Los aledaños de la Iglesia de San Nicolás en Bilbao lucían una imagen poco habitual en un martes laborable. Lejos del ir y venir de gente hacia sus puestos de trabajo, los protagonistas en una mañana soleada pero fresca han sido las rosquillas, los caramelos de malvavisco y como no, los famosos cordones de San Blas.
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