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Viejas ruinas y la extraña pirámide

La aparición de unas ruinas en el subsuelo de la plaza Corazón de María sacó a la luz la historia del convento de San Francisco, donde cayó asesinado Cándido de Aréchaga, cuya sepultura conserva un fabuloso misterio

Viejas ruinas y la extraña pirámideOskar González

EL naturalista irlandés del siglo XVIII William Bowles hizo en 1775 la siguiente descripción del convento: “Comprende esta comunidad unos 80 religiosos, que viven con mucha comodidad, no solo por las limosnas que en la villa y alrededores adquieren, sino por lo bien dispuesto del convento en cuanto a vistas, tránsitos y salas, y algunas buenas celdas; la iglesia es bastante bella y espaciosa, de la que se saca mucho beneficio por el pasto espiritual y buena asistencia en ella de los buenos religiosos”. Bowles fue, además, abogado y químico y cuentan las crónicas que vivió en Bilbao durante meses. Pancho Bringas, que, aunque nacido en México, vivió desde muy niño en Bilbao, además de pintar extraordinarios lienzos, ilustró diversas publicaciones. En una de ellas, el Semanario Pintoresco Español publicó el 6 de marzo de 1853 una xilografía que representaba un arco interior de la iglesia. La perspectiva del dibujo, único que existe del interior del edificio, permite hacerse una idea de la magnitud del templo, una de aquellas “elegantes capillas, con hornacinas de menuda talla gótica”, según dice Delmas en la Guía histórico-descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya en 1864.

Vayamos al hallazgo. La Plaza Corazón de María, en el barrio de San Francisco de Bilbao, esconde un tesoro arqueológico, los restos de un convento franciscano del siglo XV. Tras realizarse un sondeo previo en la plaza, por tratarse de una zona de presunción arqueológica, se desabrieron los restos del Cuartel del Príncipe Don Alfonso, del siglo XIX, y del ya citado convento de San Francisco, ruinas que hoy puede visitar la ciudadanía.

Sobre las huellas de ese yacimiento pueden leerse, con ayuda de los investigadores, algún que otro pasaje de interés de la historia oculta de Bilbao. A su llegada a Bilbao, los franciscanos se asentaron en el arrabal de Bilbao la Vieja, al otro lado del puente de San Antón. Era la confluencia de caminos de Orduña y Balmaseda. Digamos, para más señas, que estaban enfrente del Casco Viejo, allá en la orilla izquierda de la ría, frente a las calles Barrencalle y Barrencalle-Barrena. Los terrenos de la llamada viña del infanzonado fueron cedidos por el armador y mercader Juan de Arbolancha y ya ahí empieza la aventura.

aires de corsario Porque Juan de Arbolancha no era un piernas ni un cualquiera. No en vano era un marino audaz y aprovechado con aires de corsario que asaltaba a los mercantes ingleses que se desviaban de la ruta por las inclemencias del tiempo o por error en las cartas de navegación. También daba escolta a los barcos laneros que hacían la ruta a Flandes y su linaje, de los mas floridos de Bilbao, se enzarzó en disputas y/o alianzas (el poder hace extraños compañeros de cama...) con los Leguizamón, Avendaño o Butrón entre otros.

El convento se empezó a construir a finales del siglo XV en terrenos del propio Juan de Arbolancha y de su esposa Elvira Fernández de Basabe gracias a la bula expedida desde Roma por el papa Sixto IV el 14 de julio de 1475. Aunque en 1539 recibió título imperial, porque el emperador Carlos V le concedió cédula para el uso de sus armas, siempre se le ha conocido como Convento de San Francisco de Bilbao la Vieja. El propio pirata había sufragado los primeros costes.

Cuentan que la iglesia no tuvo rival, ni por su tamaño ni por su belleza, con cuantas había en el País Vasco. Incluso era más grande que la de Santa María de Bermeo, que pasaba entonces por ser la mayor de todas.

un muerto y su tumba Cuentan las crónicas que una epidemia de fiebres fue el primer aviso serio para prohibir los enterramientos que desde siempre se hacían en el interior de las iglesias. Bilbao precisaba de un camposanto al aire libre, siendo elegidas las soleadas huertas del convento de San Francisco. El cementerio, tapiado con paredes altas, ocupaba un extenso terreno y se accedía a él a través de un ancho vestíbulo. Sobre el dintel de la puerta se podía leer: “Ubi posuiste eam venit et vidi”. El ocaso del convento llegó en el siglo XIX. Durante la ocupación de Bilbao por parte de las tropas napoleónicas, los frailes fueron desalojados y el convento fue convertido en cuartel sufriendo irreparables daños. Ahí empezaba la decadencia.

En 1931, el Ayuntamiento de Bilbao decidió recordar a Cándido de Aréchaga, cuñado del diputado Uhagón, primera víctima del levantamiento provocado por los carlistas en Bilbao, el 3 de octubre de 1833, a los pocos días de la muerte de Fernando VII. Los amotinados quisieron matar al diputado general de Bizkaia, Pascual de Uhagón, pero al no conseguirlo, ya que había huido, sorprendieron y dieron muerte a su cuñado, el señor Aréchaga. El asesinato en el sagrado recinto consternó al pueblo. En su memoria se levantó un monumento en el Cementerio de Mallona que ya sustituía al de San Francisco.

En su Guía histórico-descriptiva del viajero del Señorío de Vizcaya (1864) Juan E. Delmas cuenta que en el camposanto de Mallona, “hacia el lado de la Epístola, en uno de estos jardines, se levanta un gracioso panteón en que descansa el malogrado D. Cándido de Aréchaga, inmolado en Bilbao el 3 de octubre de 1833, en el momento en que estalló el grito de la guerra civil”.

En 1839, la Revista de Madrid narraba así el asesinato: “El más grave de los atentados aquel día cometidos fue el asesinato alevoso del hermano político del diputado Uhagón. A esta primera e inocente víctima de las presentes disensiones ¡cuántas otras le han seguido y seguirán al sepulcro antes que su furor se extinga! Para conservar su memoria han erigido sus amigos, en el centro de uno de los jardínes del bellísimo camposanto de Bilbao, un monumento tan elegante como sencillo, en donde se hallan depositados sus restos (...)” A la vera del campo del fútbol del Mallona, aledaño al nuevo cementerio, hay una pirámide. El pueblo ha sospechado que se trata de una tumba masónica pero el historiador y profesor de la Universidad de Deusto José Ángel Barrio apuntó en su publicación Enterrar a los muertos que “el panteón rematado en pirámide debe de ser el que Delmas califica como gracioso, fue levantado en memoria de Cándido de Aréchaga. He ahi ya historia rescatada de los yacimientos.