De una juguetería podría pensarse que es únicamente un lugar para niños. Sin embargo, quien entra en una sabe que no es así. Basta con poner un pie en una de ellas y teletransportarse de manera automática a la más tierna infancia. Para los más pequeños, claro está, estas son un lugar de ilusión y posibilidades. Con el objetivo de satisfacer las fantasías de pequeños y mayores, Roberto San José vuelve a desplegar su universo Roqueland. Esta vez el escenario elegido ha sido la juguetería Abracadabra de Bilbao, donde se podrá visitar la exposición de lunes a sábado en horario de 10.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.30. La entrada tendrá un precio de dos euros.

Roberto San José lleva más de 25 años inmerso en el mundo de las maquetas, una pasión que empezó por casualidad mientras ejercía su profesión como charcutero. "Cuando monté la segunda charcutería, que era un poquito más grande, había un espacio que quise montar para llamar la atención de los críos de Galdakao", explica. Su primera adquisición fue un pequeño tren que tuvo mucho tirón entre la clientela. Fue entonces cuando empezó a meterse en el mundillo. "A partir de ahí empecé a darle a la imaginación y con la ayuda de internet me fui metiendo en otras cosas", añade.

San José explica que a la hora de inspirarse, lo primero que hace es buscar los componentes. "Por ejemplo playmobil me da mucha facilidad para hacer cosas. También me inspiro en cosas que había en mi infancia como indios, vaqueros o soldaditos de plomo. Voy aprovechando los recuerdos que tengo pensando en los niños y las niñas", apunta. Reconoce que en un principio solo se centraba en hacer figuritas para niños, pero más tarde creyó importante hacer cosas también para ellas. "Suelo hacer cosas con la familia Sylvanian, hadas y cosas así", añade.

Exposición de 18 maquetas

Tras el cierre en mayo del año 2024 del museo que Roberto regentaba en el Campo Volantín, este creador quiso dedicarse en cuerpo y alma a sus nietas. Sin embargo, fue su amor por ellas el que le hizo retomar su labor como maquetista. "Empecé a pensar en que era una pena que mis nietas fuesen a conocer las maquetas solo por los reportajes, así que volví. Además, mi hija, con muy buen criterio, me dijo que las hiciese más pequeñas", asevera.

Ahora Roberto San José dedica sus mañanas a nuevas creaciones en su taller de Galdakao y por las tardes disfruta de las pequeñas Elena y Matilda. Este pasado sábado su nueva exposición de 18 maquetas aterrizó en la juguetería Abracadabra ubicada en el número 24 de la calle María Díaz de Haro en Bilbao y por el momento no tiene fecha de fin. Se podrá visitar en el horario de apertura del local, de 10.00 a 14.00 y de 16.30 a 20.00 horas, de lunes a sábado. El precio de la entrada será de dos euros.

"La gente se va a encontrar con un producto más fino, más chiquitín, más seleccionado. Lo que hacía antes estaba muy bien y era precioso, pero lo de ahora es diferente, más elaborado. Además, estas maquetas tienen la ventaja de que son muy fáciles para poder cambiarlas", explica.

Mientras atiende a DEIA, Roberto San José recibe un vídeo que le emociona. "Me acaba de llegar un vídeo precioso de una de mis maquetas en el hospital de Basurto", apunta. Cuando cerró las puertas del Roqueland Bilbao, el creador de Galdakao decidió donar algunas de sus creaciones a los hospitales de Cruces y Basurto para que los menores hospitalizados pudiesen divertirse con ellas.

Con el queso empezó todo

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La elección del nombre de Roqueland para definir al universo de las espectaculares maquetas de Roberto no fue casualidad. De hecho, nada tiene que ver con las pequeñas piezas que utiliza para elaborarlas, ni con ninguna serie de animación o similar. "Toda la vida me he dedicado al mundo del queso y todo el mundo me conocía como Roberto el quesos. Cuando monté la charcutería, la persona que me ayudó con el tema de los vinilos me dijo, "¿por qué no pones Roquechar?" porque roquefort y cosas así ya estaban cogidas. Ese nombre juntaba Roberto, quesería y charcutería, y me gustó", explica.

Sin embargo, la cosa no quedó ahí y lo que empezó juntando tres palabras, dio paso a algo mucho más grande. "Cuando montamos el museo mi hija me dijo que como todo el mundo me conocía como Roquechar, podíamos ponerle Roqueland", apunta. Ahora todo el mundo conoce a Roberto por su universo Roqueland y, tanto es así, que una de sus maquetas cuenta con un pequeño pueblo llamado "La aldea de Roque".