La final de Copa número 42 se complica para un Athletic al que se le atragantó el primer sorbo de la seminal ante una Rel Sociedad que ganó el asalto inicial porque fue mejor que un conjunto rojiblanco pobrísimo, como suele ser la tónica general de esta temporada, de fútbol, que está años luz de su mejor versión y que tiene tres semanas por delante para recomponerse si quiere darle la vuelta a la eliminatoria en los 90 minutos decisivos de Anoeta.
Lo mejor: La versión de Padilla y una derrota que no es definitiva
El Athletic se ha acostumbrado este año a hacer la vida imposible a su parroquia, que se están llevando esta temporada muy pocas alegrías al cuerpo y anoche volvió a dormir bajo la amargura que le dejó la imagen de un conjunto rojiblanco que ofreció muy pocas cosas positivas que llevarse a la boca. Una de ellas la protagonizó Alex Padilla, que cantó en el tanto del Valencia una semana atrás en Mestalla y que casi cuesta la eliminación y que, en cambio, en el derbi de ayer se reivindicó con actuaciones que resultaron prodigiosas para que su equipo no se llevara una derrota más amplia y que habría convertido el partido de vuelta en una utopía para los leones, a los que no les sirvió el corazón ante la superioridad futbolística de la Real.
Tal es la resignación que una parte de su masa social considera que lo mejor que sucedió fue la corta victoria realista, a la que se agarra para ilusionarse, aunque sea con poco énfasis, con una hipotética remontada en Donostia, que a día de hoy se antoja casi como una cuestión de ciencia-ficción. El hecho de que ese encuentro definitivo tenga lugar dentro de tres semanas añade un puntito de confianza, porque quizá este Athletic ha tocado fondo en su fútbol y es muy difícil que lo haga peor; al mismo tiempo que queda la esperanza de que referencias como Sancet, Berenguer o Vivian se recuperen a tiempo, no solo de sus respectivas lesiones, sino también de sus momentos de forma y recuperen sensaciones cercanas de las que presumieron la campaña pasada. Por lo menos es la lectura que hacía el athleticzale tras la conclusión de un primer capítulo decepcionante.
Lo peor: El fútbol muy poco fiable del Athletic
El momento actual de este Athletic genera cierto estupor, especialmente porque su nivel futbolístico deja mucho que desear y tampoco se detectan brotes lo suficientemente verdes para creer que en lo que resta de curso su mejoría subirá como la espuma. Competir en una semifinal de Copa ante tu vecino, al que le pone muchísimo superar al Athletic, a un nivel tan pírrico no hace más que acentuar en los males y poner el foco en el banquillo, porque Ernesto Valverde tampoco transmite ese músculo para levanta el ánimo de una afición que asiste incrédula a la impotencia de su equipo en lo que va consumado sobre todo de 2026, donde los leones se han despedido de la Champions, prácticamente de sus opciones europeas en liga, donde el objetivo se ha reducido a la permanencia, y el adiós a la Copa puede certificarse el 4 de marzo.
Una decadencia futbolística que se detecta en la falta de ideas y recursos para generar peligro en el área contraria salvo fogonazos esporádicos fruto del empuje impulsivo y por los desajustes defensivos, como ocurrió ayer en un par de acciones, especialmente en la primera ocasión clarísima que gozó la Real por medio de Pablo Marín y en la acción del tanto que decidió el partido. El dato es demoledor. El Athletic encadena doce encuentros consecutivos sin dejar la puerta a cero, con la friolera cifra de 26 tantos encajados. Y con semejante debilidad es harto complicado a aspirar a objetivos importantes.