El rey Carlos III ha presentado este miércoles ante la Cámara de los Lores las prioridades legislativas del Gobierno de Keir Starmer para el próximo ejercicio parlamentario, en un acto cargado de pompa y tradición que se desarrolló en un contexto inusualmente turbulento: el primer ministro británico afronta la mayor crisis de su mandato, acosado por las peticiones de dimisión de más de 90 diputados laboristas tras el varapalo electoral de la semana pasada.
El llamado Discurso del Rey, leído por el monarca pero preparado por el Ejecutivo, arrancó con una advertencia sobre el contexto internacional. "Reino Unido vive en un mundo cada vez más peligroso e inestable", señaló Carlos III, refiriéndose especialmente al conflicto en Oriente Medio, donde, según el texto, "todos los aspectos de la seguridad energética, de defensa y económica del país se verán puestos a prueba". El monarca afirmó que su Gobierno "responderá a este mundo con firmeza" y que tomará "decisiones que protejan la energía, la defensa y la seguridad económica de Reino Unido a largo plazo".
Más de 35 proyectos de ley
El paquete legislativo presentado incluye más de 35 proyectos de ley, entre los que figuran la posible nacionalización de British Steel, la creación de un fondo soberano de inversión en infraestructuras, la introducción de un carné de identidad digital y medidas para acelerar la expansión de la energía nuclear. En política exterior, el Gobierno impulsará un acercamiento a la UE, con un nuevo marco para alinear ciertas normas con el mercado único europeo —como los estándares alimentarios— y el compromiso de "mejorar las relaciones con los socios europeos como un paso vital para fortalecer la seguridad europea". También se anunciaron "medidas urgentes para combatir el antisemitismo" y el respaldo a "la solución de dos Estados en Israel y Palestina".
La ceremonia se celebró con el protocolo centenario que la rodea. Carlos III llegó en procesión oficial desde el palacio de Buckingham, escoltado por unidades militares y caballería, vistiendo la Túnica de Estado y la Corona Imperial. Previamente, los Yeoman of the Guard —el cuerpo de guardia del monarca— registraron simbólicamente los sótanos de Westminster, en recuerdo de la Conspiración de la Pólvora de 1605. El alto funcionario Black Rod fue enviado a la Cámara de los Comunes para convocar a los diputados, encontrando la puerta cerrada, como es tradición en señal de la independencia del Parlamento frente a la Corona.
Rebelión interna
Sin embargo, la solemnidad del acto contrastó con la agitación política que lo rodeaba. Apenas horas antes, al menos cuatro secretarios de Estado —incluidas dos encargadas de políticas contra la violencia hacia mujeres y niñas— habían presentado su dimisión en protesta por la decisión de Starmer de mantenerse en el cargo. Más de 90 diputados laboristas se han sumado a los llamamientos para que el primer ministro abandone Downing Street, aunque no han podido activar un desafío formal por la ausencia de un candidato de consenso. En paralelo, alrededor de un centenar de parlamentarios expresó su apoyo a Starmer en un intento de estabilizar la situación interna, y once sindicatos vinculados al laborismo pidieron que se establezca un calendario para la búsqueda de un sucesor.
En este escenario, cobró especial relevancia la reunión que el propio Starmer mantuvo este miércoles con el ministro de Sanidad, Wes Streeting, durante apenas 19 minutos en la residencia oficial del número 10 de Downing Street. Streeting, diputado por Ilford North desde 2015 y nombrado titular de Sanidad tras la victoria laborista de julio de 2024, es señalado por los medios británicos como el principal aspirante a disputar el liderazgo del partido. Según el diario The Times, está evaluando esa posibilidad, aunque para ello necesitaría el respaldo firmado de 81 diputados laboristas, equivalentes al 20% del grupo parlamentario.
Tras el discurso del rey, la Cámara de los Comunes inició el debate parlamentario sobre el programa legislativo. El Partido Nacional Escocés anunció que presentará, mediante enmienda, una moción de censura contra Starmer para forzar una votación sobre su liderazgo. Aunque este miércoles no se esperaban movimientos definitivos, los próximos días serán cruciales para determinar si el primer ministro logra sobrevivir a la peor tormenta política de su Gobierno.