Los recientes episodios de lluvia y viento en la capital vizcaina han disparado la actividad en uno de los establecimientos mas emblemáticos del Casco Viejo de Bilbao: la Paragüería Leoz. Situado en el número 25 de la calle Belostikale, este negocio familiar de tercera generación ha visto cómo las solicitudes de reparación y las ventas se han triplicado en los últimos días. Para este comercio, la lluvia y el viento son los principales dinamizadores de la actividad. "Evidentemente lo mío es el agua", afirma Lourdes.
Lourdes Leoz, nieta del fundador y actual responsable del negocio, confirma que el temporal es el principal motor de su taller. "Con la lluvia se nota bastante. Se venden más paraguas, pero sobre todo estos días de mucho viento se han roto muchísimos y se me ha multiplicado el trabajo", explica la comerciante.
En un mercado dominado por productos de bajo coste, la Paragüería Leoz se distingue por su servicio de diagnóstico artesanal. Según Leoz, el criterio de los clientes es variado: "Hay gente que viene convencida de que su paraguas no sirve para nada y compra uno nuevo directamente. Otros vienen para ver si merece la pena arreglarlo". La decisión final depende siempre del estado general del objeto y del tipo de avería, un asesoramiento personalizado que marca la diferencia respecto a las grandes superficies.
A pesar de la actividad actual, el sector del pequeño comercio atraviesa un momento crítico en Bilbao. La presencia de locales vacíos en el Casco Viejo es una realidad que preocupa a la propietaria. Sin embargo, Leoz destaca un cambio de tendencia reciente: la entrada de gente joven a la tienda. "Creo que están cansados de las ventas online y de plataformas como Amazon. Vienen porque aquí reparamos y ofrecemos algo distinto", señala.
Un comercio centenario
El establecimiento recibió en enero de 2023 la distinción de "Comercio Centenario" por parte del Ayuntamiento de Bilbao, un reconocimiento a su trayectoria desde que el aitite de la actual dueña abriera las puertas en 1933.
Aunque Lourdes Leoz ya ha alcanzado la edad de jubilación, mantiene la persiana subida "por amor al arte" y por la convicción de que el comercio local es vital para la seguridad y la vida social de la ciudad. "Damos luz y vida a la calle. Solo por lo que representamos para la ciudad, deberían ayudarnos un poco más a todos los niveles", concluye.