Aurora Madaula tenía apenas 12 años cuando una pregunta aparentemente futbolística despertó una curiosidad que acabaría marcando buena parte de su trayectoria académica y política. Madaula se preguntaba cómo podía ser vasco José Mari Bakero, futbolista del Dream Team del Barça, si había nacido en Navarra. Aquella duda la llevó a descubrir conceptos como Euskal Herria y abrió una fascinación por la historia vasca que no ha dejado de crecer desde entonces.

Lo que empezó como una búsqueda de adolescente acabó convirtiéndose para esta historiadora y parlamentaria de Junts en una vocación académica. Máster en estudios históricos y Doctora cum laude con Mención Internacional en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, ha participado en congresos y conferencias internacionales centrados en el estudio del nacionalismo, el exilio y la memoria histórica. Además, ha realizado estancias en las universidades del País Vasco, Nevada, Boston y Standford, en las fundaciones Sabino Arana y Benedictina de Lazkao, en el Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada o en los Archivos Nacionales de College Park, en Maryland.

Ahora acaba de publicar el libro Patriotas y bastardos (Erein), que presentó ayer en la Feria del Libro de Bilbao y en la Fundación Sabino Arana, junto a Iñaki Galdós y José A. Iturri. “Cuando estudié historia, me interesaba mucho el tema del nacionalism y me dedicaba mucho a las relaciones internacionales, entonces ahí partió la línea de investigación de estudiar los nacionalismos en el exilio y cómo el exilio acaba influenciando y alterando la historia a la vez que la protege”, cuenta Aurora Madaula, que incluye el euskera y castellano en sus discursos, ya que ha estudiado también tres años de euskera en la Escuela de Idiomas de Barcelona. 

Madaula que estudiar el tema de lejos le da más objetividad, aunque reconoce que sigue siendo muy difícil ser objetiva en ciencias humanas y en historia. “Pero cuando empiezas a estudiar un tema que no sabes nada o sabes muy poco, te da el margen de poder investigar o poder fascinarte por personajes que no conoces a priori”, reflexiona la historiadora catalana y parlamentaria de Junts.

Manuel de Irujo

Y uno de esos personajes que reconoce que ha acabado fascinándola es Manuel Irujo, imprescindible en el relato del nacionalismo vasco. “Lo descubrí gracias a mi director de tesis, Joseba Agirreazkuenaga. Cuando empecé a investigar el nacionalismo vasco y el exilio, no sabía bien por dónde cortar porque al final los historiadores tenemos que hacerlo de alguna manera, cronológicamente o temáticamente. Hay una parte que es la del primer exilio, desde el 36 hasta la muerte de Lendakari Aguirre, de la que se ha escrito bastante porque teníais la suerte de contar con un personaje importantísimo y con muchísimo carisma como fue el lehendakari Aguirre. Hay muchas investigaciones de esta primera etapa del exilio porque la dirige él directamente hasta su muerte, que yo creo que en parte muere de pena, de la decepción que se va llevando”. 

Aurora Madaula decidió entonces investigar y escribir sobre la segunda parte del exilio. “Irujo es una figura esencial, una figura troncal que me ayuda mucho como historiadora el exilio a través de un personaje tan interesante como él”, reconoce. 

Entre 1956 y 1977

Madaula se ha centrado en el periodo comprendido entre 1956 (cuatro años antes de la muerte del lehendakari Aguirre) y 1977, y comienza con la celebración del Congreso Mundial Vasco. “Cuando una nación que está en el exilio es capaz de reunir a centenares de personas, es que ahí hay algo”. La reivindicación de la legitimidad del Gobierno vasco –así como la del Estatuto– fue uno de los pilares más importantes del encuentro. 

“Los exiliados se llevan en la mochila a su nación. Desgraciadamente, tienes que dejar tu casa, tus raíces y tu nación, pero en este caso los vascos se la llevan en la mochila y la protegen en el exilio”. La historiadora y política describe el exilio como “la octava provincia”.

 El relato atraviesa algunos de los momentos decisivos de ese recorrido como el Congreso Mundial Vasco de 1956, los apasionados debates en el IV Congreso del Movimiento Europeo en Múnich y los enfrentamientos ideológicos entre Manuel Irujo y otras facciones nacionalistas vascas como ETA. El libro revela la resiliencia del Gobierno vasco en el exilio, mientras elaboraba estrategias para preservar la legitimidad, forjar alianzas internacionales vitales y sentar las bases para el retorno a la libertad.

A través de conmovedoras historias de desafío, como el Juicio de Burgos de 1970, Madaula da vida a los sacrificios y las complejidades que enfrentó el pueblo vasco durante los oscuros años de la dictadura franquista.

Madaula explica que el título del libro Patriotas y bastardos, procede de un artículo que Irujo escribió bajo el nombre de Patriotas y gambe rros. Publicado en 1962, el artículo criticaba a los sectores radicales emergentes de la época. “De golpe, les aparece un hijo pequeño que se rebela. Aparece un nacionalismo revolucionario”, asegura. 

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Exilio catalán

La comparación con el exilio catalán parece inevitable. Y es ahí donde Madaula reconoce cierta “envidia” histórica. Mientras el nacionalismo vasco logró mantener una estructura institucional relativamente cohesionada, el catalán llegó al exilio profundamente dividido. La ejecución de Lluís Companys por el franquismo agravó aún más esa fractura. “El nacionalismo catalán o el gobierno catalán se fue al exilio discutido, dividido, desahuciado y el nacionalismo vasco se mantuvo, con todo su conflicto porque no fue un camino de rosas ni mucho menos, pero desde la salida ya se ve que hay diferencias importantes. Luego, tenemos dos presidentes muy carismáticos, Aguirre y Companys. A Aguirre lo detienen, se escapará del nazismo y del fascismo y estará 9 meses perdido, pero reaparece. A Companys lo detienen y lo asesinan. Y si el catalanismo o el nacionalismo catalán estaba dividido, la situación se agravó aún más tras la muerte de Companys. No hay una estrategia, hay diferencias, pero también mucho cariño en el exilio, muchas relaciones internacionales”.