Han sido tiempos consagrados a las grandes infraestructuras y a proyectos imaginados que a la postre, durante estos veinticinco años, han ido certificando la conveniencia del momento histórico y la coherencia de las inversiones públicas para poder articular y acoplar aquella Bizkaia indecisa e indispuesta al entendimiento que despedía el siglo XX. Una transformación de escaparate, de esa que es observada con deseo y celos al mismo tiempo y que, antes o después, ha alcanzado al conjunto del territorio histórico.
Quizás no haya sido una mutación tan épica como la célebre reconversión industrial que hipotecó las sonrisas de varias generaciones, pero sí más decisiva. Y sin urgencias ni distracciones. Un cuarto de siglo en el que Bizkaia ha aprendido a mirar a otros puntos de la geografía más cercana. A repartir. A diversificar. A no depender de un único relato para mantener su constante y progresiva evolución; o lo que viene a ser, a definir un modelo económico y de crecimiento distinto basado en la industria avanzada y la innovación social, la apuesta por firmas tecnológicas, la energía y la investigación, una estrategia cuántica, la economía de los cuidados...
Todo esto se ha traducido en medios de transporte tan del día a día como el tranvía, que empezó a circular en diciembre de 2002 entre Atxuri y Uribitarte; operaciones de regeneración urbana allá donde ha sido necesario, equipamientos sanitarios y proyectos de distinta naturaleza que durante este primer cuarto de siglo han ido consolidando primero su presencia y luego su arraigo a lo largo y ancho del territorio. Una evolución continua y continuada, gradual –y silenciosa en algunos casos– cuyos resultados son evidentes allá donde se fije la vista: en tierra firme, en el mar e incluso en el aire.
De 2 a 7 millones de pasajeros
Ahí está para dar fe el aeropuerto de Bilbao, que ha soplado hace apenas un par de meses –en noviembre– veinticinco velas para celebrar su actual emplazamiento. Aquel no tan lejano año 2000 acabó con 2.556.373 pasajeros y este se cerrará por encima de los siete millones. Y otro apunte: desde La Paloma es posible volar a 46 destinos –más en verano– frente a los 19 de hace un cuarto de siglo, lo que consolida a este punto como la puerta de entrada de toda la cornisa cantábrica.
Y no es la única infraestructura dedicada a la movilidad que sale airosa de este primer cuarto de siglo. El asfalto también ha tenido su protagonismo debido a los dos planes de carreteras aprobados por la Diputación Foral de Bizkaia que han conducido al cierre del anillo metropolitano con el Corredor del Txorierri –en diciembre de 2003–, una de las vías de alta capacidad que conforman la red viaria del territorio para agilizar los desplazamientos entre municipios y la capital.
En Bilbao, precisamente, tuvo lugar otra de esas gestas que han incidido en la mejora de la calidad de vida diaria de miles de personas –y lo seguirá haciendo en el futuro– con la demolición del viaducto de Sabino Arana. Fueron ocho meses de trabajos de precisión quirúrgica que finalizaron en marzo de 2014. Un poquito antes, en mayo de 2013, se abrían la entrada y salida al botxo por San Mamés. Por proximidad, el nuevo estadio acogía su primer partido de fútbol en septiembre de ese mismo año y en 2015 quedaba inaugurado definitivamente.
Circunvalaciones y cohesión
Y entre medias, otros proyectos arrancaban, concluían o se acercaban a su final. La Variante Sur Metropolitana es uno de estos. Dos fases y dieciséis años de obras (distribuidos en dos fases: 2007-2011 y 2019-2023) para dar forma a un scalextric entre Santurtzi y Arrigorriaga que ha desterrado para siempre el paso de camiones por la autopista A-8, arteria principal para la movilidad de Bizkaia. Los túneles de Artxanda y el calmado de tráfico con la peatonalización y amabilización de calles también han contribuido a eliminar los atascos que en otros tiempos no tan lejanos caracterizaban los accesos y el centro de la villa.
Más recientemente, la implantación de la ZBE (Zona de Bajas Emisiones) en distintos puntos neurálgicos de Bilbao –en fechas próximas se deberán sumar a este medida Barakaldo y Getxo– han contribuido a rebajar la presencia de los vehículos privados en cada vez más calles. Ese calmado del tráfico rodado no ha sido exclusivo de la capital ni de la metrópoli. De hecho, las peatonalizaciones se han prodigado por los municipios al mismo tiempo que las circunvalaciones han ido salpicando la geografía vizcaina. Esas rutas alternativas de circulación han sido un factor clave para fulminar el agobio y el ruido de localidades como Gernika-Lumo, Zornotza o Igorre, curtidas durante demasiados años en el paso de vehículos de toda condición. Todavía habrá que esperar algo para ver completado ese mapa de variantes –la siguiente será la de Markina-Xemein, dentro de un par de meses si se cumplen las previsiones– pero su paulatino despliegue ha puesto de relieve su importancia para el conjunto de Bizkaia.
