EL trumpismo es una versión dos punto cero del manual de la propaganda de Joseph Goebbels. El principio es el mismo: una mentira diez veces repetida parece verdad a los incautos. Hoy la potencia digital que difunde las más aparatosas mamarrachadas convierte en devastación atómica la “lluvia fina” que sembraba los infundios analógicos.

El provecto líder-guía del viaje que trata de conducir a los admiradores vascos de Maduro, la saga de los Castro y los Ortega y hasta Kim Jong-Un al gobierno del confortable País de los Fueros se apunta también al festejo nuclear. El pasado sábado descalificaba la reforma fiscal que han acordado jeltzales y socialistas porque uno de los socios rechaza el gravamen sobre las ventas de las compañías energéticas. El “amado líder” predicaba que tal “impuesto” es de izquierdas y abertzale, cuando el recargo es más fácil de cobrar a los consumidores que a las compañías y no se puede concertar. Se abría así el turno para lanzar más eslóganes que propuestas sobre una reforma fiscal que apoyarán solo donde parezcan decisivos.

Afortunadamente, han pasado los tiempos en los que muchos de los políticos de este “movimiento” apoyaron figuras “tributarias” que llamaban “revolucionarias” cuando eran criminalmente impositivas, nada progresivas y muy corporativas vistos los beneficiarios de la recaudación. Para abonar una más que conveniente amnesia, ahora visitan empresas y hasta citan a Mario Draghi para disfrazar una verborrea vacua de manual sobre política industrial. Significativo retrato de su conflictiva relación con la realidad y la memoria. Una digestión que excreta propaganda. En eso sí que su renegrida partitura se abona al clásico… Und so weiter.