Elizegi y Alkorta, matrimonio de conveniencia en el Athletic

El lamentable episodio vivido en el Athletic esta semana refleja la ausencia de un proyecto basado en unas directrices claras y compartidas por los diversos responsables del club

11.10.2020 | 01:13
Imagen de la rueda de prensa de Aitor Elizegi del pasado jueves.

 La imagen del Athletic como institución ha sufrido un evidente deterioro en la semana que termina. No se ha salvado de la quema ni uno solo de los agentes que representan a los estamentos del club implicados en los acontecimientos encadenados a raíz de que trascendió la posibilidad de que Fernando Llorente volviese a Bilbao. El malestar que se percibe en el entorno nace de la constatación de que la entidad está manga por hombro, sin control jerárquico ni directrices nítidas, o no se hubiese asistido a un episodio que alienta una justificada preocupación.

A la vista de los hechos, resulta sencillo concluir que la sensación de fragilidad que ofrece el Athletic es consecuencia directa del desgobierno instalado en su seno. Una percepción que parece al alcance de cualquiera, no en vano es lo que se denuncia en la práctica totalidad de los análisis. Se ha observado incluso cierta unanimidad en el enunciado de los reproches y la adjudicación de las culpas, pero es llamativo que una parte de estas reacciones haya estado revestida de un cierto tono de sorpresa. Leyendo y escuchando determinadas valoraciones se deduce que este lío les ha pillado con el pie cambiado, como si hubiera sucedido algo inesperado, inimaginable, un desmadre que no encaja con el perfil, las aptitudes y el proceder de los implicados.

Seguro que hay quien acaba de caerse del guindo, siempre hay gente despistada, pero mosquean algunos rasgados de vestiduras; causa extrañeza la indignación de quienes venían aplaudiendo o dando por bueno cada paso dado en Ibaigane o Lezama en el mandato de Aitor Elizegi. El viraje obedece sin duda a la magnitud de la crisis: esta vez no cabía pasar de puntillas o mirar hacia otro lado. Pero admitida la gravedad de lo ocurrido, cómo sostener que se trata de un borrón, un accidente. Si las costuras del club han quedado al descubierto con semejante crudeza solo puede ser por la inexistencia de un proyecto consolidado y coherente.

el detonante

A lo mejor para detectar esta realidad era preciso un desencadenante como el que ha servido en bandeja el caso Llorente, que, no se olvide, en absoluto es un asunto nuevo. En enero de 2019, recién aterrizada la directiva en Ibaigane, ya se suscitó en junta la captación del delantero del Nápoles. Entonces se adoptó una decisión firme en el sentido de desestimar la operación. Confluían diversas razones, no todas deportivas y de sobra conocidas por el cuerpo social. Al cabo de año y medio, vuelve a activarse la opción de Llorente, objetivamente muy devaluada desde el prisma deportivo.

Y sucede en plena crisis de resultados y de identidad del equipo. El detalle es crucial pues demuestra la volubilidad de los dirigentes del Athletic, que ceden ante la presión que ejerce el vestuario. Presidente, directivos, director deportivo, entrenador y dos capitanes, se posicionan en contra del argumentario original de la institución. No todos ellos se desdicen, pero entre todos montan una gorda. Y además, a escasas horas del cierre del mercado, lo que aún resalta más su nerviosismo y falta de perspectiva. Para redondear la escena, el sainete es seguido en directo desde fuera del club gracias a la indiscreción de los protagonistas. Otra de las características que define a las diferentes instancias del club.

Elizegi habla sobre el no fichaje de Llorente. Vídeo: Pablo Viñas


Frustrado el retorno de Llorente, continúa el baile de versiones y las hay que se contradicen al ser expuestas en ruedas de prensa oficiales. El desbarajuste adquiere cotas impensables, pero retractar no se retracta nadie. Al revés, tanto Elizegi como Rafa Alkorta hablan como si la cosa hubiese discurrido por los cauces normales, cuando es patente que se les ha ido de las manos. Ni les preocupa incurrir en contradicciones flagrantes, al menos no al presidente que es quien deja a su responsable deportivo en mal lugar. Pese a todo, se esfuerzan en vender unanimidad y sintonía, apelando a un supuesto consenso que no ha sido tal. Son demasiados los agentes que han visto cómo su deseo, fichar a Llorente, quedaba en agua de borrajas y así lo ha percibido quien se haya molestado en atender la sucesión de avances, frenazos y giros que han dado forma a un auténtico esperpento.

la raíz

Quizá para comprender que el Athletic esté sometido a semejante trato haya que ir hasta la génesis del desembarco de los actuales rectores. Aunque para muchos pasase desapercibido, conviene recordar que a muy pocos días de las elecciones Elizegi anunció que Alkorta era su hombre para dirigir profesionalmente el área deportiva. Alkorta había sido el escogido para dicha función por José Antonio Jainaga, empresario que dejó la carrera electoral al comprobar las dificultades de índole económica que implicaba la asunción de la presidencia. Elizegi corrió a contactar con Alkorta y recibió la negativa de este, fiel a su mentor original. Pero el teléfono del exfutbolista no dejó de sonar hasta que Elizegi se salió con la suya.

Al candidato Elizegi le daba igual quién y para qué, la persona y el plan. Pese a que llegó a afirmar que llevaba años preparando programas y proyectos para gobernar el Athletic, lo cierto es que se aferró a última hora a una figura conocida para lucirla en el escaparate. Fue lo que se llama un matrimonio de conveniencia, donde cada uno vela por sus intereses particulares y no necesariamente congenian para convivir o piensan igual. Este es el pilar sobre el que sustenta el área de la que depende en gran medida el porvenir del club y es asimismo el germen de historias tan tristes como la de esta semana.