Los perfiles de las personas que viven en la calle sin hogar son muy variados. Según fuentes de Cáritas, relacionan este echo en primer lugar con el fuerte incremento del precio de las casas, la falta de vivienda pública o como resultado de la precarización y una insatisfecha situación laboral. Es numerosa la existencia del sinhogarismo, aspecto que se va agrandando y no deja de crecer.

No existe un censo exacto de las personas que viven a la intemperie o el suelo raso. Eso hace que los organismos oficiales no puedan precisar el número de las personas inmersas en la situación.

Podrían ser, a su juicio, más de cinco mil, a su juicio, se distribuyen en albergues, centros sociales, comedores, etc. Las instituciones vascas y profesionales del sector entienden que el problema habitacional debe tener una rápida y clara solución.