Y es que han conseguido que con el paso de los años, los habitantes de comarcas periféricas como Uribe Kosta o Enkarterri se puedan sentir más cerca de la metrópoli y, además, sientan que pueden competir en igualdad de condiciones. En 2016, por ejemplo, se inauguraba en la primera de ellas el Hospital de Urduliz como centro de referencia comarcal y en 2024 se hacía lo propio en la localidad encartada de Zalla. Estos equipamientos sanitarios complementan el abundante catálogo de servicios sociales y de atención que a lo largo de este primer cuarto de siglo XXI, de la mano de la Diputación, se han ido integrando en la vida de miles de personas en Bizkaia en forma de centros EtxeTIC, residencias y centros de día, unidades convivenciales…
Tanques protectores
Otras de esas infraestructuras pensadas para el futuro son los tanques de tormenta. El Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia (CABB) lleva dos décadas desarrollando esta red de depósitos subterráneos en distintos puntos del territorio. En los últimos años han sido construidos seis grandes (Etxebarri, Arriandi, Santurtzi, Mungia, Lamiako y Asua) que han supuesto un avance decisivo en la protección ambiental ya que están diseñados para almacenar parte del agua que, de otro modo, desbordaría de las alcantarillas en episodios de lluvias intensas y, de este modo, reducir el volumen de aguas residuales que podrían llegar a ríos y acuíferos sin el tratamiento adecuado. Y otro más, gigantesco, que está en camino en el subsuelo de Barakaldo.
Y es que durante estos veinticinco años, además de haber asistido al florecimiento de proyectos de base industrial avanzada –como el Energy Intelligence Center (EIC) y el Automotive Intelligence Center (AIC)– y amadrinar el emprendimiento y la innovación sin fronteras desde la Torre BAT, Bizkaia también ha celebrado los frutos de iniciativas enfocadas en la sostenibilidad –y discutidas en su nacimiento– como Zabalgarbi. En el vigésimo aniversario desde su puesta en funcionamiento –este pasado mes de octubre– se puso de manifiesto que la planta levantada en Artigas-Arraiz para generar electricidad aprovechando los residuos que ya no pueden ser reciclados está cumpliendo su misión: casi cinco millones de toneladas de residuos –algo así como ocho estadios de San Mamés llenos de basura– han sido valorizadas y se ha generado en torno al 35% de la electricidad consumida por los hogares del territorio histórico.
Un puerto que es tractor
Una solución energética sostenible para Bizkaia de la que también puede presumir el Puerto de Bilbao, inmerso en un proceso para electrificar sus muelles y que no ha parado de crecer durante este primer cuarto de siglo ganando terreno al mar al tiempo que cedía superficies en tierra firme –como ya hiciera en Abandoibarra– para responder a una actividad portuaria cada vez más exigente. Por ejemplo, el último barco que atracó en Zorrotzaurre fue en 2006, el mismo año en que Getxo estrenaba su primer muelle exclusivo para cruceros hasta que en 2017 quedó definitivamente inaugurada la terminal para estas embarcaciones. El año pasado más de 180.000 cruceristas recalaron en este punto de la costa vizcaina cuando en 2006 fueron poco más de 14.000.
Una apuesta de país por el turismo que se ha visto recompensada a lo largo de este cuarto de siglo y que viene a completar aquella otra, también exitosa, que marcó el desenlace del pasado siglo XX con el Museo Guggenheim, levantado precisamente sobre parte de los suelos cedidos por la Autoridad Portuaria a Bilbao Ría 2000. Esta entidad está detrás, precisamente, de los proyectos para la futura regeneración de los municipios que se asoman con orgullo a la Ría.
- 2000 A partir de este año se empezó con la urbanización del hoy populoso barrio de Miribilla, en el botxo, que etapa a etapa ha ido configurando su actual estética con el icónico Bilbao Arena (2010), el colosal frontón Bizkaia (2011) y las nuevas dependencias de Bomberos y Policía Municipal.
- 2004 La población de Bizkaia asiste a la apertura de dos centros comerciales que hoy forman parte de la vida de miles de personas: Megapark, en Barakaldo, y Zubiarte, en Abandoibarra.
- 2008 Los rascacielos gemelos de Isozaki Atea abren las puertas a sus residentes en Bilbao. Y Osakidetza hace lo propio con su modernista edificio de Licenciado Poza. En Portugalete queda inaugurado el centro comercial Ballonti.
- 2010 El renovado Mercado de La Ribera es presentado en sociedad después de 17 meses de obras y cuatro días de mudanzas.
- 2012 La Torre Iberdrola, el edificio de oficinas más alto de Euskadi con 165 metros de altura y 41 plantas, entra a formar parte de la historia más reciente de Bilbao y de Bizkaia.
- 2021 Primark desembarca en Bilbao con su megatienda y se abre la plaza de la Intermodal, inaugurada dos años antes, en 2019.
Y Bilbao ya tiene isla
Y aunque no tiene carta puebla, Zorrotzaurre es otro de esos espacios ribereños que a lo largo de este cuarto de siglo ha confirmado su protagonismo como la última gran superficie por conquistar en la capital: el último Ensanche de Bilbao, como fue presentado en 2001 cuando quedó constituida la Comisión gestora encargada de acordar y diseñar la transformación de este espacio que atraviesa por una etapa de pleno desarrollo. En 2018 este lugar se convirtió en isla tras ser abierto el canal de Deusto. Y después, en buena lógica, llegaron los puentes para ensamblar este punto con el callejero bilbaino. Primero el diseñado por Frank Gehry y el último, el pasado 2024, en San Inazio.