Lo que nunca dijo...

"El Dakar en el desierto de Arabia se me da bien porque no hay ovejas"

26.01.2020 | 09:29
Carlos Sainz.

Bilbao- Aunque parezca increíble, cuando Carlos Sainz (Madrid, 1962) se relaja habla con un pronunciado acento gallego. "Fueron muchas horas en el mismo coche con Luis Moya, que no paraba de hablar. Luego, en la misma habitación de hotel o autocaravana. ¿Me comprendes o no, carallo?", explica evocando a quien fuera su más conocido copiloto en el Mundial de rallies.

Sainz acaba de ganar su tercer Dakar. "Me veo bien para la competición. Seguiré hasta que me retire la próstata. Se pierde mucho tiempo parando a menudo a echar una meadilla y no es plan. Bueno, o si. Depende", señala dando una nueva muestra de idiosincrasia gallega. "Lo que más me alegra es que mi rapaz anda muy bien en eso de la Fórmula Uno. Le doy gracias a San Cristóbal todos los días", destaca en referencia a su hijo Carlos Sainz junior.

Una nueva victoria en el prestigioso Dakar. Y a nada menos que al borde de los 60 años. Es usted leyenda del motor.

-Gracias, rapaziño. El Dakar se me dio bien porque no hay ovejas. Ya sabes que yo soy muy propenso a atropellarlas. La gente se cree que en el circuito mundial del WRC me llamaban "El Matador" porque soy español y me identificaban con la imagen del torero. Ni hablar del peluquín: me pusieron ese mote porque lo atropellaba todo en las carreteras. Me he cargado más bichos en los rallys de Australia que los incendios de este año: canguros, perros, ornitorrincos y hasta koalas. Cada vez que estampaba mi coche contra un eucalipto caían los koalas como moscas. Y ovejas a cascoporro. Hasta loros de colores he atropellado cuando saltaba en los cambios de rasante.

Entiendo que si el Dakar se corriera en la sabana africana usted no se presentaría.

-Sí hombre, presentarme sí. Pero competiría con un bulldozer. Con mi mala suerte y la cantidad de animales que pastan por ahí me veo fulminando hipopótamos, rinocerontes, jirafas, toda la gigantesca manada de ñus que atraviesa Masai-Mara... Lo tendría difícil para ganar y para conseguir una póliza de seguros. Fíjate si tengo tendencia a chocarme con bichos que una vez salté de un trampolín a una piscina y choqué en la caída con una gaviota y un niño que jugaba a la pelota.

Vaya mala suerte. ¿Está conforme con su coche?

-El Mini que conduzco ahora es un maquinón. Pero tengo nostalgia del bólido con el que empecé a competir: un Seat Panda. Bua, cuatro marchas, la patrás, sin calefacción y con menos detalles dentro que el water de una gasolinera. Qué recuerdos. Ojito, que era un Fura al que le había limado los pistones y acoplado un tubarro. Luego me lo compró un chaval muy majo, le llamaban El Torete me parece. Yo conseguí un Simca 1.000 y es verdad: no hay quien haga el amor en un cochecito de esos. Ya me gustaría a mi ver a la chavalería de ahora manejándose en el asiento de atrás de un Simca 1.000. Se quejan de vicio.

¿Con cuál de sus copilotos ha tenido mejor relación?

-Sin duda con Luis Moya. Alcancé una gran confianza con él. En todos los sentidos. Tanto que fue mi padrino de boda. Nunca olvidaré aquella noche. Por los nervios o lo que fuera, no conseguí consumar el matrimonio. Mi señora mandó a llamar a Luis. Él vino, me agarró de la pechera del pijama, me miró a los ojos fijamente y me dijo: trata de arrancarlo, Carlos, por Dios, trata de arrancarlo. Aquello me animó y todo fue mejor. Y ya, cuando me apuntó: abajo pantalón a la silla izquierda, calzoncillo ras...ni te cuento. Ahí lo dejo. Mi señora, encantada. Desciende ombligo, uno-dos, cunnilingus ras, me suele decir ella aún, de vez en cuando, con acento gallego. Es una bromista.

Logró usted gran complicidad con él.

-Por supuesto. Yo me entendía muy bien con Luis. Teníamos muchas cosas en común, sobre todo el idioma. Luego trabajé con Michel Périn o Timo Gottschalk, pero no fue lo mismo. Llevar una intérprete en el asiento de atrás penaliza mucho el peso del vehículo, por muy flaca que esté. Con Luis no hacía falta.

El problema con él fue con la marca del coche, ¿no?

-Tu me dirás. Una vez se nos quedó el coche parado a setecientos metros de la meta del rally de Inglaterra y por eso no ganamos el mundial. Luis se puso hecho una furia, se olvidó que llevaba un micro conectado y dejó la marca a caer de un burro. Desde entonces no le contratan ni para conducir un socarro.

Pero cómo no llevaban ustedes un seguro con asistencia en carretera

-¿Eres idiota? ¡Claro que teníamos seguro con asistencia en carretera! Pero ni había cobertura para el móvil, ni una cabina telefónica de esas rojas cerca.