En medio de la noche, con esa tormenta de lesiones que cayó sobre su cabeza, un fútbol díscolo y descabezado en no pocas ocasiones, un sistema defensivo repleto de grietas y magulladuras, tiempo de sequías de gol (ha mejorado las cosechas en las últimas jornadas...) y un buen puñado de derrotas a sus espaldas, incluidas las sufridas en San Mamés, tierra fecunda para el Athletic hasta hace no poco, el sueño sigue vivo. El Athletic, que pasó y salió por la Champions League como un bravo gladiador, repleto de heridas pero entre hermosas batallas libradas, mira al frente y otea el horizonte con un halo de esperanza.

El propio presidente, Jon Uriarte, explicó hace unas semanas que el objetivo era la supervivencia: 42 puntos como alimento. Nico Williams ha aceptado que ha de frenar ese vaivén de entro y salgo, propio de un Caballo Loco embravecido contra el General Custer de las lesiones, la tan temible pubalgia, experta en celos y trampas, y parará para pensar en la estrategia que le devuelva al campo de batalla con garantías y el una y otra vez de fines de semana y miércoles se ha frenado. El sol de la fatigas quema menos.

Ahora, a las puertas del último tercio de la temporada, el Athletic tienta la ropa y calcula las pérdidas y las posibilidades. Sabe que se ha dejado oportunidades en el camino pero mira y ve, ve que el porvenir no es tan negro como cuando miraba hace no mucho.

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De momento, se ha alejado del precipicio de los puesto ardientes a siete puntos de distancia, con el consuelo –triste, si se quiere, pero consuelo al fin y al cabo...– de haber colocado una serie de barricadas en la tabla de clasificación. Eso y que la tan añorada Europa asoma la puntita y aparece a cuatro puntos de distancia, una distancia para nada insalvable si se juzga que los equipos de Valverde acostumbran a ser más eficaces en los atardeceres de la competición que en sus amaneceres. Estuvo en un tris de no levantarse del partido de ida de semifinales de Copa frente a una Real Sociedad, que creyéndole muerto le dejo malherido pero con vida aún.

Los últimos tres partidos de liga (siete de nueve puntos posibles,,,) le han permitido abrir brecha contra el infierno y han alimentado su esperanza. Ahora mira a lo lejos el partido de Anoeta con una media sonrisa. “Y si somos, y si somos capaces...”, parece decir ese gesto. ¿El viejo guerrero caído?, sí. ¿El viejo guerrero muerto, carne de fieras? ¡Eso jamás! Habrán de cambiar cosas. Por ejemplo, volver a las defensas sólidas y recuperar a jugadores cuya ausencia siempre se nota. Sancet parece que llega al rescate, Ruiz de Galarreta dejará sus últimas fuerzas en ordenar a los ejércitos, Iñaki Williams reaparece en el frente de batalla, algunos heridos regresan y cuando todo parecía noche cerrada, se abre. Se abren las esperanzas.