Hace apenas dos semanas todo era ilusión en el Surne Bilbao porque pisaba puestos de Copa. Pero el calendario marca tendencias y tres derrotas seguidas, dos de ellas en casa que entraban dentro de lo posible, han situado a los hombres de negro en otra realidad, la de volver a mirar a lo que llega por debajo con la presión añadida de que, con un calendario durísimo en Miribilla, no ganan un partido fuera de casa desde hace más de un año. Hoy, apenas 48 horas después de sufrir una de las peores derrotas de su historia, les toca visitar al Bàsquet Girona, que aún alberga opciones de disputar la Copa y que llega crecido tras vencer en Manresa sobre la bocina.
Sin tiempo para preparar el partido, el Surne Bilbao afronta, ante todo, un reto mental ya que debe analizar lo que ocurrió el viernes, pero no olvidarlo ya que se va a encontrar un rival que también juega a gran ritmo y hace un gran uso de la línea de tres puntos y del rebote ofensivo, que fue precisamente lo que le dio el último triunfo. No obstante, el equipo de Jaume Ponsarnau debe mirarse primero a sí mismo y rescatar cuestiones que, de repente, han extraviado. En las dos últimas citas, el juego colectivo en ataque se hizo por la excelencia defensiva de los rivales y porque, en ocasiones, el talento quiere ir por libre y el Surne Bilbao buscó soluciones que solo generaron aún más desconfianza.
Recuperar la solidez
En la segunda parte ante el Valencia Basket el equipo colapsó en las dos mitades de la cancha, salvo un par de excepciones, y esas malas sensaciones son las que Jaume Ponsarnau y sus jugadores deben borrar hoy en Fontajau. Necesitará el Surne Bilbao de nuevo una versión muy sólida y más contundente que en los últimos choques para superar a un rival que no les hace ascos tampoco a moverse en la frontera de los 90 puntos, sobre todo como local. Moncho Fernández suele disponer casi siempre en cancha a dos manejadores, bien Livingston, Needham o Vildoza, con capacidad de desborde para resolver para sí mismos y alimentar a Hughes, Busquets o Susinskas, siempre dispuestos para recibir y tirar.
El trabajo en el rebote de Martínez, Fernández o Geben y la agresividad defensiva en las situaciones de bloqueo directo obligarán a los bilbainos a ser muy precisos en sus ataques, si no quieren verse atropellados otra vez por un equipo que si coge la racha es temible. En definitiva, es la oportunidad de comprobar de qué pasta está hecho este Bilbao Basket que esta temporada está tocando los extremos.