Qué bonita es la Copa, por mucho que quienes la organicen se empeñen en desdibujarla pensando siempre en los intereses de los dos de siempre: Barcelona y Real Madrid. Claro que en esta ocasión, por aquello de que quienes han participado, o penado en el caso del Athletic, en la Supercopa tenían el premio de enfrentarse a un rival de inferior categoría, los rojiblancos se aprovecharon de la circunstancia y, aunque no sin sufrimiento, muchísimo más del deseado, ya están en los cuartos de final. Y menos mal que el Athletic se enfrentó a un equipo como la Cultural y Deportiva Leonesa, cuyo único objetivo de aquí a final de curso es el de salvar la categoría sea como sea. De lo contrario, a poco que el rival hubiera tenido un nivel más elevado, la historia a contar habría sido bien distinta.
Y eso que Ernesto Valverde no se guardó nada. Salvo Unai Simón, cuyo puesto lo ocupó Alex Padilla, y Yuri Berchiche, que en su vuelta al equipo tras un mes de lesión arrancó en el banquillo, el resto fue un bloque totalmente reconocible, plagado de titulares. Un equipo muy parecido al que cayó goleado por el Barcelona en Yeda una semana atrás. Pero como al técnico le da por repetir una y otra vez en busca de dar con una tecla que parece oculta, pues a nadie puede sorprenderle lo presenciado anoche en una primera parte loca. Serán cosas de la Copa. O que el equipo no está para mucho más que deambular por la cuerda floja.
Habrá que darle también las gracias a José Ángel Ziganda, que bastante tiene con lo que tiene en liga, con un equipo al que llegó tras seis jornadas y en puestos de descenso, pero al que ha conseguido reflotar a base de cierta consistencia y regularidad, por apostar por un once plagado de suplentes. Pero claro, si por el camino te topas con un Athletic que está para lo que está, poco o nada, que ofrece síntomas de debilidad día sí y día también, pues con poco vale para ponerle en apuros. Y ese poco es que Kuko dispuso una alineación con únicamente tres titulares. Cuestión de prioridades, claro.
Pero con eso le bastó para hacer tres goles en solo 45 minutos y generar una sensación de seguridad en la zaga rojiblanca que hacía mucho tiempo que no se veía. Ni tan siquiera en el 5-0 de una semana atrás en tierras saudíes. Lo de la defensa en la primera mitad fue un auténtico despropósito. Faltó muchísimo de todo, partiendo de conceptos básicos como la colocación, circunstancia extrapolable también al resto de demarcaciones, y muchísima intensidad. Por lo menos, esta vez no falló la puntería ante la portería rival y Gorka Guruzeta, con dos muy buenos remates, y Oihan Sancet, de penalti, lograron igualar el marcador hasta en tres ocasiones.
Si lo del Athletic en la primera parte fue todo un ejercicio de supervivencia, qué decir de lo acontecido en el segundo acto y en toda la prórroga. El equipo pareció salir más enchufado del descuento. Algo les diría Valverde, con razón, pues la actitud pareció otra y la predisposición a dominar el juego fue mayor. Pero quiera que parece que no puede haber un solo día sin que a alguien dé por pegarse un tiro en el pie, anoche le toco el turno a Aitor Paredes, que se autoexpulsó por decirle algo al juez de línea.
Comenzó entonces otro partido, mucho más sufrido si cabe. El Athletic fue poco a poco cerrando filas en torno a su área. Lo hizo, seguramente, deseando que llegaran los penaltis. Una sensación que a buen seguro se disparó cuando la CyD Leonesa marcó el cuarto, que le fue anulado por fuera de juego. Después llegaron Nico y Unai Gómez al rescate y el Athletic espera ya a un nuevo rival en su camino hacia La Cartuja. Que pase el siguiente.
La cifra
20
El Athletic ha superado las 20 últimas eliminatorias de Copa que ha disputado a partido único contra rivales de inferior categoría. Esta temporada ya suma dos después de dejar en el camino a Ourense y CyD Leonesa. Cayó eliminado por última vez ante la Gimnástica de Torrelavega en la temporada 2003-04.