La derrota que sufrió el Athletic el sábado en el Metropolitano vuelve a poner en duda la credibilidad de este conjunto rojiblanco, que entra en el tramo decisivo de las cinco últimas jornadas de liga en una situación inesperada a inicios de curso y con un discurso institucional que proyecta un mensaje un tanto alarmista cuando se hace referencia a la imperiosa necesidad de alcanzar la mágica cifra de los 42 puntos que marcan, salvo algunas excepciones, el listón de la permanencia. El propio Jon Uriarte, presidente de la entidad, lo ha mencionado en más de una ocasión, la última con motivo del acto de pistoletazo de salida una semana atrás de su segundo mandato; y Ernesto Valverde, el entrenador, ha seguido un guion similar al del mandatario de la entidad y en el que insistió tras el revés ante el Atlético de Madrid: “Tenemos que ganar un partido cuanto antes”. Palabras que denotan síntomas de preocupación porque se pone el foco en la zona de descenso, que sigue a siete puntos tras la derrota del Sevilla en El Sadar sobre Osasuna, un escenario inédito en las nueve temporadas anteriores, repartidas en sus tres etapas, de Valverde en el banquillo rojiblanco.

Con números en la mano y con las sensaciones de juego de este Athletic, el Txingurri encara sus últimos cinco encuentros al frente de los leones en su pico más bajo como entrenador de los leones, cargo que estrenó en la campaña 2003-04. No en vano, es el peor Athletic durante el ciclo de Valverde a estas alturas de liga, ya que suma la cifra más baja de puntos, 41, con 33 jornadas recorridas, una estadística que retrata la decadencia de este conjunto rojiblanco, cuando su anterior registro negativo con este mismo entrenador se remonta a la campaña 2014-15, con 46 puntos sumados. Por entonces, los leones reaccionaron en esa tacada final, en la que atraparon nueve de los quince puntos posibles para llegar a la séptima plaza, con la que certificaba su billete a la previa de la Europa League, que, así y todo, ya la tenían asegurada al disputar a la semana siguiente la final de Copa frente al Barça, clasificado para la Champions, y en la que, como se sabe, sucumbieron por 1-3.

Lo cierto es que el Athletic de Valverde siempre había pugnado por una plaza europea en el momento de afrontar los últimos cinco compromisos de liga. Así fue ya en su primer curso en el banquillo del viejo San Mamés, donde el Txingurri irrumpió con fuerza desde el Bilbao Athletic como recambio de Jupp Heynckes, que cerró su segunda etapa en el club rojiblanco, para expirar su primera experiencia como entrenador en la élite con éxito, ya que metió a los leones en el extinta Copa de la UEFA, reemplazada posteriormente por la actual Europa League. Al siguiente ejercicio dejó al Athletic en la desaparecida Copa Intertoto y en su primer regreso a Bilbao, campaña 2013-14 de la mano de Josu Urrutia en el sillón de Ibaigane, alcanzó su techo en la trigésima tercera jornada, con la cifra de 62 puntos, para sumar ocho más hasta el fin de liga y clasificar al Athletic para la Champions, hazaña que repitió el curso pasado con los mismos 70 puntos de entonces. Volvió meter en Europa al Athletic en otras cuatro ocasiones y el único lunar lo vivió en la temporada 2022-23, la primera de esta tercera etapa, en la que no llegó a tiempo pese a sus 47 puntos a estas alturas, ya que solo añadió cuatro más en un flojo esprint en el que perdió el duelo directo con el Villarreal, que se hizo con la séptima plaza y relegar así a los rojiblancos a la octava, sin premio alguno.