Cada vez que observo que un alimento es publicitado basándose en estudios o informes elaborados por una asociación, instituto, etc., lo siento, desconfío. Muchos de estos recomendadores tienen un nombre pomposo con ecos a entidad oficial pero cuando rascas un poquito, compruebas que son vulgares asociaciones o entidades que se venden al mejor postor y prestan su nombre para su posterior uso en el etiquetado o publicidad.
Como bien saben mis lectores-sufridores, la cadena alimentaria, mejor dicho, el mal funcionamiento de la cadena alimentaria es una de mis obsesiones puesto que en un momento como el actual donde la compra de alimentos se hace, mayoritariamente, en la distribución organizada y donde el número de eslabones existentes entre el productor agrario y el consumidor final es cada vez más numeroso, es por ello que, es más necesario que nunca, que se trabaje en pro de un mejor y más equilibrado funcionamiento del conjunto de la cadena.
Por ello es más necesario que nunca que el sector productor y el consumidor, así como el resto de eslabones intermedios, conozcamos los costes de producción-manipulación-comercialización del total de la cadena alimentaria para, uno, mostrar a la sociedad todos los trabajos que se realizan desde que el producto sale del campo hasta que el consumidor lo ve en la tienda bien conservado, presentado, troceado, pesado, etiquetado y comercializado, dos, para, eslabón a eslabón, comprobar cómo se va generando valor añadido en torno al producto inicial, y tercero, seguir el rastro de dónde se queda el valor y cuál es el margen de beneficio de cada uno de los eslabones existentes hasta que, finalmente, el consumidor abona el PVP, precio de venta al público.
En Euskadi, llevamos unos cuantos años trabajando al respecto y vamos, poco a poco, perfeccionando el mecanismo, el observatorio Behatoki del Gobierno Vasco, que emite unos informes de costes de producción de diferentes productos y donde, por ahora, sólo se contemplan los costes de producción agraria y donde, más pronto que tarde, deberán incorporarse los informes de costes de los restantes eslabones. Tanto es así, que en carne de vacuno, ya se cuenta con el visto bueno de la principal cooperativa, Harakai-Urkaiko, y de la principal cadena de distribución, Eroski. Veremos en que queda.
Mientras, en el Estado, vemos que se van publicando una serie de estudios e informes, muy pero que muy parciales, muy locales, con una aceptación muy limitada, o ninguna, por parte de los eslabones compradores, principalmente, las cadenas de distribución y en esta tesitura, es más que patente la ausencia de la referencia oficial del observatorio de precios de los alimentos del Ministerio de Agricultura, con el ministro plano al frente, pues basta con recurrir al mismo para comprobar que los informes elaborados por dicha entidad son de los años 2018-2020. ¡Casi nada!.
Ante la inacción del Ministerio, diversas organizaciones agrarias publican unos informes que comparan los precios percibidos por el productor y el precio final abonado por el consumidor que, en la inmensa mayoría de los productos, muestran como resultado un alza de un 200-300% entre ambos puntos, origen-consumo. Estos informes suscitan el interés de los medios de comunicación que, con un mensaje simple pero efectista, hacen saltar las alarmas de la población y todo ello, genera una presión sobre la clase política, salvo para el Ministro, y también para las cadenas de distribución que aparecen retratadas como los malos de la película.
Pues bien, esta semana, hemos tenido conocimiento de un “Estudio análisis de la cadena de valor agroalimentaria. Metodología para la comparación precisa de precios origen-destino” redactado por Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla donde, por lo leído, construye un relato que se empeña, reiteradamente, en rechazar los informes de las organizaciones por ser simplistas, populistas y engañosos, se niega la existencia de márgenes abusivos en la distribución y donde se subraya, reiteradamente también, que un buen estudio debiera tener en cuenta cuatro niveles, el nivel origen de la producción primaria, el nivel de transformación, el nivel de mayorista y el nivel consumidor de la venta al detalle.
Quisiera, por otra parte, mostrar mi rabia al comprobar el ejemplo de la cadena de valor de la leche donde según este estudio, por cierto, auspiciado y difundido a los cuatro vientos por la patronal de la distribución, ASEDAS, mientras el ganadero tiene un margen neto del 25,6%, la industria tiene un margen negativo del 7,6%, la distribución-logística y cadena de frío y el comercio finalista, trabajan con un margen de 0%, ósea, trabajan sin margen. Imagino la cara que se les quedará a los ganaderos al leer esta información. Por ello, sin querer menospreciar el rigor de dicho informe, permítanme, trasladarles mi escepticismo ante semejante relato.
Ahora bien, y termino, lo que ni este estudio ni ningún otro dice es que el problema radica en que el precio se construye de arriba a abajo, de la tienda al campo y no, al revés. Si fuese al revés, tal y como sugiere la Ley de Cadena Alimentaria, no tengan la menor duda que el resultado sería radicalmente diferente.