La iglesia de San Antón fue y será emblema de la villa. Un botxo que antes de ser de hierro y de titanio fio su presente a la piedra, resistente y entallada como el carácter de los bilbainos. Ahora, casi quinientos años después de que el templo gótico se alzara sereno y enhiesto sobre la ría, un proyecto divulgativo y tecnológico a nivel estatal devuelve a la actualidad la relevancia y repercusión de este templo religioso en la evolución de núcleos urbanos.
Así ocurrió en Bilbao y en otra docena de enclaves de la península seleccionados en el programa ‘Expedición 4.0 al Medievo. Un viaje único al corazón del Medievo’. Se trata de una iniciativa cultural y turística que brinda la oportunidad de redescubrir el legado medieval de algunas diócesis a través de experiencias inmersivas y el uso de las nuevas tecnologías. El proyecto -gestionado desde Bizkaia a través de la entidad Ondaregure, que actúa como representante de la agrupación promotora- invita a explorar la vida cotidiana en la Edad Media desde múltiples perspectivas.
En esa aventura al pasado será posible conocer aspectos relacionados con la espiritualidad, las celebraciones, el papel de las mujeres, la interculturalidad de la época o la configuración urbana. Porque sí, ‘Expedición 4.0’ permitirá descubrir cómo la iglesia de San Antón fue clave en la ordenación de aquel Bilbao medieval ya que el templo fue el epicentro en torno al cual se organizaron calles, mercados y espacios de convivencia. Es decir, cumplió una función vital en la conformación de aquel primer callejero y contribuyó al crecimiento del botxo.
Historia y futuro
“No es solo un vestigio del pasado, sino un elemento vivo que ayuda a comprender la historia y construir el futuro”, destacaba la directora del Archivo Histórico Eclesiástico de Bizkaia, Anabella Barroso, una de las coordinadoras de esta iniciativa que ha sido presentada en Madrid como ejemplo de colaboración entre ocho diócesis de siete comunidades, en la tarea de divulgar y preservar el patrimonio arquitectónico y religioso.
En el caso de la iglesia de San Antón, la propuesta incluida en ‘Expedición 4.0 al Medievo’ incluye experiencias tecnológicas como un videomapping sobre los restos de la muralla del Bilbao primitivo que se conservan detrás del altar y que, además de su función defensiva servían como barrera artificial contra las inundaciones, que ya entonces anegaban el botxo. El proyecto ha apostado con convicción por la accesibilidad universal a las visitas. Y esto incluye una maqueta en braille diseñada para personas con problemas de visión, una guía de lectura fácil y, como gran novedad, la apertura del coro como espacio que podrá ser visitado a partir del próximo mes de julio.
Allí tendrán lugar dos proyecciones sobre el Bilbao antiguo, pero sobre todo, servirá para tener otra perspectiva del interior de la iglesia. “Ves el retablo, ves la parte del triforio, esos arquitos que rodean la pared que se iluminan…”, detallaba Barroso en declaraciones a DEIA al tiempo que confirmaba el firme propósito de seguir trabajando para que el público visitante pueda subir a la torre; aunque eso será más adelante.
Inicio en julio
De este modo, julio es la fecha prevista para que las tradicionales visitas a la iglesia de San Antón evolucionen hacia ese nuevo escenario, más digitalizado. El templo bilbaino no será el único que dé ese paso al frente, ese salto de fe hacia el mundo de las experiencias turísticas vinculadas al patrimonio que representa ‘Expedición 4.0 al Medievo’. La iniciativa, presentada en el Archivo Histórico de España y coordinada por la Diócesis de Bilbao, propone un recorrido cultural, sensorial y tecnológico a 13 enclaves religiosos, cuatro de ellos presentados al público por primera vez. Es el caso de las visitas abiertas al coro de la iglesia de San Antón y las proyecciones desde este punto.
La lista se completa con el convento de Santa Úrsula (Toledo), el convento de San Ildefonso (Plasencia) y la torre del campanario de la catedral de San Pedro de Jaca. El resto de piezas de este puzzle dinámico lo integran el monasterio de la Cartuja (Granada), la catedral de San Vicente Mártir (Roda de Isábena), la catedral de Santa María del Romeral (Monzón), la catedral de Santa María de la Asunción (Barbastro), las catedrales de Arlanza (Mahamud, Villahoz, Covarrubias y Santa María del Campo) y la catedral de Iruñea.
Ana Echevarría, catedrática de Historia Medieval de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ha explicado que tanto la digitalización de la sociedad como la despoblación alejan al turismo de las zonas de algunos de estos enclaves. Una idea compartida por Anabella Barroso, quien ha subrayado que “el patrimonio es de todos y para todos”.
Creyente o no
Ella confía en que la respuesta del público sea positiva a pesar de la progresiva secularización de la población. “No hay que ser creyente para entender cómo evoluciona una ciudad, cómo evoluciona el medievo, el arte o se configura la vida cotidiana en torno a los gremios”, como es el caso de las Siete Calles del botxo. El objetivo es conseguir que esas nuevas generaciones sientan ese patrimonio religioso como algo que hay que cuidar, tal y como ocurre con la educación ambiental.