Jon Rahm se confiesa preparado para el asalto al Masters y a su segunda chaqueta verde. En el largo periodo de tres meses entre temporadas trabajó para pulir algunos aspectos de su swing que le le preocupaban y que afectaban a su juego, “porque muchos golpes se iban a la izquierda, y para alguien que abre mucho la bola como yo es muy malo”. El barrikoztarra se presentó en el arranque del curso en el LIV Golf con la cabeza limpia “tras eliminar esos vicios” y los resultados le han dado la razón y han elevado su confianza.

Según comentó ayer en la rueda de prensa oficial en el Augusta National, también recuperar en el circuito saudí el formato de cuatro vueltas le ha venido bien porque le ha dado más oportunidades para ajustar su juego y estar mejor preparado en los grandes. Su balance en lo que va de 2026 es casi inmejorable, con una victoria, tres segundos puestos y un quinto, que le permiten liderar el circuito saudí.

Todo ello le permite llegar al Masters “con la tranquilidad que no tenía cuando no había ganado aquí”. “Me siento como en casa en Augusta, quizás porque hay cosas que como campeón puedes hacer y no podías antes”, añadió Rahm sobre el ambiente que se vive en el estricto club del estado de Georgia, que contrasta con el bullicio de la mayoría de los torneos del LIV Golf, sobre la sensación de estar rodeado de leyendas y de sentirse una de ellas en la tradicional cena de campeones que acoge el Augusta National cada martes de la semana del Masters.

En todo caso, el ganador de 2023 se mostró consciente de la dificultad de conquistar de nuevo el torneo, ya que solamente tres de los 91 jugadores presentes este año lo han logrado: Txema Olazabal, Bubba Watson y Scottie Scheffler. “Todos conocen cada vez mejor el campo, saben qué se puede o no se puede hacer y eso eleva la competitividad”, señaló Rahm. Podrían haber estado en esa lista Phil Mickelson y Tiger Woods, pero ninguno de los dos compite en Augusta este año, algo que no había ocurrido conjuntamente desde 1994.

El zurdo californiano acusa problemas familiares que solo le han permitido disputar un torneo del LIV, mientras que la leyenda de Cypress se ha apartado del golf y se ha alejado de Estados Unidos tras su último incidente de tráfico, relacionado con el abuso de sustancias opiáceas. “Solo espero que Tiger reciba la ayuda que pueda y que se recupere por completo. Es, sin duda, un maestro de las remontadas. Si hay alguien con la fortaleza mental para superar un problema así, es él”, afirmó Rahm.

Los pronósticos le han colocado de nuevo entre los principales favoritos a la chaqueta verde, junto a Scheffler, DeChambeau o McIlroy, entre otros. Sumar la segunda le haría al de Barrika entrar en un grupo selecto de golfistas. Pero el año pasado vio a Rory McIlroy completar al fin el Grand Slam, reservado solo a seis jugadores en toda la historia. “Ha sido un sueño desde pequeño, no lo voy a negar”, admitió el barrikoztarra, que sin embargo aseguró que “con lo que he conseguido ya en el golf me podría morir bastante tranquilo”. En sus asignaturas pendientes está ganar The Open “que es el que más me seduce” y también el PGA Championship, aún sin ganadores españoles.

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El asunto recurrente

Toda la calma que quiere transmitir Jon Rahm se rompió cuando le volvieron a preguntar por su falta de acuerdo con el circuito europeo y la posibilidad por ello de perderse la próxima Ryder Cup de Adare Manor. Este es un asunto recurrente cada vez que se coloca delante de un micrófono en los eventos más importantes del calendario. Este martes, su respuesta no fue más allá de mostrar un cierto optimismo. “Seguimos hablando y confío en que todo se va a arreglar. Como hasta septiembre no tengo previsto acudir a torneos como el Open de España, el Alfred Dunhill y otros, pues no estoy muy preocupado. Pero creo que se va a solucionar. Yo ya he hecho concesiones en algunos aspectos. Creía que recurrir a la vía legal e ir a juicio no era beneficioso para nadie. Quiero seguir apoyando el circuito europeo. Vamos a solucionarlo y todo saldrá bien”, manifestó.