Dicen que la cerveza forma parte de la cultura del rugby, por lo que la afición no puede esperar hasta el famoso tercer tiempo para hacer buena cuenta de ella. Sobre todo cuando el termómetro sobrepasa los 40 grados. Así, quienes se acercaron a la final de la Challenge Cup de este viernes dejaron secas las provisiones tanto de la Fan Zone como de los bares que viven frente a San Mamés. Sin embargo, para sorpresa de muchos, aquellos que entraron con suficiente antelación a San Mamés también pudieron disfrutar de una cervecita fresca. Con alcohol, por supuesto.
Porque, a diferencia de lo que ocurre en La Catedral cuando juega el Athletic, en las finales de rugby la ley sí que permite la venta de bebidas alcohólicas. Eso sí, hasta 15 minutos antes del pitido inicial y 15 minutos después de finalizar el duelo. Es decir, mientras dura el partido, a 0,0%. O a agua, que hidrata más. Este viene a ser más o menos el funcionamiento habitual que se suele imponer en los espacios VIP de los estadios, San Mamés incluido.
Con todo, se trata de la misma normativa que ya se aplicó en la primera visita de las finales europeas de rugby, esas que aterrizaron en Bilbao en 2018 y dejaron el todavía vigente récord de asistencia a San Mamés. Entonces, llamaron la atención las hileras de barriles de cerveza en una instalación en la que no suele estar permitida.
Sin embargo, tal y como explicó el Gobierno vasco en su momento, no se trata de una vulneración de la ley ni de ninguna excepción particular. La explicación es más sencilla que todo eso. Y es que el rugby y la Primera División de fútbol española se rigen por diferentes normativas.
Así, LaLiga EA Sports, además de la Segunda División, la Primera RFEF y la ACB de baloncesto funcionan según la Ley 19/2007 contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte. Y esta prohíbe “la introducción, venta y consumo de cualquier tipo de bebida alcohólica en todas las instalaciones” donde se celebren encuentros de estas competiciones.
Mientras que las finales de rugby, al igual que en el resto de espectáculos deportivos a excepción de los antes mencionados, se rigen por la ley 1/2016 de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias, que solo permite el consumo y la venta antes y después de los duelos.