Siete finales decoran la trayectoria de Unai Laso. Este domingo disputará la tercera del Campeonato de Parejas junto a Jon Ander Albisu frente a Jokin Altuna y Joseba Ezkurdia, a partir de las 17.00 horas. Es una cita con un componente especial para el navarro. “El de 2020 nos lo arrebataron”, dice.
Disputan la final del Campeonato de Parejas contra Jokin Altuna y Joseba Ezkurdia. ¿Por dónde pueden ir los tiros del encuentro?
—Esperamos una final muy dura. Se vio en el último partido que para ganarles hay que jugar a un gran nivel. Forman una pareja muy incómoda y trataremos de atraerlos a nuestro juego. Al final, si entramos en el suyo, nos complicarán las cosas. Esa puede ser la clave.
El Navarra Arena está considerado un frontón para pelotaris largos y, en esa cuestión, ustedes parten con cierta ventaja.
—Se dijo lo mismo cuando jugamos en el frontón Ogueta de Gasteiz y, fíjese, nos ganaron ellos. Se ha visto que Joseba Ezkurdia, pese a ser delantero, puede ser uno de los mejores zagueros. Incomoda mucho y, en ese sentido, no contamos con mucha ventaja. El frontón es el que es y tenemos que jugar ambas parejas allí. Es verdad que nosotros hemos disputado tres partidos de la fase inicial en el Navarra Arena y hemos estado muy a gusto.
La Triple Corona y la lesión
Está a un paso de entrar en el selecto club de la Triple Corona, lo que le colocaría como uno de los pelotaris más completos de la historia junto a Retegi, Arretxe, Martínez de Irujo, Olaizola II, Barriola, Urrutikoetxea, Bengoetxea VI y Jokin Altuna. ¿Piensa en ello?
—No le doy vueltas. Mi intención es salir a disfrutar de ese día. Llevo siete finales y cada una tiene un sabor diferente. Estoy centrado en preparar bien el partido y nada más.
Es indudable que han hecho una liguilla de cuartos de gran nivel –trece victorias en catorce partidos–. ¿Cómo llevan la etiqueta de favoritos? ¿Existe cierta responsabilidad por cumplir las expectativas generadas hasta el momento?
—Llevamos con esa vitola desde que comenzamos el Parejas. En ocasiones, se toma como algo negativo, pero, por otro lado, hay que estar orgullosos de que nos hayan tomado como favoritos desde el principio. Eso quiere decir que estamos dando el nivel. Reitero, es para estar satisfechos.
El objetivo ahora mismo es la txapela, pero no se puede obviar que llegó al campeonato después de seis meses de baja por una tendinopatía rotuliana de la que tuvo que ser intervenido. Solamente ser competitivo era uno de sus metas y está bien cumplida, ¿no?
—Así es. En los titulares se ve al ganador o a los favoritos, pero los que somos deportistas sabemos lo que se sufre y valoramos el día a día por encima de lo demás. Cuando has pasado momentos malos, con lesiones y después de sufrir jugando; el estar disfrutando en la cancha, prácticamente sin dolores, es algo para tener en cuenta. Después, llegar a una final y estar a gran nivel es un premio. Sé que voy a seguir dando todo para intentar conseguir la victoria.
Un equipo fundamental
Las tendinopatías son cuestiones bastante delicadas, porque para curarlas se necesita una rebaja importante de la carga o se acaba convirtiendo en algo crónico que puede terminar derivando en un tiempo de baja más extenso aún.
—Cuando te meten al matadero, es algo serio (risas). He recuperado bien, no obstante. A mi alrededor tengo a grandes profesionales que me han ayudado. Además, he trabajado mucho y me he cuidado al milímetro. Se está notando en cada partido. Ese es el objetivo a largo plazo: cuidarme todo lo que pueda para estar bien física y mentalmente, aspecto que trabajo también todas las semanas.
¿Dónde está la clave para dar la vuelta a esa situación de una manera tan exitosa?
—En todos los factores: físicos, mentales, buena rehabilitación, trabajo... Cuidar tu cuerpo al máximo era tal vez lo que me faltaba. Estoy trabajando mucho en ese aspecto. La experiencia sirve de mucho para este tipo de situaciones y, repito, tengo un equipo maravilloso y estoy rodeado de los mejores: tanto el preparador físico Egoitz Carrión, como los psicólogos. Es importante el día a día, el humor y la personalidad de cada uno. También son importantes mi pareja, mis padres, mi abuela, mis amigos... Tienen mucha paciencia conmigo. Gracias a ellos, puedo dar todo.
El Parejas tenía también un sabor especial al compartir gerriko con Albisu, con quien jugó el de 2020 y no pudo terminar al no renovar su contrato con Baiko, lo que derivó en la huelga de pelotaris.
—Desde el principio, dijimos que nos merecíamos otro campeonato juntos. Hemos dado todo y hemos demostrado esas ganas que teníamos de jugar juntos. Estamos contentos del nivel que hemos dado. Nos conocíamos de antes, pero hemos hecho una gran relación. Albisu es una persona increíble que transmite mucha tranquilidad, y su entorno es similar. Me quedaré con esta relación toda la vida.
Espinas clavadas
Jon Ander fue uno de los que más tenía que perder en esos momentos y tomó el toro por los cuernos para jugarse el pellejo por usted, Mariezkurrena II, Eskiroz y Víctor.
—Los más veteranos dieron la cara. También estuvieron Bengoetxea, Ibai Zabala o Larunbe, entre otros. Albisu demostró el tipo de persona que es.
¿Había algo emocional que devolverle?
—Teníamos esa rasmia de aquel Parejas. Albisu me llevaba a mí, que era un pipiolo. Nos arrebataron ese campeonato y teníamos esa espina clavada. Llevábamos muchos años en contra y había que aprovechar este año.
No han podido preparar todo lo bien que hubieran querido la final, porque no había disponibilidad del frontón.
—Es una molestia para todos. Es un recinto muy grande y siempre está lleno de eventos, pero deberían respetarnos un poco más. La final es una ocasión muy especial para nosotros. Ya no hay vuelta atrás y no le damos más vueltas. Pudimos entrenar el lunes y nos quedamos con eso.