Los aledaños de la Iglesia de San Nicolás en Bilbao lucían una imagen poco habitual en un martes laborable. Lejos del ir y venir de gente hacia sus puestos de trabajo, los protagonistas en una mañana soleada pero fresca han sido las rosquillas, los caramelos de malvavisco y como no, los famosos cordones de San Blas. En los puestos que rodeaban al templo las colas ya eran largas y faltaban manos para atender a todas aquellas personas que un año más se han querido aferrar a la tradición para evitar los males de garganta en este invierno tan frío.
David Tejedor, de Roskogintza Rosquillas Amorebieta, no paraba de colocar sobre el mostrador las tradicionales tortas de San Blas mientras atendía a la gente que se agolpaba frente al puesto. "Hemos llegado sobre las 05.00 de la mañana y para las 06.30 ya ha empezado a haber gente que llegaba en los primeros metros. Desde las 07.30 ya ha sido un no parar, porque mucha gente se ha pasado a por su cordón antes de entrar a trabajar. Vienen, compran y marchan sin esperar si quiera a bendecir los cordones", contaba este vendedor sin descuidar la faena.
Tejedor explica que los cordones son sin duda lo que más se vende, pero las rosquillas bañadas también triunfan. "Aquí en Bilbao entre semana siempre nos va mejor que los fines de semana. Es una zona de paso y solo por la gente que va y viene, es mucho mejor que un sábado o un domingo", añade. Este comerciante de Amorebieta explica que estarán hasta las 21.00 de la noche, pero asegura que otros años se les ha alargado mucho más. "Ha habido años que hemos estado casi hasta las 00.00 de la noche aquí. Hemos tenido que poner las luces y todo", añade.
En busca de una doble bendición
Más allá de las compras habituales, el objetivo del día de San Blas es hacerse con el cordón y entrar a la iglesia para bendecirlo. Aunque en todos los puestos de la zona de San Nicolás anuncian que los cordones están ya bendecidos, había quien no terminaba de fiarse. "Dicen que ya están bendecidos pero, si los bendicen dos veces, mejor", aseguraba Sabin, de Galdakao, mientras esperaba a que su mujer hiciese las compras pertinentes.
No era el único, ya que entre algunos de los presentes había dudas. "Entra dentro que no están bendecidos", le decía una mujer a otra que dudaba si el que acababa de comprar lo estaba mientras su marido aseguraba, "que sí mujer, que sí están bendecidos". Ante la duda, hordas de gente taponaban la entrada a la iglesia esperando su turno con la duda de si conseguirían acceder al interior del templo. "Uf, que de gente, va a ser imposible", aseguraban alguno de los presentes.
Más que salud
Según la tradición, los cordones de San Blas ayudan a evitar los males de garganta, pero en la mañana de este martes había quienes le pedían algo más. "A San Blas le vamos a pedir salud y pesetas", aseguraba Sabin, de Galdakao. Tere Arrieta por su parte, se mostraba más comedida, aunque sin perder el sentido del humor. "Al santo le pedimos salud, que dinero tenemos de sobra", contaba entre risas.
Una vez hechas las tradicionales compras y con el cordón bendecido, este se debe colocar al cuello y mantenerlo durante nueve días para proteger la garganta de dolores y enfermedades. Después, el 12 de febrero, se debe retirar y quemar para que, según manda la tradición, cumpla su función.