Van quince y se oyen pitos
"Es un sinsentido insistir en otorgar la titularidad a jugadores que son una sombra de sí mismos"
Silbidos, abucheos y reproches a coro, alguno oído en otros campos y que en San Mamés no tiene razón de ser, amenizaron la jornada con la peor asistencia de la temporada en el inicio y también en el final, pues miles de almas afligidas desaparecieron de sus localidades sin esperar al último pitido. Estos detalles ambientales encajarían con el nivel del juego ofrecido por un Athletic que rivaliza con Oviedo y Levante en el apartado de derrotas en el campeonato de liga. Con la sufrida muy merecidamente ante el Villarreal, lleva quince, solo una menos que la pareja de colistas.
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Cada cual se habrá hecho su propia composición de lugar sobre lo que está pasando, pero se ha de decir ya, sin esperar más, que lo realmente importante en esta situación no son las palabras, sino los hechos. Y conste que, más que por culpa de los hechos, el origen de los males que acosan al equipo radica en la ausencia de hechos. La omisión, como pauta de funcionamiento, es lo que ha devaluado la identidad del equipo. La causa del dilatado apagón de luces, tónica que abarca meses y meses, se halla en la falta de previsión, luego de reacción y también de valentía para evitar que el equipo cayese y fuese rodando sin freno para llegar a donde hoy se encuentra, acuciado por un temor lógico ante lo que vaya a ocurrir en las próximas cinco semanas.
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Injustificable
Importan menos las palabras, pero tampoco se pueden pasar por alto en este preciso instante porque los hechos permanecen inalterables. Con ver la alineación titular del domingo es suficiente, queda certificada la existencia de un empecinamiento por parte del entrenador que no hay forma de justificar. El asunto viene de lejos. Es un sinsentido insistir en otorgar la titularidad a jugadores que son una sombra de sí mismos y apenas pueden aportar algo positivo al grupo. Claro que, pese a la deriva, si esta política se ha mantenido todo el curso, es hasta comprensible que siga vigente. Porque a estas alturas del calendario, con el esprint final del campeonato lanzado parecería una locura adoptar de repente decisiones distintas, medidas que hubiesen requerido de un plazo de prueba y que, de haber cuajado, ahora podrían aplicarse con naturalidad. Es tarde para experimentos, y mientras el nivel del agua no deja de subir.
Por no perder este hilo, alguien del club debería aconsejar al capitán para que cambie de registro cuando da entrevistas. No es solo el vocabulario, elemental y reiterativo, sino el contenido. Admitir públicamente que uno no está fino en el campo será un gesto muy noble por su parte, pero sucede que lo ha hecho mal prácticamente todas las veces en que se ha vestido de corto desde el verano. De acuerdo en que el once no lo diseña él, pero esta realidad acaso reclamaría una conversación con el entrenador y no un simple mea culpa en abril. Por el equipo y por él mismo. Que conste que no es el único al que es posible señalar, alguno de los que tiene muy cerca también se están luciendo, pero si uno porta el brazalete le toca apechugar más que a otros.
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Valverde, diana de críticas
Más palabras… de Valverde, diana de innumerables críticas, varias bien agrias. No falta a la verdad cuando expone que a nadie agrada perder, pero sí lo hace cuando asegura que “en el fútbol siempre pasa lo mismo”. A ver, en ocasiones se exterioriza la queja o el enojo porque las derrotas, por número y tipología, se convierten en un lastre difícil de asumir. Valverde es consciente de su papel en este proceso: solo él, al calor del infinito crédito de los dirigentes, posee la potestad para enderezar el rumbo y no lo ha logrado. Desde agosto es mucho tiempo sin reactivar a la tropa, quizá la clave sea que tampoco él ha podido activarse.
Sostuvo además que, aunque se crea singular, el público de San Mamés “en el fondo” es como los de los demás campos porque este invento gira en torno al resultado y si es negativo… Normal que esta apreciación haya disgustado, si bien cabría matizar: hoy la afición de San Mamés es menos distinta que antes en la comparativa con el resto de los públicos. Aquí, perdiendo y pasándolas canutas, el equipo ha estado más arropado que nunca; por ejemplo, durante el llamado “bienio negro”.
Un episodio que, por edad, desconocen muchos de los que hoy van al campo, a los que se dispensa un trato singular porque se lleva, es moda este invento de potenciar gradas de animación. Un modo de restar espontaneidad al clima de los estadios, de fabricar corrientes de opinión, maneras de expresarse, vendiendo sin parar mensaje institucional directamente o a través de las redes. Todo ello dirigido a la gente que menos fútbol ha presenciado, esa que se atreve a reclamar “huevos” a los futbolistas del Athletic. Modernidades descontroladas. Y luego venga reivindicar que “somos únicos”.
