El primer asalto de la semifinal de Copa puso en el foco al colegiado José María Sánchez Martínez (Lorca, 1983), quien exhibió la personalidad que le caracteriza para conducir con nota alta un derbi de máxima intensidad en el que el Athletic nada pudo achacarle por la derrota. No faltaron las acciones polémicas en el transcurso del encuentro, con airadas quejas una vez más desde el prisma donostiarra, pero la gestión del trencilla del colegio murciano fue de notable alto en un derbi en el que dejó jugar y que fueran los futbolistas los protagonistas de la película.

El choque, el cual algunos habían tratado de ensuciar de antemano acusando de repetidos favores arbitrales al Athletic haciendo referencia a la expulsión de Brais Méndez en el reciente derbi liguero por su manotazo a Aitor Paredes y a la roja directa que vio también el levantinista Alan Matturro en el compromiso liguero del pasado domingo en San Mamés, no se libró de esa cuota de polémica tan vieja como el propio fútbol. En el césped, donde habla realmente el balón, el contexto de la cita no condicionó lo más mínimo a Sánchez Martínez, a quien Ernesto Valverde elogió en la previa al señalar respecto a su figura que “es un gran árbitro, uno de los mejores”. La frase, criticada también por algunos, cómo no, se encargó de validarla Sánchez Martínez, debutante en Primera División en 2015 e internacional desde 2017, con una sobria actuación desde el pitido inicial.

Magnífico en la dirección del encuentro con solo cuatro tarjetas amarillas mostradas pese a la multitud de duelos cuerpo a cuerpo con continuas peticiones de faltas y amonestaciones por parte de los dos equipos, el juez de la contienda vivió en el minuto 44 la jugada más polémica de la noche. Reclamaron con vehemencia los jugadores de la Real Sociedad un penalti por mano de Aymeric Laporte y estuvo detenido el juego durante largos minutos, pero no hubo revisión en el monitor a pie de campo después de que Sánchez Martínez reuniera a los capitanes para explicarles la situación. Acto seguido, con los ánimos encendidos en el bando txuri-urdin, Jon Aramburu se echó al suelo intentando sacar tajada de un empujón con el cuerpo de Adama Boiro. Agua. No picó el colegiado, que se guardó las tarjetas.

El primero en ver la amarilla fue para más inri Gonçalo Guedes por un piscinazo en el tramo inicial de la segunda mitad. Protestó airadamente el portugués, pero volvió a acertar Sánchez Martínez, a quien no se le fue el derbi en ningún instante.

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Williams, sin quejas

Reflejo de ello, pese a la derrota, fueron las declaraciones al término del partido de Iñaki Williams, quien apuntó respecto a la acción de la mano de Laporte que el colegiado “al principio nos ha comentado que lo iban a revisar y cuando le han llamado nos ha dicho que la mano en la que le da es la que más cerca tenía del cuerpo y estaba prácticamente pegada, por lo que no era punible. Es un grandísimo árbitro, tiene personalidad, el VAR ha estado muy bien y ha sido lo justo”.