La FIBA Europe Cup y los play-offs de la Liga Endesa. Poco más se le puede pedir al Surne Bilbao en una temporada exigente y larga, en la que fue de menos a más. Hasta que se encontró con el Valencia Basket en los cuartos de final por el título doméstico. Los jugadores de Jaume Ponsarnau no pudieron con el conjunto taronja, que fue superior en ambos encuentros de la eliminatoria, y eso que al menos ayer jugaron con seis sobre el parqué durante casi todo el partido.

Porque el Bilbao Arena cumplió con las expectativas y se convirtió en la olla a presión, en el infierno para los visitantes y los árbitros, de las grandes citas. 9.556 personas (de las alrededor de 10.000 que suponen el aforo completo) se congregaron en Miribilla para intentar acallar la mascletá valenciana. Y consiguieron insonorizarla, aunque realmente la pólvora prendió igual a favor del equipo del Turia.

Pero es que 11 temporadas sin disputar el play-off son muchas temporadas. Desde esa protagonizada por Alex Mumbrú, Axel Hervelle y Quino Colom. Desde esa en la que Sito Alonso estaba sentado en el banquillo y desde esa que, la casualidad, también se perdió ante el Valencia en cuartos de final. Por eso había ganas de este partido en Bilbao. Por eso no hubiera hecho falta el llamamiento a la afición ni de Ponsarnau ni del club. Porque la marea negra hubiera respondido igual. Sin lugar a dudas.

Cierto es que no fue el ambiente de las finales de la FIBA Europe Cup, esta vez no era el partido definitivo por un título continental, pero mucho se le pareció. Fue igual de asfixiante incluso antes del primer salto. Desde que por megafonía se dio el cinco inicial del Valencia. Unos titulares silenciados por una sonora pitada. En Miribilla no se rinde pleitesía a nadie antes de tiempo.

De Rosalía a Shinova

Después llegó el Berghain de Rosalía, una auténtica llamada a las armas, ya habitual en el Miribilla de los encuentros importantes. La banda sonora perfecta para dar la bienvenida a los hombres de negro y, de paso, motivar al personal. Aunque eso fue tarea del nuevo himno del Surne Bilbao, de Shinova, que se disfrutó por tercera vez en un partido oficial. Con esos acordes se desplegó el mosaico morado y negro que engalanó el pabellón entero y el tifo que también se exhibió en la pasada final europea. Aquí no se tira nada. Y menos si está tan bien hecho.

Con este preludio, el Bilbao Arena se atrevió a soñar con el tercer partido de la serie. Aunque para ello estuviera obligado a ganar. De esta forma, ante un Valencia mejor sobre el parqué, el empujón vino desde la grada. Empujó en los momentos de debilidad y convirtió el pabellón en ese escenario incómodo que tantas veces multiplicó las opciones de los hombres de negro.

Afónico y extenuado

Te puede interesar:

No fue así este viernes, aunque Miribilla quedara afónico y extenuado. Aunque se dejara la garganta, los pulmones y hasta el alma. El rival sencillamente fue mejor y, por eso, ahora toca unas merecidas vacaciones. Para plantilla y afición. Porque la temporada ha sido larga y buena. De sobresaliente continental.

Así que este viernes Miribilla no lloró la eliminación ni el resultado. Miribilla sintió orgullo por el rendimiento de un equipo que volvió a poner Bilbao en lo más alto de Europa y entre los mejores de la Liga Endesa. Por eso, la despedida al Surne fue en realidad una ovación en pie por un año difícilmente igualable.