Markina-Xemein - Se dio cuenta con 12 años al ver a Martin Alberdi tocando en su localidad natal de Markina-Xemein. Hasta entonces no se había sumergido en el mundo de la música. Y en ese momento que vio a Alberdi y su órgano, Mikel Ansola (Markina-Xemein, 2000), quiso hacerlo igual que su primer mentor, aunque no tuviera estudios musicales ni ninguna experiencia previa. Es markinarra al cien por cien, y su idea era ser organista, aunque le costara un mundo. Media década después, ofrece conciertos cuando acaba de cumplir la mayoría de edad para estudiar en Musikene, el Centro Superior de Música el País Vasco, ubicado en Donostia, y de esta forma labrarse un futuro.
“Lo que traiga el futuro ya lo veremos. Por ahora yo disfruto y me gusta saber cada vez más de música. Disfruto de lo que hago y con eso me vale. Saber dentro de cuatro o diez años qué haré es por ahora muy aventurado. Estoy a gusto”, señala el markinarra, que ha ido quemando etapas poco a poco, y estudiando en cada uno de los pasos que ha ido dando. Primero, pasó por la escuela de música markinarra, después por la de Ondarroa. Con 14 años aprendió de Aitor Olea en Bergara, “poco a poco”.
Y fue superando sus propias metas. Profesores como José Pascual han ido perfilando su carrera, que cada vez apunta a mayores cotas. Eligió el órgano, “por ser un instrumento que te da muchas opciones. Tiene una paleta de sonidos amplia”, señala un Ansola que empezó con el órgano de su pueblo para probar otros muchos. De ahí saltó a otros instrumentos, “porque cada órgano es diferente. Sonidos, sitio, instrumento? es diferente. E ir de un sitio a otro a tocar gusta mucho”, señala.
Ansola sabía desde bien joven que quería ser organista, aunque en Euskal Herria no sea una disciplina tan popular. Las dificultades no le han echado atrás jamás. De hecho, su clave es ensayar a destajo. “Hay que meter horas y trabajar, esto no tiene más secretos”, señala. Menos aún, en Bizkaia, donde hay buenos instrumentos aunque los mejores están en Gipuzkoa, como en Donostia, Azkoitia o Azpeitia. “Los mejores órganos están en Gipuzkoa”, relata este talento joven que considera que hay que separar la música eclesiástica de la profana.
Y saber que en Euskal Herria hay “mucho que hacer por la música organística. Hay grandes autores -Guridi, Beobide, Arbizu?-, grandes órganos, y muy buenos intérpretes? “Y luego hay que elegir bien en cada recital. No puede tocar en un órgano que sea del siglo XVIII y un autor del XX? hay que equiparar obras y autores con el instrumento. No es tan fácil”, resalta Ansola.
Música Ansola fue parte del reciente concierto del Fair Saturday de Markina-Xemein a favor de Izarbidean, una asociación sin ánimo de lucro a favor de personas con discapacidad intelectual de la localidad. “Hacía cuatro años que no lo hacíamos, ha sido un placer echar una mano”, señala el joven organista, quien considera que en su localidad hay mimbres suficientes para incentivar el aprendizaje musical. Existe una escuela de música junto a diversas corales, pero quizás haga falta una banda de música local. Y que se tenga en cuenta la música de órgano, que hace recuperar muchos instrumentos históricos, y que en Bizkaia hay que potenciar, ya que el órgano no es solo un instrumento eclesiástico, sino que es un tesoro profano a guardar.
Mientras tanto, Mikel Ansola seguirá con su trayectoria, que el año próximo le llevará a dar unos cuantos conciertos en diversos lugares de Euskal Herria. “Mientras disfrute, seguiré con lo mío y haciendo disfrutar al público con nuestra música”, concluye. Seguro que se le escuchará.