A punto de cumplir 99 años, Iris Apfel es uno de los grandes iconos de la industria de la moda. Cabello blanco, labios rojos, gafas grandes de pasta redondas y una extensa colección de bisutería son las señas de identidad de esta neoyorquina que cuenta con muñeca Barbie y emojis propios.Para Iris Apfel la edad solo es una cifra. Es incombustible y disfruta como una niña con su efervescencia mediática. “Es una figura de la cultura pop, reverenciada por su inteligencia y su estilo ocurrente”, así la definen en el libro El ABC de la moda, editado por Phaidon.

Está claro que su estilo ha roto moldes. Su ecléctico y peculiar gusto para mezclar colores, texturas y complementos, así como piezas de diseño con ropa de mercadillo, le ha permitido romper estereotipos y alzarse victoriosa en una sociedad que sigue al dictado las tendencias.

“No eres guapa y nunca lo serás, pero no importa. Tienes algo mucho más importante. Tienes estilo”, le dijo Frieda Loehmann, fundadora de los famosos almacenes Loehmann’s, a Iris Apfel cuando comenzaba a dar sus primeros pasos en la industria de la moda, según se explica en el documental Iris, dirigido por Albert Maysles.

Se dedicó al mundo de la decoración, aunque siempre ha estado coqueteando con la moda hasta que a los 84 años su estilo hipnótico adquirió fama mundial tras ser la protagonista de Iris Apfel: rara avis, una exposición en el Metropolitan de Nueva York (2005) en la que se exhibieron 80 piezas de joyas y prendas de alta costura de peculiar colección.

“El mundo de la moda y el gusto por vestirse es como tocar una pieza de jazz, es improvisación”, decía en una de sus últimas entrevistas quien considera que la moda “es sentido del humor y curiosidad”. Iris Apfel nació en el verano de 1921 en Queens, Nueva York. Su madre poseía una boutique y su padre era fabricante de espejos. Era una cuando llegó la Gran Depresión, sus padres trabajaban duro de sol a sol, y la pequeña Iris asumió algunas responsabilidades.

Con mucho esfuerzo adquirió su primer complemento a los 11 años, un broche que compró por 65 centavos en Greenwich Village.

Tras casarse con Carl Apfel el interiorismo ha sido su vida, aún lo es. Juntos se convirtieron en afamados decoradores que han asesorado a nueve presidentes de Estados Unidos, desde Harry S. Truman a Bill Clinton, además de tener clientes como Greta Garbo o Estée Lauder.