El Athletic bien que puede servir materia de tesis para argumentar, si se puede, las cusas de unas desconexiones en el campo que le convierten en un equipo muy vulgar, hasta desquiciar a propios, y también a extrañas, por momentos como los que ofreció en el Metropolitano en un arranque del segundo imperdonable en el fútbol de élite, y es de imaginar que detectado a través de televisión por el que será el recambiode un Ernesto Valverde que proyecta impericia para corregir un cierre de ciclo que va camino de ser más agrio que dulce.
Lo mejor: Un primer acto que generó una ilusión
No todo lo que comienza bien en un partido de fútbol acaba igual de bien. El Athletic sacó ayer una versión creíble en los primeros 45 minutos, en los que fue un pelín mejor que un Atlético de Madrid que prioriza su semifinal de Champions, y por momentos los de Valverde proyectaban esas sensaciones que hacen pensar en la victoria y acabar con su maldición en el Metropolitano. Una ilusión argumentada en la certera puesta en escena, en ese dominio de la situación, liderada por Iñigo Ruiz de Galarreta, que se tradujo en el tanto de Aitor Paredes, el primero del curso generado de un saque esquina, con lo que todo el entorno athleticzale estaba más contento que un niño con zapatos nuevos cuando se cerró el primer tiempo. Sin embargo, los leones estafaron a su gente visto el inicio del segundo periodo, impropio en el fútbol de élite.
Paredes volvió al once siete partidos después tras dejar atrás su lesión muscular, lo que se entiende como una buena noticia, adornada con su gol, como lo fue que Gorka Guruzeta viera puerta por tercer encuentro consecutivo, que eleva a nueve su saldo en liga para sumar un total de 16 dianas entre todas las competiciones, con lo que igual su mejor marca anual, registrada en el campaña 2023-24, recordada como la de la conquista del título de Copa cuatro décadas después. El idilio del donostiarra con el gol endulza una derrota que duele por la forma en que se produjo.
Lo peor: El derrumbe en el arranque del segundo tiempo
Es muy complicado justificar las prestaciones del Athletic en un segundo tiempo en el que echó por tierra lo logrado en los primeros 45 minutos. Los discursos repetitivos de que lo teníamos hablado en el vestuario, que no podemos permitirnos relajarnos, que no se debe repetir en próximos partidos… ya no convencen a casi nadie cuando resta solo un mes de competición y en la memoria de esta temporada están depositados una colección de fiascos similares tanto en la Champions como en la liga, y que tanto están penalizando a este equipo. Quizá habría que entonar más el mea culpa, reconocer la fragilidad propia y no caer en el simplismo de las declaraciones de manual.
El dato, en este sentido, es demoledor y descorazonador. El Athletic es una bicoca como visitante, el sexto peor, ya que solo ha ganado tres de 16 partidos posibles, y la última vez que lo hizo se remonta a la visita al colista Oviedo, con el que por cierto comparte el dudoso honor de ser, además del Levante, Sevilla y Mallorca, el equipo que más derrotas, 16 ha encajado, una debilidad que ocasiona que cuando solo faltan cinco jornadas para que acabe esta especie de suplico no se termine de quitar el foco en la zona baja de la tabla, con los puestos de descenso a siete puntos de distancias. Y ello cuando los cuatro últimos clasificados todavía no han jugado sus respectivos compromisos de la trigésima segunda jornada.