes. Hoy acumula treinta y seis combates y ostenta los títulos de campeón de Bizkaia en peso ligero y superligero, además de tres cinturones de campeón de Euskadi en categoría neoprofesional. También es instructor de boxeo en el Zornotza Royal Boxing.

Su primer proyecto como investigador abordó el impacto de hormonas como la testosterona y el cortisol en la agresividad. Sin embargo, fue su trabajo fin de grado sobre boxeo y violencia de género en mujeres víctimas el que le permitió identificar un vacío científico crucial: nadie estaba estudiando profundamente los mecanismos psicológicos a través de los cuales el boxeo reducía la agresividad. Después, su trabajo fin de máster confirmó la hipótesis: el boxeo actúa como transformador del rasgo agresivo a través de canales específicos. Aumenta la autorregulación emocional y la autoestima. El Pirata nunca tiene suficiente en el ring. Y el psicólogo Gutiérrrez Freije tampoco ante su ordenador. Intuyó que, tras esos mecanismos residía, algo más profundo: una conexión corporal-mental que la ciencia tradicional apenas ha explorado.

“Comprobé que el boxeo reduce la agresividad porque existen unos mecanismos psicológicos implicados: el boxeo aumenta tanto la autorregulación emocional, como el autocontrol y la autoestima también. Por eso la experiencia del boxeo reduce la agresividad. Me pareció superinteresante. Y me hizo pensar que esa herramienta, el boxeo, no estaba siendo valorado en la literatura científica como debiera”, desgrana. Era su oportunidad de plantear algo grande como una tesis doctoral, se la planteó al Gobierno vasco y consiguió una beca que le permite dedicarse a la investigación a tiempo completo.

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A ese proyecto, y a los entrenamientos, dedica toda su energía. Tras haber diseñado un cuestionario, Pello recorre los gimnasios de Euskadi, y más allá, a la búsqueda de datos cuyos resultados confirmen o rebatan su hipótesis.

El próximo fin de semana se subirá al ring en Barcelona ante un complicado oponente. El Pirata levantará un brazo y se tapará el otro con la mano vendada.