"Ha resultado imposible revertir la tendencia y recuperar un nivel competitivo siquiera aceptable"
"Suena fuerte a estas alturas de la temporada ver al responsable transmitiendo inquietud en público"
Desde hace tiempo vive el Athletic pendiente de lo que hacen los equipos que habitan en la mitad baja de la clasificación. Según se va acercando el final del campeonato se fija con especial atención en los resultados de los enfrentamientos directos entre ellos. De hecho, celebra que se produzcan esta clase de partidos, pues actúan como un salvavidas para sus intereses. Le conviene que haya muchos, claro, ante la evidencia de su incapacidad para quitarse de encima o rebajar la desagradable sensación de estar implicado, aunque sea de refilón, en el turbio asunto de la permanencia.
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Recientemente sumó tres puntos, contra Osasuna, que en la práctica le dejan a salvo: con 41 en el casillero, las probabilidades de perder la categoría son ínfimas, máxime habiendo tantos equipos implicados en esta carrera de fondo que por ahora no alcanzan dicha cifra. Hablamos de una decena, que ya son, pero ello no quita para que Ernesto Valverde reclame una victoria más y deprisa, enseguida. Suena fuerte a estas alturas de la temporada ver al responsable transmitiendo inquietud en público, pero ocurrió en la sala de prensa del Metropolitano. “Tenemos que ganar un partido cuanto antes”, fueron sus palabras exactas, dado que se corre el peligro de “pensar que ya está y no”, en referencia a la salvación.
Es posible que Valverde se pusiera demasiado dramático, pero uno piensa que si utilizó ese tono no fue por la gravedad objetiva de la coyuntura, sino porque está loco por liberarse del lastre que carga en la espalda desde hace un montón de meses. En una columna como esta, escrita superado el ecuador del calendario de competición, ya se comentó la existencia de una preocupación que rondaba a quienes dirigen la plantilla. La negativa trayectoria que describía el Athletic no tenía freno, persistía, se iba prolongando en el tiempo y no apreciaban síntomas que invitasen a confiar en una reacción.
Aquel diagnóstico ha quedado confirmado, ahora que faltan cinco encuentros nada más para coger las vacaciones está muy claro que ha resultado imposible revertir la tendencia y recuperar un nivel competitivo siquiera aceptable. Ni los encargados de activar los mecanismos en busca de un cambio, ni los llamados a plasmarlo sobre la hierba, nadie ha podido responder como hubiese sido deseable.
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Parece mentira, pero a nivel interno ya entonces suspiraban por llegar pronto a los famosos 42 puntos a fin de evitar que la cosa se fuese torciendo en exceso y el miedo hiciese acto de presencia. Recordar de paso que a principios de febrero salió a escena Jon Uriarte para deslizar idéntica reivindicación. Oficialmente, el resto de los objetivos establecidos en verano dejaban de tener su razón de ser.
Bueno, pues próximos a cerrar abril en el saco todavía faltaría un punto, ese que Valverde solicita con semblante serio. Ni el anuncio de su adiós, ni la menor densidad del calendario, ni el regreso de algunas bajas de larga duración, ni el aliciente de las plazas europeas a tiro de piedra, ninguno de estos factores ha ejercido un influjo beneficioso en el comportamiento del Athletic.
Tiene tela que la opción de participar en un torneo continental siga vigente para un equipo que sale a derrota cada dos partidos: 16 en las 33 jornadas celebradas. Idéntico registro al que lucen los que cierran la tabla. Esta realidad subraya la dimensión del fracaso, pues se antoja difícil dar con un antecedente donde la obtención de un hueco en el cuadro de honor de la categoría estuviese tan tirada de precio.
Y el fin de semana que viene, Mendizorrotza. El destino se ha convertido en un aspecto secundario cuando de los viajes del Athletic se trata. Los números asoman de nuevo como un castigo: solo ha logrado doce de los 48 puntos en liza lejos de San Mamés. En el Metropolitano le recibió un buen bloque con el depósito al límite; en el derbi de Gasteiz será lo contrario: un rival modesto y sin embargo de temer, muy peligroso porque pelea con el alma para huir del descenso. Sobre el papel no parece el escenario ideal para que Valverde vea atendida su reclamación.
