Hace tiempo que había información suficiente para darse cuenta de que el Athletic se iba a meter o estaba metido ya en un problema serio. Son muchas semanas de malos resultados y peores sensaciones, de fútbol pobre y nula fiabilidad, con los jugadores vaciándose sobre la hierba. Todo esto era notorio, así como la incapacidad para revertir una tendencia inquietante mientras se actuaba como si nada ocurriese porque entre semana tocaba Champions y si era en San Mamés, pues mejor. Un evento para maquillar la fealdad.

Hace meses ya era posible detectar y analizar los factores que estaban afectando al rendimiento del equipo. Un calendario muy recargado, especialmente exigente por el nivel intrínseco de un torneo como la Champions; el desgaste (físico y mental) de dos campañas acumulado por una plantilla no habituada a picar tan alto en liga, ni a intercalar tanto partido entre semana; ausencias por lesiones, alguna originada antes del verano, otras que conllevan recaídas o son imprevisibles y de larga duración o de pocos meses; la contratación de refuerzos que no elevan el potencial del grupo ni compensan las salidas registradas; plantilla mal diseñada en varios puestos.

No puede aducirse que lo que hoy vive el Athletic haya pillado por sorpresa al personal. En realidad, existían razones para encarar la temporada con prevención y modestia; motivos de enjundia para no pensar en reverdecer laureles por tercer año consecutivo, mentar de nuevo Europa y sus millones o aludir al título de Copa en clave optimista. Y no debería ser necesario señalar que, por supuesto, quienes tenían que prever y ser más prudentes eran los dirigentes del club.

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Jon Uriarte y Mikel González hacen balance de la mitad de la temporada Pankra Nieto

Casualmente las personas que ayer transmitieron el balance de la primera mitad del ejercicio: el presidente y el director deportivo. Ambos insistieron en enumerar como causantes de la crisis las mismas circunstancias mencionadas más arriba. Bueno, tampoco todas, pues ello equivaldría a delatarse. Así todo, su diagnóstico fue coincidente con el de cualquiera que siga de cerca la marcha del equipo.

Casi podría decirse que emularon el papel de un periodista dedicado a analizar la actualidad del Athletic: evaluaron datos y circunstancias con el mismo talante que se redacta un artículo, una columna, o se da una charla. Olvidaron algo básico: ellos no pueden limitarse a transmitir sus valoraciones (“describir el contexto”, en sus palabras) siendo los que rigen el destino del equipo.

¿De quién son las decisiones y los criterios que marcan la trayectoria del equipo (aquí se ha de incluir la figura del entrenador)? Pues, en ningún momento entonaron el mea culpa. Ni Uriarte ni González apechugaron con la responsabilidad de la deriva del Athletic, cuando obviamente se abre un abismo entre sus cálculos de inicio de campaña y el penoso estado en que se halla la tropa de Valverde.

Eso sí, están abrumados, o Uriarte no hubiese activado la alarma con lo de “hay que sacar 17 puntos cuanto antes”; pero que conste que ellos no se han equivocado en nada: lo que se ha torcido, se ha torcido solo. No supieron anticiparse a los acontecimientos y tampoco tomar medidas a tiempo, pero nos regalan la fórmula que hará posible la reacción: “unidad, apoyo y confianza”.

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Lo que contaron sobre Nico Williams y su pubis sintetiza un estilo de gestión. De entrada y sin venir a cuento, González desveló que NW le dijo personalmente que antepone su compromiso con el club a acudir al Mundial: excusatio non petita… Más: NW ha enlazado cuatro tratamientos y ninguno funciona, pero descartan operar pues puede perder velocidad; ahora barajan un quinto tratamiento: parar un tiempo. Añadió que todo el proceso está consensuado por NW y los médicos, bajo la premisa de “priorizar la disponibilidad”. O sea, es alineado porque es una estrella mundial, pese a que apenas aporte y esté perjudicando al grupo y a sí mismo.

Todo muy instructivo y maravilloso. Bonita charla.