José de Labauria, el alcalde que no quiso volver a la Gernika franquista

A pesar de ser una figura clave en el raid nazi e italiano hace 85 años, José de Labauria es un personaje relegado

24.04.2022 | 01:11
Instantánea de José de Labauria, primer edil de la localidad foral durante el bombardeo.

La pregunta es concreta: ¿Se reconoce la figura de quien fue alcalde de Gernika durante el bombardeo contra la villa de 1937? La respuesta es más breve: No. Se cumplen ahora diez años de cuando el Ayuntamiento de Durango junto a Gernikazarra Historia Taldea publicaron lo siguiente: "El episodio del bombardeo de Gernika salió a la prensa internacional y se inició con un intenso cruce de declaraciones. El Gobierno vasco contestó firmemente la negación del ataque, implicándose en ello el propio lehendakari Aguirre. Y en ese contexto aparece el alcalde de la destruida Gernika, José de Labauria, dando al mundo, junto con otras personalidades, su firme y veraz versión de los acontecimientos. Solo por ese testimonio, se hizo acreedor, para siempre del reconocimiento y el recuerdo de los habitantes de Gernika".

Los descendientes de este luchador de la democracia y Euzkadi también lo tienen claro. "No se le conoce, a pesar de que fue el alcalde de Gernika, valiente y consecuente. Llegó a lamentar que no le fusilaran. Lo llegó a decir tras salir de la cárcel muy enfermo, ya que no quiso operarse ni que le trataran", aporta su nieta Deunore Labauria y va más allá: "Desde que llegó a alcalde hasta el bombardeo, perdió más de 20 kilos de peso".

Su figura ya fue significativa antes del demoledor 26 de abril de 1937, cuando las bombas de Hitler y Mussolini, con el beneplácito de los militares golpistas españoles, volatilizaron la simbólica villa vizcaina y dejaron muertos y heridos. Labauria fue una persona con inquietud cultural. De hecho, colaboraba con el diario Euzkadi y reivindicó en todo momento la creación de una universidad vasca. Para esto último, se manifestó con una pancarta junto a otros jóvenes nacionalistas vascos durante la celebración en Gernika de unas jornadas organizadas por Eusko Ikaskuntza. En el acto estuvieron presentes el rey español Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia de Battenberg. "El hecho le acarreó una detención por parte de agentes de la Guardia Civil", informan.

En aquellos días de septiembre de 1922, tenía 34 años y ya destacaba como un reconocido abertzale. Destacó en los frontones como pelotari así como "conversador extraordinario". José –hijo de Martín de Labauria, recordado alcalde carlista de Gernika a finales del siglo XIX– era conocido en el municipio como Txapeltxu y por ser un destacado miembro del PNV local que ocupó cargos en la organización municipal del partido.

José entró como concejal por el PNV al Ayuntamiento de Gernika el 12 de diciembre de 1936, cinco meses después de comenzar la guerra militar tras un golpe de Estado promovido por generales españoles. "Pero fruto de la guerra y de la propia dinámica de los partidos, se vivió un periodo de radicalización con respecto a otros tiempos. Así, por ejemplo, los socialistas pidieron la dimisión del alcalde Basilio Astelarra, de ANV, o a los nacionalistas del PNV criticando la no presencia de la ikurriña en el balcón consistorial", valoran y van más allá: "Esto último lo remedió Labauria, quien, ejerciendo de alcalde accidental, ordenó colocar la ikurriña el domingo 17 de enero de 1937".

Fue casi un mes después, el 13 de febrero, cuando la formación municipal republicana votó y adoptó por unanimidad nombrar como alcalde a José de Labauria, bajo las siglas del PNV. "Consecuente con sus ideas euskaltzales, decidió emitir desde su nombramiento todas las comunicaciones en euskera". Y llegó el bombardeo fascista contra Gernika. "Estaba yo en la casa Ayuntamiento cuando oí las campanas de alarma a las cuatro y diez minutos de la tarde. A continuación, las de peligrosidad. Salí al balcón y vi cómo un avión franquista venía del Bizkargi", detallaba a Joxe Miel Barandiaran en Lapurdi, testimonio que recogió el historiador Josu Chueca en un libro.

El alcalde oyó una detonación y bajó al refugio del Ayuntamiento. Vio ocho aviones. Sintió las explosiones, algunas de ellas sobre ellos, "pero el refugio aguantó". Creyó que, al no poder salir, moriría junto a más de 350 vecinos allí escondidos. Pero consiguieron desobstruir la ventanilla y después la puerta. Para asegurar la conexión telefónica, Labauria se trasladó a Muxika. Pidió la presencia de los bomberos de Bilbao y detalló lo ocurrido a los consejeros de Defensa y Ordenación. "Volví a Gernika y vi que todo estaba lleno de escombros, muchas casas ardían y otras se estaban derrumbando".

La Huida

El alcalde lamentaba que la gente, despavorida, debiera huir "alocada, entre lloros y gritos. Huía a las afueras". Los bomberos no pudieron disponer de agua, y Labauria se dedicó al salvamento de supervivientes en peligro y "ayudar a las brigadas de desescombro".

El regidor negó que fueran los rojos y separatistas quienes quemaron Gernika, como mintieron los franquistas al mundo. "Aquí no había fuerzas rojas en la época que fue bombardeado, solo había algunas compañías nacionalistas vascas: todas se dedicaron al salvamento. De los cuatro depósitos de gasolina que había, estaban ya vacíos los tres". En días sucesivos, el alcalde atendió a la prensa extranjera. En una titulada Carta al mundo, publicada en la prensa belga y francesa, reiteró sus afirmaciones sobre la masacre fascista. "Gernika ha sido incendiada, pero no morirá", exclamó en Radio Emisora Bilbaína. "Como alcalde nacionalista, juro ante Dios, ante la Historia, que fueron los aviones alemanes quienes inocua y sanguinariamente han bombardeado nuestra Gernika bien amada. Nerón incendió Roma y culpó a los cristianos. La Historia nos juzgará", amplificó el 4 de mayo de 1937.

El 29 de abril, ante la ocupación del pueblo por los fascistas, salió a Sukarrieta y de allí, al no encontrar a su familia, a Bilbao. El 13 de junio salió a Santander. Partió a Burdeos en el barco Marrakech. Acabó residiendo en el hotel y ya también hospital La Roseraie, de Bidart. El 13 de febrero de 1939 conoció la muerte de su hijo Andoni, de 15 años. En 1941, salió hacia Vigo, donde vivió unos meses con identidad falsa. No logró pasar a Portugal. Desde Lisboa quería exiliarse en México. Enfermó y en un hospital le identificaron. Lo ingresaron en la cárcel de Figueirido, Pontevedra. Fue acusado de auxilio a la rebelión y enviado la prisión de Larrinaga en Bilbao. Su salud empeoró y lo enviaron a casa, pero con obligación de presentarse en el juzgado los 1 y 15 de cada mes. Se solicitó para él la pena de doce años de prisión mayor. Falleció a los 57 años en Bilbao. "Dijo –evoca su nieta, Deunore– que no volvería a Gernika, más que con los pies por delante, porque ya no era su Gernika".

Deunore, nieta de Labauria, evoca que José no quería volver a Gernika "más que con los pies por delante, porque ya no era su Gernika"

Tras el bombardeo, partió a Bilbao, de ahí a Santander para recalar en Burdeos; de ahí pasó a Bidart y después a Vigo, donde fue detenido


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