De poder elegir qué partido de los cuatro últimos de la temporada sería preferible ganar, uno señalaría el último de todos, exclusivamente porque se juega ante el Real Madrid, con lo que ello significa siempre, y la historia muestra lo complicado que resulta triunfar en su estadio. Al menos desde una perspectiva íntima, confluirían dos poderosas razones para desearlo. Dicho de otra manera: prevalece la absoluta garantía de experimentar una profunda e intensa sensación de placer, futbolísticamente sin igual.

Por desgracia, esta licencia consistente en juguetear con lo que deparará el futuro inmediato no tiene encaje posible en la realidad que vive el Athletic. Hoy, el punto de vista del equipo de Ernesto Valverde está enfocado en el postrero intento por adecentar la temporada con una plaza europea.

Así que, ya en serio, esto es lo que hay empezando por el final: más vale que no haya que fiar el signo de la temporada al resultado de la jornada 38 porque el rival, que tampoco está para echar cohetes, buscará con ahínco cerrar el curso brindando una victoria a su defraudada afición. Por otra parte, todavía es imposible saber si la visita al Madrid poseerá o no valor de cara a la clasificación. Dependerá de los resultados previos contra Valencia, Espanyol y Celta, tres citas concentradas en siete días. Aunque, como se ha señalado, más vale que los puntos del Bernabéu no sean necesarios, que los chicos de Florentino no están para bromas.

Acotado el escenario donde los rojiblancos se van a someter al examen final, salta a la vista que vencer este domingo es obligatorio y no hay excusa posible para no hacerlo. Cabe emplear una fórmula más fina y decir que es clave, pero llegados a esta situación carece de sentido cansar la cabeza o perder más tiempo para justificar una obviedad. El Athletic va a necesitar seis o siete puntos como mínimo para regresar el año que viene a Europa, lo cual equivale a dos triunfos o a dos triunfos y un empate, marcadores que por supuesto ha de obtener antes de la jornada de clausura del campeonato.

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Empezando por lo primero, que siempre es lo principal, el asunto va de que el Valencia, aún en peligro al hallarse a tres puntos de la frontera del descenso, debe volver a su casa de vacío. Exprimir el factor campo y explotar la ansiedad del rival serían solo dos de las premisas a observar por los rojiblancos. La tercera es elemental: jugar mejor que el adversario durante más minutos, lo que incluye ser más eficaz. En teoría, este encuentro aparece como el más asequible que va a gestionar el Athletic, por lo que fallar está prohibido.

Si no gana el domingo, lo de después le va a exigir un esfuerzo extra que conviene eludir. Por de pronto se quedaría sin margen para volver a equivocarse. Las lógicas y serias dudas que ya transmite el equipo se multiplicarían y se vería abocado a protagonizar una hazaña consistente en asaltar el miércoles el RCDE Stadium, sede del Espanyol, otro que va apurado, y repetir jugada el domingo siguiente aquí frente al Celta. Recordar que el osado conjunto de Claudio Giráldez luce unos registros envidiables a domicilio y su nivel futbolístico supera con holgura el que viene caracterizando al Athletic, lo mismo que la diferencia general de goles a favor y en contra (14) o el desenlace registrado en el cruce de Balaídos en diciembre (2-0).