Corría 1999. Muchos de los protagonistas de la actualidad no habían llegado al mundo. Michael Jordan había abandonado la disciplina unos pocos meses atrás. El mundo se abría a las oportunidades. La liga más poderosa del planeta había sufrido un cierre patronal que se prolongó hasta enero, lo que obligó a recortar la temporada regular a medio centenar de partidos. La protesta forzó la cancelación por primera y única vez del fin de semana del All Star. Las aguas estaban revueltas. Era el anticipo de lo que estaría por llegar. Los San Antonio Spurs se enfrentaban a los New York Knicks en la final de la NBA. Tim Duncan y Patrick Ewing eran los rostros principales de las franquicias. Los Knicks perseguían en el tercer anillo desde 1973, mientras que los Spurs aspiraban a estrenar su vitrina. Pero para mal de los primeros, Ewing llegaba con una lesión en el tendón de Aquiles que le impidió comparecer.
Finalmente, los Spurs de Gregg Popovich sentaron la primera piedra de lo que sería una de las mayores dinastías de la historia. Sería el comienzo de la construcción de la quinta mejor franquicia de la historia, con cinco anillos, por detrás solamente de los Boston Celtics (18), Los Angeles Lakers (17), los Golden State Warriors (7) y los Chicago Bulls (6), que fueron los campeones de 1998. Los texanos se impusieron por 4-1 a los Knicks, incapaces de frenar a las Torres Gemelas, David Robinson y Duncan. Aquellos chicos de Popovich lograrían otros cuatro campeonatos (2003, 2005, 2007 y 2014) para completar una secuencia de cinco anillos en 15 años. Para los Knicks aquella dolorosa derrota fue el inicio de una prolongada travesía por el desierto. Tras la retirada de Ewing en el 2000, los neoyorquinos permanecieron durante casi un cuarto de siglo sin ganar una seria de los play-offs.
Veintisiete años más tarde, ambos equipos vuelven a verse las caras en el mismo escenario, el duelo definitivo por el título de la NBA. Dos rivales que han superado las barreras de no partir como favoritos, porque ese cartel era para los Oklahoma City Thunder, los aún vigentes campeones, quienes con su derrota en semifinales ante los Spurs han propiciado que haya ocho ganadores distintos en los últimos ocho años, algo insólito en la historia.
Los tiempos han cambiado, y mucho, en el baloncesto. En aquel debate de 1999, Knicks y Spurs promediaron una anotación de 82 puntos por partido, en ninguno de los cuales se superó los 100 puntos. Estos nuevos Spurs en los que Popovich sigue integrado, aunque con otro rol especialmente tras el derrame cerebral sufrido en noviembre de 2024, no han bajado de los 100 puntos en ninguno de los 18 partidos disputados en la postemporada.
El precedente, la final de la NBA Cup
Alcanzados este punto, con dos contendientes que han ido adquiriendo crédito a medida que han avanzado los play-offs, la final de 2026 guarda una relevancia mediática importante. Para comenzar, es la reedición de la final de la NBA Cup disputada hace apenas seis meses, en la que los de la Gran Manzana remontaron en el último cuarto (124-113) para lograr el primer título desde el anillo de 1973, que sucedió al de 1970, los dos únicos que han conquistado los Knicks en las nueve finales de la liga en las que han comparecido.
Este reciente éxito ejercerá de estímulo para unos Knicks que se presentan con un sorprendente racha de once victorias consecutivas. Es decir, tras ir perdiendo 1-2 en la primera ronda ante los Atlanta Hawks, remontaron la serie (4-2) y borraron a los Philadelphia 76ers (4-0) y los Cleveland Cavaliers (4-0). Cabe recordar que se trata del sexto equipo con mejor balance en el curso regular (53-29), superado por los Denver Nuggets (54-28), los Boston Celtics (56-26), los Detroit Pistons (60-22), los Spurs (62-20) y los Thunder (64-18).
