Iñigo Córdoba ejerce de guadiana en una banda

En su tercera temporada en el equipo, al zurdo le cuesta asentarse y es el primer descarte en las convocatorias pese a que ninguno de los extremos logra ofrecer un buen rendimiento

09.02.2020 | 18:10
Iñigo Córdoba, en las instalaciones de entrenamiento de Lezama. Foto: Borja Guerrero

BILBO. En el actual contexto pesan más los últimos resultados, por desfavorables, que la desahogada situación clasificatoria. La felicidad que trajo el brioso comienzo de liga y que aún sostiene al Athletic en la séptima posición, ha decaído a la par que la imagen del equipo y las dudas y las críticas no se han hecho esperar. Se cuestionan diversos aspectos del rendimiento, al entrenador se le piden cuentas y son bastantes los futbolistas señalados. Lógicamente la atención se centra en aquellos que juegan con mayor asiduidad, pero el descontento contribuye a que se hable más de quienes permanecen en segunda línea. Es normal, se quiere creer que existen alternativas capaces de mejorar lo que se está haciendo y se supone que sus probabilidades aumentan tras dos derrotas consecutivas.

Entre los hombres que se mueven a ambos lados de la frontera que separa a titulares y suplentes se podría citar a Iñigo Córdoba. Para el bilbaino no es nueva la presente tesitura: sin continuidad, apto para figurar en el once y con frecuencia siendo prescindible, incluso en las convocatorias. Acaba de iniciar su tercera temporada en el Athletic y por el momento sigue sin asentarse. Los 70 partidos en que ha intervenido no son pocos para alguien que en marzo cumplirá 23 años, aunque seguramente él opinará lo contrario.

José Ángel Ziganda le hizo debutar en agosto de 2017 y en 41 partidos acumuló algo más de dos mil minutos, que para empezar constituye un buen registro. Se debe recordar que una grave lesión de Iker Muniain le despejó el camino, pero Córdoba tuvo razones para quedar encantado de la experiencia, como reconoció a este diario. Para la campaña siguiente se propuso como meta alcanzar cierta estabilidad. Pretendía superar el rol del novato para convertirse en uno más en la plantilla. De entrada, el plan se torció: Eduardo Berizzo ni reparó en él. Prefirió a otros en su demarcación: Muniain, Yuri, Raúl García, Guruzeta y Ganea. Jugó de salida un único encuentro, incompleto, y tuvo además un par de ratos en catorce fechas.

La suerte cambió para Córdoba con la llegada de Gaizka Garitano, que le buscó acomodo en su pizarra en dieciséis ocasiones y en otras siete le empleó como recambio. Para entender su situación podría establecerse una comparativa con el caso de Unai Núñez, que se estrenó en Primera el mismo día que Córdoba, cubrió la baja de Yeray Álvarez con nota y posteriormente ha seguido más partidos desde el banquillo que desde la hierba. Pero la problemática que se da en la defensa no guarda paralelismo con lo que sucede en las bandas, más en concreto en la izquierda, donde siempre se ubica a Córdoba.

Se trata del único zurdo entre los candidatos a jugar arriba por los costados, pero dicha singularidad se ha revelado insuficiente para decantar la balanza de su lado. Tanto Muniain como Ibai le han disputado el sitio y ambos, muy claramente el primero, suman más minutos. Les beneficia el hecho de que Garitano considere que pueden moverse indistintamente por las dos alas, mientras que Córdoba parece destinado a vivir en la izquierda.

itinerario Un contratiempo físico le privó de ser llamado en las dos primeras jornadas y en cuanto tuvo el alta médica, coincidiendo con el derbi con la Real, figuró en la alineación. Estuvo correcto y repitió en Son Moix, donde anduvo más perdido. Relevado antes de la hora, pasó a la grada con motivo de la visita del Alavés, pero volvió a contar en Butarque. Y ahí se diría que pagó los platos rotos de un empate sin gracia porque en el descanso fue reemplazado y su nombre no ha vuelto a asomar ni contra el Valencia ni contra el Celta.

Comprobada la facilidad con que desaparece del escaparate, se diría que a Córdoba le corresponde uno de los peldaños más bajos en el escalafón que preside la nómina de los extremos. Agregar, a modo de impresión, que de no producirse un giro inmediato le va a costar alterar la jerarquía vigente porque el cómputo de los méritos de cada uno de los aspirantes refleja un nivel medio bastante flojo. Al respecto es ilustrativo que acaso la aportación más interesante haya corrido a cargo de Gaizka Larrazabal, el último en llegar y quien menos ha contado. Pero mientras Larra, Muniain e Ibai o De Marcos, se cuelan en las convocatorias, Córdoba no.