Bilbao y San Mamés volvieron este viernes a saborear el rugby de élite. Ocho años después de que La Catedral abriera sus puertas a las dos principales competiciones europeas del deporte del oval, que por unos días deja de un lado al fútbol, el Montpellier, que partía como el gran favorito en la primera de las dos finales, se hizo grande en el estadio rojiblanco. Los franceses superaron de cabo a rabo al Ulster, al que no dieron opciones pese a que el equipo de Belfast fuera el que inaugurara el marcador, y conquistaron su tercera corona de la Challenge Cup, que se suma a las que lograran en 2016 y 2021. Fue una final vistosa, un guiño a ese rugby de alto nivel que se degusta en ocasiones puntuales por estos lares, en la que no faltó esos detalles que levantaron de sus asientos a las miles de almas presentes, con un Montpellier que alardeó de su juego dinámico en los tres cuartos, que ejecutó nueve ensayos, sin necesidad de puntuar a base de golpes de castigo, como ocurrió también en el caso del cuadro norirlandés, más escaso en recursos, pero que quiso aguantar sin éxito en defensa pese a sus cuatro ensayos. Este sábado, será el turno del Leinster y el Bordeaux en una atractiva final de la Champions Cup.

MONTPELLIER: Forletta, Uelese, Haouas, Verhaeghe, DuGuid, Nouchi, Becogneé, Vunipola, Price, Miotti, Taofifenua, Cadot, Vincent, N’Gandebe y Banks. También jugaron Akrab, Erdocio, Hounkpatin, Beard, Tauleigne, Coly, Darmon y Echegaray.

ULSTER: Bell, Stewart, O’Toole, Sheridan, Izuchukwu, McCann, Timoney, Augustus, Doak, Murphy, Zac Ward, Postlethwaite, Hume, Baloucoune y Lowry. También jugaron McCormick, O’Sullivan, Wilson, Irvine, Bryn Ward, Mc Kee, Flannery y McIlroy.

Marcador: 0-7: Min. 4; Ensayo de Timoney transformado por Doak. 7-7: Min. 6; Ensayo de N’Gandebe, transformado por Miotti. 14-7: Min. 16; Ensayo de Taofifenua transformado por Miotti. 14-12: Min. 29; Ensayo de Izuchukwu. 21-12: Min. 32; Ensayo de Vunipola transformado por Miotti. 26-12: Min. 38; Ensayo de Becogneé. 33-12: Min. 45; Ensayo de Taofifenua transformado por Miotti. 40-12: Min. 49; Ensayo de Nouchi transformado por Miotti. 40-19: Min. 56; Ensayo de Baloucoune que transforma Daok. 47-19: Min. 59; Ensayo de Erdocio transformado por Coly. 54-19: Min. 64; Ensayo de Hounkpatin transformado por Coly. 54-26: Min. 73; Ensayo de Lowry transformado por Flannery. 59-26: Min. 80; Ensayo de Vicent.

Árbitro: Mattheuw Carley (Inglaterra).

Incidencias: 43.204 personas, según datos oficiales, se dieron cita en el estadio de San Mamés en la final de la Challenge Cup en una noche de calor agobiante

El rugby ofrece una mística que no se da en otras disciplinas. Dice la leyenda que es un deporte de bestias jugado por caballeros y el fútbol es un deporte de caballeros jugado por bestias. La competencia entre ambos viene de mucho tiempo atrás y de ahí la necesidad de marcar terreno. San Mamés está edificado para acoger al Athletic, o sea al fútbol en toda su esencia, pero este viernes, como ocurriera en las dos finales europeas de 2018, se convirtió en el templo del oval, las habituales porterías rectangulares se transformaron en una estructura vertical, las líneas que definen las áreas pasaron a marcar las zonas de las reglas del rugby… El Montepellier, campeón de dos ediciones de la Challenge Cup y el Ulster, novato en estas lides, se jugaban la corona. Cada uno con su propio ADN, cada uno fiel a una idea. Más allá del premio gordo, el título, emergía una simbología única que se manifiesta en el tercer tiempo, que une a a los dos conjuntos gane quien gane. Y Bilbao ejerció de anfitrión de una fiesta que tendrá continuidad hoy con la final de la Champions Cup, la máxima competición continental. La guinda.

En imágenes: final de la Challenge Cup de rugby, Montpellier-Ulster Gaizka Portillo

La final respondió a las expectativas. Los primeros 40 minutos se erigieron en una oda al deporte del oval. Ni un ápice de conservadurismo, como lo retrató un arranque eléctrico. Fue el Ulster el primero en romper las hostilidades, quizá porque partía con la vitola de víctima. La tropa de Richie Murpgy, sin embargo, sorprendió con un arreón de su delantera que consumó el tercera Timoney para inaugurar el marcador un ensayo que transformó el medio melé Doak. El Montpellier, lejos de noquearse, sacó galones y apenas tardó un par de minutos para igualar el duelo con acción marca de la casa, gestionada por su línea de tres cuartos, que culminó el ala N’Gandebe. La final se abrió en canal, con dos equipos decididos a rentabilizar sus virtudes. Y en ese duelo a cara de perro, el conjunto de Joan Caudullo se movió como pez en agua con tres nuevos ensayos generados de jugadas de todos los colores, tanto en un detalle de calidad de su ala Taofifenua como en dos empujes de poderío de su segunda y tercera línea que ejecutaron el capitán Vunipola y el tercera Becogneé, dos de ellos transformados por su pateador Miotti. En medio de ellos, emergió la figura de Izuchukwu que hizo trazas el sistema defensivo del colectivo francés.

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Poderío francés

El 26-12 con el que se llegó al descanso se entendió como una señal de lo que podría suceder en los segundos 40 minutos. El conjunto francés se había mostrado superior al Ulster en esos matices que marcan la diferencia, un poderío que se extendió en un segundo acto que se convirtió en un festejo para el Montpellier, que abrió el tarro de las esencias para triturar a un equipo norirlandés incapaz de dar respuesta. El colectivo de Joan Caudullo necesitó solo diez minutos para dejar sentenciada la final con dos nuevos ensayos obra de Taofifenua, el segundo de su cuenta personal, y del recién incorporado Nouchi en sendas acciones cerradas en el juego de mano y en el poderío de la segunda línea. El 40-12 no daba lugar a interpretaciones y el Montpellier se encaminó hacia su tercera corona pese a los ensayos de Balocoune y de Lowry que no hicieron más que maquillar el éxito francés, que aumentó su renta con las marcas de Erdocio, Hounkpatin y Vicent.