Año nuevo… ¿vida nueva? A medias, se podría decir. El Athletic necesitaba una sacudida después de una segunda mitad de 2025 para olvidar, con infinidad de derrotas y, en líneas generales, una imagen muy alejada de esa buena y convincente versión que ofreció durante los primeros meses del pasado año. El propio Ernesto Valverde reconoció en la previa de la visita a Osasuna, horas antes del derbi con el que tocaba estrenar 2026, que este pequeño parón navideño les ha servido para “hacer una pequeña reflexión sobre la mitad de temporada que llevamos (…) hay cosas que tenemos que mejorar y en las que nos tenemos que centrar”. En definitiva, el técnico pidió a los suyos dar un paso al frente para darle la vuelta a una situación que, si bien no era aún para encender las alarmas, empezaba a ser preocupante. Y como quiera que entre los blancos y los negros hay grises, después del empate contra Osasuna no cabe calificar el arranque de 2026 con otra palabra que no sea agridulce.

El Athletic sigue en 2025, o al menos lo estuvo durante la primera mitad de su partido en El Sadar. En la primera mitad no hubo ni rastro de eso que Valverde había demandado a sus jugadores. Cierto es que dispusieron de varias ocasiones, alguna más o menos clara, como la que tuvo Gorka Guruzeta en la única transición medianamente decente del primer acto y que solventaron entre Sergio Herrera y el palo. Pero la primera media hora de partido fue tétrica. Bastaba con que Osasuna enlazara un par de pases con criterio en campo rojiblanco para que el entramado defensivo se descompusiera y los jugadores rojillos se plantaran con bastante facilidad en la inmediaciones del área defendida por Unai Simón.

El portero fue el gran protagonista de la primera mitad. Lo fue en clave positiva, porque sacó un par de buenas manos, una de ellas de enorme mérito, pero también en el aspecto más negativo, pues falló clarísimamente en el gol de Osasuna. Simón pudo hacer mucho más en el lejano disparo de falta de Rubén García, que se coló por el centro sin que el balón hiciera ningún extraño.

Ernesto Valverde durante el derbi Efe

Claro que el error del guardameta fue como poner el broche a una jugada en la que se sucedieron distintos fallos en cadena con la implicación de varios futbolistas rojiblancos. Una mala salida de balón, un mal despeje, una falta absurda... En definitiva, un claro ejemplo de que el Athletic aún no había cambiado de año.

Y de nuevo, con esa sensación extraña de que cualquier mínimo error se convierte en una enorme penalización, los rojiblancos llegaron al descanso con cara de tontos y enfadados, con razón, por el extraño criterio arbitral.

Tuvo trabajo Valverde al descanso para recomponer al equipo. Y algo haría, pues la imagen en la segunda mitad fue bastante mejor. Ir a peor habría sido para que las alarmas se pusieran todas en rojo, pero los jugadores reaccionaron. Comenzaron a funcionar como un bloque, mucho más reconocible que lo visto hasta el momento. No hubo grandes jugadas elaboradas, tampoco una sensación de agobio sobre la portería defendida por Sergio Herrera, pero sí se vio a un Athletic notablemente mejor plantado, con las ideas más claras y, sobre todo, mucho más conjuntado.

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Así, vivió casi todo el segundo acto, con alguna contada excepción, en campo de Osasuna. Se notaron las urgencias de un equipo que quiso vender cara la derrota y Gorka Guruzeta encontró el premio del gol, su segundo tanto en liga, después de intentarlo hasta la saciedad. Robert Navarro le filtró un gran pase y el delantero ejerció de killer. Control y remate ajustado para poner la igualada y dejar en agridulce el estreno de 2026.