Cálculos en Vallecas
"Constituye un ejercicio muy poco recomendable pasar de puntillas por realidades como que, aparte de los marcadores, lo único rescatable en lo futbolístico de esos 270 largos minutos son los 45 primeros ante el Elche"
De todos los equipos con que se va a cruzar el Athletic en el tramo final de la liga, ninguno está peor colocado que el Rayo: decimoquinto y con un exiguo margen de dos puntos sobre el descenso. Bueno, el Valencia está igual, pero lo cierto es que por cuarta jornada consecutiva los chicos de Ernesto Valverde van a medir fuerzas con un fidedigno representante de los participantes más retrasados de la categoría. Recordar que antes de visitar mañana al único club madrileño que goza de simpatías en Bilbao, el Athletic ha jugado sucesivamente contra Levante, Oviedo y Elche, tres de los cuatro últimos en la clasificación.
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No es preciso recordar que el balance de este amable tramo del calendario ha sido determinante para interrumpir una frustrante dinámica de resultados y ubicarse en una posición que, por desahogada, incluso ha permitido reactivar anhelos continentales que permanecían arrinconados, apartados en un segundo o tercer plano. Gracias al pleno de triunfos a costa de los tres rivales citados, hoy la vida se mira con otros ojos, se ha pasado la página de las estrecheces, el futuro vuelve a ser sugerente. Hasta se obvia que esta serie de éxitos se gestó de aquella manera, por decirlo suavemente. Y conviene señalar que constituye un ejercicio muy poco recomendable pasar de puntillas por realidades como que, aparte de los marcadores, lo único rescatable en lo futbolístico de esos 270 largos minutos son los 45 primeros ante el Elche.
A ver, suele ocurrir que el hecho de encadenar resultados favorables (algo nunca sencillo, menos aún si son tres) surte un efecto beneficioso en el comportamiento de un grupo que lleva un tiempo considerable queriendo despegar. Pero se trata de una posibilidad por confirmar y el compromiso inminente, pese a lo que digan los números, no debería asociarse a los anteriores. La modestia del Rayo en aspectos materiales, infraestructuras o inversión en futbolistas, no quita para que como conjunto ofrezca argumentos de enjundia.
Iñigo Pérez, un futurible desde la mesura
A diferencia de Oviedo, Levante o Elche, los de Vallecas acumulan años en la élite exhibiendo un estilo inconfundible, con un técnico valiente (ayer Iraola, hoy Iñigo Pérez) y un vestuario que va a muerte con una idea que cuando cuaja resulta muy atractiva. Es posible que el lastre que penaliza al Rayo esté conectado a la aventura de la Conference, esos ocho encuentros extra que no está habituado a digerir y cuya factura se abona en liga. O sea, una experiencia similar a la vivida por el Athletic, solo que en una escala inferior.
No es casualidad que el Rayo, a finales de octubre en mitad de la tabla al lado del Athletic, perdiese fuelle y coincidiendo con el parón navideño estuviese apurado. Tampoco las cuatro rondas coperas le ayudaron. Centrado de una vez en la liga y tras sufrir en el Bernabéu el clásico atraco, goleó al Atlético y rascó un empate en el Villamarín. Y extrañaría que delante de su gente no plantee problemas.
Si el Athletic sale con dudas, se expone a sufrir un frenazo. Para aspirar a los puntos no alcanzará con una respuesta tibia, exenta de mordiente y justita de equilibrio, en la creencia de que los chicos de Pérez irán diluyéndose por déficit de recursos y convicción, para así acabar facilitando la tarea.
Semifinal de Copa
Luego está el tema de la Copa, que el miércoles queda a la vuelta de la esquina. Quien más quien menos especula en torno al reparto de minutos que mañana realizará Valverde. La cita de Anoeta impone, la clave radica en valorar si tanto como para descuidar el pleito de Vallecas. En la hipótesis de que esta clase de precauciones se estimen como algo necesario, claro, que puede ser que no. Ya se verá.
