Bizkaia: el sector primario como raíz cultural de un territorio
Más allá de su indudable peso económico, el campo y la pesca configuran el paisaje, la identidad y la memoria colectiva que conecta generación tras generación a lo largo de los siglos
El sector primario en Bizkaia es economía, sí, pero también —y sobre todo— es cultura, es identidad y es paisaje. Durante décadas, el relato dominante ha reducido la agricultura, la ganadería o la pesca a su aportación productiva, a su peso en el PIB o a su capacidad de generar empleo. Sin embargo, esa mirada resulta no es del todo cierta ya que le falta una parte. El campo y el mar no solo producen alimentos: construyen territorio, dan forma a tradiciones de siglos y sostienen una manera de entender la vida que ya es parte esencial del carácter de los que viven y sienten este territorio.
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En un momento en el que la globalización, la urbanización y los cambios tecnológicos están transformando profundamente los modos de vida, pararse un momento a observar el valor cultural del sector primario se convierte en un ejercicio si cabe más que necesario. Porque detrás de cada explotación agraria, de cada puerto pesquero o de cada mercado local hay un nombre propio, una historia familiar que ha pasado de generación en generación y una relación íntima con el entorno y con esa actividad más primaria que es parte esencial de nuestra economía.
La tierra y el mar
El paisaje de Bizkaia, tal y como hoy lo conocemos, no puede entenderse sin la huella del trabajo humano vinculado a esos dos escenarios. No se trata solo de marcos naturales, sino de paisajes culturales construidos a través del esfuerzo cotidiano de quienes han vivido —y siguen viviendo— del sector primario.
Municipios como Bermeo o Ondarroa reflejan con claridad esta conexión con el mar. En ellos, la pesca va más allá de ser una actividad económica, ya que funciona como elemento vertebrador de la vida social. Las tradiciones, las festividades, el lenguaje e incluso la gastronomía de las localidades están profundamente ligados a esa cultura marinera.
Del mismo modo, en el interior, el mundo rural ha configurado una identidad basada en el caserío, en la gestión del territorio y en una relación directa con los ciclos naturales de la tierra.
El sector primario y la calidad de vida en los pueblos son los ejes de la Estrategia de Desarrollo Rural 2030 del Gobierno vasco
Todo este patrimonio inmaterial, sin embargo, tiene ante sí importantes desafíos. La falta de relevo generacional, la presión urbanística, la competencia global o la percepción social del sector como una opción profesional poco atractiva están poniendo en riesgo la continuidad de muchas de estas actividades. A ello se suma una desconexión creciente entre el mundo urbano y el rural, que dificulta el reconocimiento del valor real que aporta el sector primario.
En este contexto, iniciativas impulsadas por instituciones públicas o entidades privadas están contribuyendo a revalorizar el sector desde una perspectiva más amplia. No se trata únicamente de apoyar la actividad económica, sino de preservar un legado cultural y de fortalecer un modelo de desarrollo más equilibrado y sostenible.
La sostenibilidad, de hecho, es uno de los grandes ejes que atraviesan hoy el debate sobre el sector primario. Frente a modelos intensivos y deslocalizados, el campo y la pesca en Bizkaia representan, en muchos casos, prácticas más respetuosas con el entorno, basadas en el conocimiento del territorio y en el aprovechamiento responsable de los recursos. Este enfoque conecta con una demanda social creciente que valora la proximidad, la trazabilidad y la calidad.
Pero el valor del sector primario no acaba aquí. Existe también una dimensión simbólica que es complicado de cuantificar, pero que es fundamental para entender su relevancia. El campo y el mar forman parte del imaginario de todos, de la memoria compartida y de la identidad cultural. Son referentes colectivos y reconocer este valor implica también pensar de nuevo el lugar que ocupa el sector primario en la sociedad actual.
En este suplemento especial de DEIA proponemos precisamente eso: ampliar la mirada y acercarnos al sector primario desde una perspectiva que combine economía y cultura, tradición e innovación, pasado y futuro.