Altuna III, campeón del Cuatro y Medio

Grandeza y vergüenza

El pobre uso de las mascarillas en el frontón Bizkaia puso en peligro el desenlace de una final vibrante

15.11.2021 | 00:32
Grandeza y vergüenza en la final del Cuatro y Medio.

Plantó las dos piernas doloridas (ambos pelotaris pidieron masajes y algo de aire a lo largo del partido...) en el centro de la cancha, con los puños en llamas y la mirada clavada en el cielo. Jokin Altuna era el nuevo campeón del Cuatro y medio mientras Unai Laso, camino de los vestuarios, lanzó al mismo cielo, testigo de la hermosa batalla, un ¡Dios! cargado de rabia. Había tenido la gloria en la punta de sus manos –la izquierda maltrecha tras haberse estrellado en la pared en el 16-16...– y una mayoría de ánimos en el frontón. ¡Unai Lasoreeen, Unai Lasoreeen!, cantaban los suyos. Era la primera final grande de su vida en el regreso de la vida plena al frontón Bizkaia y en primer día sin rey en el rono (era el primer partido disputado son Aimar Olaizola en el cuadro...) y sentía que la tuvo en sus manos en un partido jugado por ambos con grandeza. Cada cual con sus armas: Altuna con la cabeza, Laso con el arrebato.

Mediado el partido el frontón entró en llamas. Al 12-12 habían llegado ambos pelotaris a trancas y barrancas. Con Lasom que había entrado bien en el partido salvo en el saque (quiso ajustar tanto que desbordó el cuatro y medio en los dos primeros...) crecido primero y perdido desspués y con siete tantos encadenados de Jokin que se hacía amo y señor hasta el empate. Había emoción, por supuesto. Y un peligro sordo: los altavoces de la autoridad ya habían anunciado un par de veces o tres a la gente: pónganse las mascarillas. En las partes altas del frontón se veían e uas a peras: muy coas puestas.

Eran testigos de ese partido gente como el alclade de Bilbao, Juan Mari Aburto; la presidenta de Juntas Generales de Bizkaia, Ana Otadui; la diputada de cultura y deporte, Lorea Bilbao; la consejera de Cultura y Deportes de Nafarroa, Rebeca Esnaola, el subdelegado del Gobierno español, Vicente Reyes; el presodente del EBB, Andoni Ortuzar, Itxaso Atutxa, Aitor Esteban, Joserra Garay; el alcalde de Amezketa, Iñaki Amundarain, Peli Manterola y un buen número de autoridades, preocupadas por motín de las máscaras.

¡Que tormenta se desató en la segunda mitad del partido! Cuando cada uno de los jugadores pedía descanso su rival se iba al centro de la cancha y ¡pas, plas, plas! peloteaba. ¿Qué pensaría el rival al verle...? Quién lo sabe. Hubo entonces un intercambio de golpes al más puro estilo del Madison Square Garden (era previsible, si se juzga que en el origen del partido cada uno de los pelotaris sató a la cancha en penumbras, con un haz de luz iluminándoles coo si fuesen dos estrellas...) y la cuenta atrtás del 19-19, cuando se vivió el amago de suspensión, con los dos pelotaris retirados por orden de los jueces, que lo siguieron de cerca el jugador de la Real Sociedad, Igor Zubeldia, íntimo amigo de Altuna; Fernando Azkarate, presidente del Consejo Mundial; pelotaris de la talla de Iñaki Iza, Jon Alberdi, Asier Agirre, Axier Arteaga, Mikel Idoate, Abel Barriola, Imanol Agirre, Julen Martija, o Xalton Zabala, quien enseñó el juego a Altuna en sus primeros compases; los cocineros Karlos Argiñano,Beñat Ormaetxea y Sergio Zarate, Javier Urrutxurtu y el exjugador del Athletic, Beñat Etxebarria, junto a los hijos de ambos, Martin Urrutxurtu y Peio Etxebarria; Xabier Basañez, Jose Ignacio Goirigolzarri, Jon Kepa Badiola, Luis del Río, Andoni Azkorra, Pedro Berrio, Jon Txaber Mendizabal, Roberto Serrano y Juan Carlos García y otra mucha gente que vibró hasta el último minuto en una tarde noche de grandeza y vergüenza.

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