Aseguraba Aleix Font la semana pasada en una entrevista con este diario que una de las grandes virtudes de este Surne Bilbao es que “nos sentimos un equipo ganador”. “Y ese flow es muy difícil de conseguir”, añadía el escolta catalán un par de días antes de eliminar al Aliaga Petkimspor en los cuartos de final de la FIBA Europe Cup.

Dinámicas

Cuestionado sobre un argumento que explicara cómo un equipo que había acumulado más de un año sin ganar fuera de casa podía pasar de golpe y porrazo a vencer cuatro partidos seguidos -cinco de seis en lo que va de 2026-, lanzaba una reflexión: “Las confianzas y las dinámicas son muy importantes. En un partido con final apretado, cuando ambos equipos son buenos y están bien trabajados, muchas veces las diferencias las marcan las sensaciones con las que llegues, lo ganador que te sientas como equipo y la confianza que tengas en tus compañeros y en el plan de acción. Juega el trabajo pero también el factor suerte, eso es así. Pero ganas un partido fuera, luego otro... y cuando el tercero tiene un final ajustado tú te sientes ganador, sacas puntos de donde sea y acabas haciendo la jugada correcta. Hemos tenido golpes de suerte, pero cuando eso pasa a ser continuo el azar ya no es tal”.

Tiempo extra

Lo mismo que ocurre con los duelos lejos de Miribilla puede aplicarse en el caso de los hombres de negro a los encuentros cuya resolución se produce de la manera más ajustada posible: vía prórroga. El Surne Bilbao ha ganado esta temporada los tres duelos en los que hubo que recurrir al tiempo extra, todos ellos dentro de esta magnífica racha de nueve victorias en los últimos once partidos de Liga Endesa que nació en Girona el 4 de enero -curiosamente, ejerciendo en los tres como visitante-, cuando llegaba de haber perdido en las cuatro anteriores campañas las siete citas con prórroga que había disputado. Otra dinámica tremendamente negativa que Jaume Ponsarnau y los suyos han hecho saltar por los aires.

Hlinason protege el balón ante Pustovyi. Efe

Calidad

El técnico catalán ha reconocido en numerosas ocasiones que en el presente ejercicio su equipo está mucho mejor equipado para hacer frente con garantías a los finales agónicos, con mayor variedad de armamento y, sobre todo, con más jugadores acostumbrados a asumir responsabilidades en esos momentos taquicárdicos. Es cierto que al colectivo le ha costado demostrarlo -tiros de la victoria fallados en Manresa y en Lugo-, pero su nivel de eficacia ha aumentado exponencialmente. En lo que se refiere a los duelos con prórroga, los sacó adelante en Granada (jornada 17, 84-88), en Gran Canaria (jornada 19, 97-98) y, sin ir más lejos, el pasado sábado en la visita al Morabanc Andorra (98-102). En los dos últimos Justin Jaworski fue un factor absolutamente diferencial gracias a sus triples.

Desde 2021

Sin embargo, entre el éxito en la cancha del colista y la anterior prórroga victoriosa -temporada 2020-21, jornada 28, 82-90 favorable en la cancha del UCAM Murcia, escenario de su partido del próximo sábado- el conjunto vizcaino había perdido sus siete duelos decididos en el tiempo extra. La campaña pasada fue especialmente negativa, pues se perdieron un total de cuatro. Dos de ellos fueron en el tramo final del curso, en casa y con la salvación ya encarrilada (ante el propio Murcia por 80-83 en la semana de coronación y festejos por la FIBA Europe Cup y contra el Zaragoza por 104-111), pero los otros acontecieron en las jornadas iniciales, a domicilio y en choques en los que el éxito parecía al alcance de la mano e hicieron daño al colectivo: en cancha de los de Sito Alonso en la jornada dos (89-83) y en Girona en la séptima (100-94).

Mala racha

Hace dos temporadas, los hombres de negro perdieron en la prórroga en Tenerife (93-94) y en la 2022-23 no disputaron ninguna. En la 2021-22, con Álex Mumbrú aún en el banquillo, perdieron en Burgos (104-97) y en la última jornada en Miribilla ante el Betis (98-99), derrota que provocó no entrar en el play-off.