Con todo el público de Miribilla puesto en pie para homenajear a los suyos con una ovación de gala, de esas que salen directamente desde el corazón, el Surne Bilbao bajó el telón de un curso baloncestístico 2025-26 extraordinario. No hubo posibilidad de alargar la serie (71-88) y buscar el domingo el más difícil todavía en el Roig Arena pues el Valencia Basket activó en esta ocasión ese ‘modo apisonadora’ que este año ha sido prácticamente irrefrenable incluso a niveles de Euroliga, pero la ‘marea negra’ quiso agradecer a los suyos su esfuerzo y entrega constante en un ejercicio fantástico, con el segundo título de FIBA Europe Cup y el regreso al ‘play-off’ de la Liga Endesa once años después como grandes guindas.
Los de Jaume Ponsarnau tuvieron su momento para hacer tambalearse el poder establecido el miércoles. No aprovecharon, ni les dejaron hacerlo, el 62-75 a seis minutos de final y este viernes no hubo opción de campanada. Los de Pedro Martínez, un vendaval desatado de intensidad, movimiento constante y acierto que exprime las fuerzas y la resistencia física y mental del rival de turno, dominaron el choque desde el salto inicial, lo fueron llevando a su terreno de nuevo con permiso arbitral para emplear contactos constantes y tras el descanso lo hicieron saltar por los aires para desesperación de los ‘hombres de negro’, atrapados en la pegajosa tela de araña ‘taronja’, con las fuerzas justas tras el tremendo esfuerzo del duelo inaugural.
Los anfitriones quisieron. De eso nunca ha habido duda con este grupo humano que se ha ganado el corazón de la afición vizcaina a base de sudor y baloncesto, pero no pudieron. Se sujetaron sobre el alambre como pudieron hasta el ecuador de la cita (37-47), pero acabaron engullidos por la bestia valenciana. Eso sí, desprendiendo ganas, deseo y coraje hasta el final.
FÍSICO
No le dio un buen arranque al partido el Surne Bilbao. Muy poco fluido en ataque, cometiendo pérdidas que su rival aprovechaba para activar el modo galope y con un triple de Darrun Hilliard como única vía de suministro de puntos en los cinco minutos iniciales, se vio demasiado pronto caminando sobre el alambre porque los de Pedro Martínez aprovechaban sus constantes viajes a la línea de castigo para marcar territorio. Ponsarnau tuvo que parar el encuentro con un dañino 3-13 ya instalado en el luminoso. Intentó reaccionar el conjunto vizcaino con un 5-0 de la mano de Tryggvi Hlinason y Hilliard, pero Braxton Key sacó a relucir su explosividad para devolver las aguas a su cauce. Al menos los anfitriones encontraron un filón en Stefan Lazarevic, quien con seis puntos seguidos para los suyos permitió que el acto inaugural se cerrara con un menos dañino 16-22 tras llegar a perder por once puntos.
Lo siguió intentando el conjunto vizcaino de la mano de Martin Krampelj y Margiris Normantas, pero el nivel de intensidad del Valencia Basket en todas sus acciones era abrumador. En defensa aprovechaba el permiso arbitral para meter manos, cuerpos y lo que hiciera falta con una sola falta señalada en su contra en los primeros seis minutos del segundo cuarto y en ataque no solo era que a Brancou Badio y a Kameron Taylor les entraran los triples, sino que además su efusividad a la hora de cargar el rebote ofensivo o, en su defecto, tocar cualquier bola suelto era constante.
En ese ecosistema, con ocho pérdidas ya en su casillero, los ‘hombres de negro’ pasaban de apretar con un 29-34 a volver a verse con desventajas de dobles dígitos. Tanto transitar por el alambre empezaba a pesar a los anfitriones, que alcanzaron el ecuador de la contienda con un adverso 37–47. A los de Ponsarnau les pesaban sus nueve balones perdidos y el 10-20 en lo referente a los puntos fabricados en la ‘pintura’ porque la retaguardia ‘taronja’ apenas les había dado respiro en las distancias cortas e intermedias: 6 de 14.
DEMARRAJE
Y tras la reanudación, las costuras del choque no tardaron en desgarrarse. El Valencia Basket regresó a escena con el acelerador pisado a fondo y el dedo bien fijado en el gatillo y, sumando de tres en tres, fabricó un 2-9 en apenas dos minutos y medio que abrió ya una distancia insalvable (39-56). El conjunto bilbaino se vio entonces en la peor situación posible: obligado a resistir las acometidas de un huracán que no hacía más que elevar su nivel de intensidad. Con Hlinason como único recurso atinado, Ponsarnau paró el partido con el 45-66, pero su decisión de activar juntos a Mewin Pantzar y Frey tampoco cambió demasiado el panorama. El partido, y por lo tanto la serie, quedaban ya vistos para sentencia.
Con el 49-71 a diez minutos del final, solo quedaba intentar darle el final más digno posible a un ejercicio maravilloso. El público aprovechó para despedir con honores a Pantzar, para agradecer a los jugadores su esfuerzo y los ‘hombres de negro’ se dieron al menos el capricho de cerrar el duelo con un parcial de 11-0. Incluso en la derrota, rebeldes y esforzados hasta la bocina final.