El Robinson Crusoe moderno
Jim Moran, alero del Gran Canaria ha vivido 28 de sus 32 años en una isla Nacido en Long Island y de origen irlandés, ha jugado toda su carrera profesional, diez temporadas, en el conjunto amarillo
Aterrizó en Gran Canaria el verano de 2001 procedente de la Universidad de William&Mary, un renombrado centro de estudios superiores ubicado en Virginia en el que se han formado, entre otros, los expresidentes de Estados Unidos Thomas Jefferson, John Tyler y James Monroe, el actual secretario de Defensa Robert Gates y la actriz Glenn Close, y casi diez años después sigue en la isla, transformado prácticamente en canario, con un pedazo de su corazón siempre pendiente de los resultados de la UD Las Palmas de fútbol y un marcado acento autóctono en su castellano.
Jim Moran (3-XII-1978, New York) es un especimen especial en el siempre cambiante mundillo del baloncesto, donde los contratos acostumbran a ser cortos y los cambios de uniforme constantes. Pese a que sus números nunca han sido descollantes (su mejor media de anotación data del ejercicio 2004-05 con 8,5 puntos de media), este rubio alero nunca se ha visto obligado a cambiar de aires y hasta el momento ha logrado desarrollar toda su carrera profesional en un solo equipo, con el que mañana visitará el Bilbao Arena, algo que muy pocos pueden decir. De hecho, en la Liga ACB únicamente hay una unión más duradera que la suya y la escuadra amarilla: la de Berni Rodríguez y el Unicaja, que cumple doce cursos.
Como si de un moderno Robinson Crusoe se tratara, aunque sin naufragio de por medio, la vida de Moran se ha desarrollado íntegramente en una isla salvo el paréntesis de sus cuatro años universitarios en Virginia. Nació en Long Island (New York), cursó estudios en un instituto local (St. Dominic) compitiendo contra jugadores que posteriormente triunfarían en la NBA como Lamar Odom y Ron Artest y posteriormente encontró acomodo en Gran Canaria. Incluso sus orígenes datan de otra isla, Irlanda, selección con la que ha jugado y país donde cuenta con numerosa familia. "Muchos amigos míos me gastan bromas porque dicen que siempre estoy viviendo en una isla", reconocía el jugador recientemente en una entrevista concedida a la revista Gigantes.
una pieza clave Moran, que comenzó a practicar el baloncesto para seguir la estela de sus tres hermanos mayores, en cuyos entrenamientos era un asiduo, llegó a Gran Canaria con la incertidumbre que acompaña a todo jugador estadounidense cuando recala en su primer destino europeo, pero no tardó en convertirse en una pieza clave en el vestuario -"soy un canario más que sólo está esperando sus papeles, tengo ese sentimiento", reconoce- y en la cancha, donde a pesar de no haber tenido nunca un papel estelar siempre ha cumplido con los deseos de sus entrenadores, ya fuera como revulsivo ofensivo o como secante de la estrella del perímetro rival. De ahí que siempre haya regresado, que todos los entrenadores que han pasado por el banquillo insular hayan querido contar con él.
De hecho, Moran ha visto pasar por el vestuario a un total de 79 compañeros en estas diez temporadas, siendo él y en menor medida Sitapha Savane, que cumple su séptima campaña en la plantilla, los que más tiempo llevan haciendo las delicias de los incondicionales del Centro Insular de Deportes y protagonizando los hitos de un club que pese a sus apreturas económicas se caracteriza por su buen ojo para los fichajes, lo que le ha permitido ser un habitual de las eliminatorias por el título (ha disputado siete de las ocho últimas) y las competiciones europeas.
Sus minutos en cancha han ido descendiendo con el paso de las temporadas, pero a los 32 años todavía es capaz de meter cuatro triples de otros tantos intentos como hizo en la séptima jornada ante el Menorca o de firmar una valoración de 14 puntos en 21 minutos hace dos semanas en el enfrentamiento contra el Cajasol. Considera que todavía le queda cuerda para rato y reconoce que le gustaría seguir en Gran Canaria, en una isla. Como toda su vida. Como si de un Robinson Crusoe moderno se tratara.