A pesar de que la cuna del flamenco no está precisamente en Bilbao (ese honor corresponde al triángulo formado por Cádiz, Jerez de la Frontera y el barrio de Triana, en Sevilla), el duende es otra cosa. Ya lo decía Federico García Lorca en su famosa conferencia Teoría y juego del duende: “Es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar”. Sí, el coro Gure Golé de la Asociación de Mujeres Gitanas de Euskadi (Amuge) tiene duende. Tamara Clavería no tiene ninguna duda al respecto: “El flamenco corre por nuestras venas”, asegura la vicepresidenta y responsable de Amuge, de 41 años.  

Gure Golé, que significa “nuestra voz” en un juego de palabras entre el euskera y el romaní, se creó en 2017 en el seno de esta asociación con el objetivo de crear un espacio entre mujeres gitanas a través de la música. Según sus impulsoras, con el coro buscan “fortalecer los vínculos comunitarios, promover la participación de las mujeres, utilizar el arte como herramienta de expresión y generar un espacio de empoderamiento colectivo”.

Pero Clavería va más allá del flamenco en su discurso, el cante gitano por excelencia. “La música siempre ha estado presente en la vida cotidiana de las familias gitanas: en celebraciones, reuniones familiares, momentos de alegría, duelos y espacios comunitarios. El canto ha sido históricamente una forma de transmitir emociones, memoria, historias y valores de generación en generación”. Y en esa tradición se enmarca Gure Golé, que recoge la rica herencia musical gitana y la adapta al contexto actual, incorporando una mirada gitana y feminista.

El coro está compuesto por 15 mujeres gitanas, con edades que van desde los 19 a los 57 años. La propia Tamara, aunque no está oficialmente en la formación, posa con ellas en las sesiones de fotos porque, como reconoce, se apunta “a un bombardeo” y está donde haga falta. Las componentes de Gure Golé se reúnen para ensayar todos los viernes por la mañana en la sede de Amuge, en el barrio de Otxarkoaga de Bilbao. La cantante y compositora de Portugalete Eder Portolés es su profesora vocal. “Para nosotras, el ensayo no es solo un momento musical, sino también un espacio de encuentro, confianza, apoyo mutuo y convivencia entre mujeres. Allí cantamos, compartimos cómo estamos y vamos construyendo juntas el sentido del coro”, cuenta Tamara. 

Coro Gure Golé de la Asociación de Mujeres Gitanas de Euskadi (Amuge). Markel Fernández

Hitos y actuaciones

A los meses de su fundación, el 26 de junio de 2018 las cantantes de Gure Golé se subieron al escenario de la sala Bilborock y presentaron las canciones de su debut discográfico, compuesto por cinco temas y que fue editado en CD. Entre otras actuaciones destacadas, el año pasado cantaron en la Casa de Juntas de Gernika en el inicio del acto institucional del Día Internacional del Pueblo Gitano. Zutik emakumeak, la versión en euskera del himno feminista, fue interpretada por estas mujeres al término de la marcha del 8M de 2022 en Bilbao.

Actualmente, en la plataforma Spotify se encuentra disponible un EP de cuatro canciones en castellano y euskera titulado Coro feminista de mujeres gitanas con una música muy pegada a los sonidos flamencos. También se pueden escuchar dos temas sueltos: Zutik emakumeak y Agate deuna, esta última sobre Santa Águeda, la patrona de las mujeres y la fertilidad. Del EP sobresale una versión desnuda, acompañada por una guitarra flamenca y las palmas del coro, de la popular Aldapeko que dura apenas un minuto y veinte segundos. En Ni en la noche más oscura dicen que no tienen miedo a “ná” y celebran el empoderamiento femenino. 

Las letras de Gure Golé apelan a la memoria del pueblo gitano y ponen el acento en las reivindicaciones de las mujeres gitanas. ¿La música puede realmente romper estereotipos? Tamara tampoco duda esta vez: “La música tiene una capacidad enorme para lograr calar en la gente y llega a lugares donde muchas veces no llegan los discursos o los datos. Cuando una mujer gitana sube a un escenario y cuenta su propia historia a través de una canción, está mostrando una realidad que rompe con muchos de los estereotipos que todavía existen sobre nuestro pueblo y sobre las mujeres gitanas”.

El coro está compuesto por 15 mujeres gitanas, con edades que van desde los 19 a los 57 años. Markel Fernández

Abriendo camino


“Que nuestra voz tenga la suavidad de un susurro y la fuerza de un grito”. Esta frase resume el espíritu bidimensional del coro, que se mueve entre la ternura y la cercanía de sus voces, pero también, al mismo tiempo, sirve para poner blanco sobre negro algunas de las cuestiones que afectan al pueblo gitano y a las mujeres en particular. Tamara Clavería dice que más que un grito de guerra es una declaración de intenciones: la reivindicación y la lucha pasan a un primer plano. “No siempre hace falta gritar para que una voz tenga fuerza, pero también sabemos que a veces es necesario alzarla para denunciar injusticias”, sostiene. Y añade: “Queremos que nuestra voz emocione, acompañe, incomode cuando haga falta y abra caminos para otras mujeres gitanas”.

El poder de la música

Una canción por sí sola no va a cambiar el mundo. Ni siquiera súperexitos globales como Do They Know It’s Christmas o We Are The World salvaron el hambre en el mundo en la década de 1980. Pero se puede mantener una actitud crítica ante lo que te rodea y, a partir de una canción, como trata de hacer Gure Golé con su música, “abrir conversaciones, transformar miradas y sembrar pequeñas semillas de cambio que, poco a poco, puedan ayudar a construir una sociedad más justa e igualitaria”. Una letra envuelta en melodía tiene un poder que no debemos minusvalorar. Como se suele decir, con pequeños gestos se pueden conseguir grandes cosas. No es ciencia infusa ni una opinión: es un hecho.