Wembanyama contra Brunson
Los Knicks, pese a la ausencia de títulos, forman parte de la opulencia de la NBA. Son la tercera franquicia más valorada, según Forbes, tras los Warriors y Los Lakers. Esta oportunidad representa la voluntad de enterrar la dolorosa sequía que ya esta relatada como una maldición. El reto de los neoyorquinos se opone al deseo de quien ya es considerado como el fenómeno llamado a captar nuevos aficionados al baloncesto y cautivar a los ya presentes, Victor Wembanyama, líder de unos Spurs que doce años después, en la que será su séptima final, buscará arrugar la bandera de los Knicks, Jalen Brunson. 2,24 metros de estatura y 22 años contra 1,88 y 29 años, mundos paralelos, realidades bien distintas.
"Es la oportunidad de una vida"
“Es la oportunidad de una vida, no sabes si va a volver. Es un sueño hecho realidad”, declara Wemby, que ha acelerado el proceso de reconstrucción de los Spurs. En el tercer año desde su llegada a la NBA, ha aproximado el futuro, como un agujero de gusano. Vive por y para esto, con la ambición de los más grandes. El pívot francés es el relevo generacional de genios como LeBron James, Stephen Curry o Kevin Durant.
No en vano, ya ha logrado una precocidad poco o nunca antes vista. Solo basta mirar al espejo de la historia: Jordan necesitó siete temporadas para guiar a los Bulls a la pugna por el campeonato; Kobe Bryant tardó cuatro años en conquistar su primer título; LeBron empleó cuatro años para conducir a los Cavaliers a la final y nueve en lograr su primer anillo... Los casos de éxito casi instantáneo pertenecen a una élite muy reducida: Larry Bird alcanzó la gloria con 24 años, en su segunda temporada; Kareem Abdul-Jabbar levantó su primer anillo con apenas 23 años, igualmente en su segunda campaña en la liga; Magic Johnson hizo lo propio a los 20 años, también en su segundo curso. Son excepciones que confirman la regla: solo unos pocos elegidos logran acelerar los tiempos de la leyenda.
“Todo el trabajo que haces es por este tipo de emociones. Quiero ganar, es como si mi vida dependiera de eso”, amenaza Wembanyama, a quien en febrero del año pasado una trombosis pudo potencialmente alejarse del baloncesto. El susto le ayudó a vivir como si no hubiera un mañana. Al abrigo de un quinteto que atesora 23 años de edad media, buscará ser dueño de la pintura. Stephon Castle, Devin Vassell, Julian Champagnie, De’Aaron Fox, Keldon Johnson, Dylan Harper… conforman un entramado defensivo difícil de atravesar bajo la dirección de un Mitch Johnson que como sustituto interino de Popovich ha aprovechado la oportunidad para adquirir relevancia en el panorama de los banquillos. Son el ejemplo de la gran planificación de una plantilla en su mayoría procedente de los drafts. En el camino dejaron a los Portland Trail Blazers (4-1), Minnesota Timberwolves (4-2) y los Thunder (4-2).
"Todos confiamos los unos en los otros"
Y para resolver los problemas los Knicks potenciarán las genialidades de Jalen Brunson, convertido en héroe insospechado, y la pizarra de Mike Brown, el técnico que ha liderado la transformación de la franquicia: en su primer año ha conquistado la NBA Cup y ha dibujado el camino hacia la final. “Todos confiamos los unos en los otros”, asegura el base estadounidense. Se refiere a OG Anunoby, Karl-Anthony Towns, Josh Hart o Mikal Bridges, que reforzaron a la franquicia procedentes de traspasos o como agentes libres, y ahora tienen en su poder reubicar Nueva York.
Las finales arrancarán la madrugada del miércoles al jueves en el Frost Bank Center de San Antonio, donde los Spurs de Wembanyama tratarán de invocar al estadio Alamodome de 1999, y donde Brunson buscará vengar a sus predecesores de los Knicks, donde paradójicamente estaba su padre, Rick Brunson. Ha llegado la hora de cambiar la historia.