El doble asesinato del falso shaolín en Bilbao conmocionó a la ciudadanía de la capital vizcaina. Durante los últimos años, el espacio, ubicado en el número 12 de la calle Máximo Aguirre, albergó un centro deportivo que ha estado buscando nuevo propietario, sin éxito. La última vez que figuró en el mapa fue en enero de este 2026. Bajo el nombre de Lonja comercial en Bilbao, el lugar estuvo en subasta en la página web de Escrapalia durante todo el mes. La noticia saltó a los medios de comunicación no solo porque se volvió a registrar movimiento en el lugar, sino porque lo hizo un 73% más barato de lo que está tasado: 160.000 euros (tasación en 600.000 euros).

Desde la plataforma de subastas on line señalan a este periódico que este activo quedó desierto, es decir, nadie pujó por el gimnasio. Tras esta publicación no se ha vuelto a saber nada ya que esta página web no tiene el inmueble en comercialización, tal y como confirman a este periódico, y no hay rastro en ninguna otra página web. Es una situación de rechazo la que ha generado el local que se extiende al sentimiento de bilbainas y bilbainos que en alguna ocasión transitan por la calle en cuestión.

A día de hoy, vecinos cercanos al inmueble evitan "mirar la puerta", incluso más de una década después del doble asesinato, cuando pasan frente al gimnasio. "Eso –el gimnasio del monje shaolín– no se va a abrir en la vida", expone Iker Fernández, quien confiesa tratar de no pasar por el lugar. Cuando lo hace, baja la mirada y acelera el paso. "Intento no recordar lo que pasó, pero es imposible", relata.

"Una puerta cerrada como puede ser otra"

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Un punto de vista similar al de otros bilbainos, como Mario Aguirre: "O lo coge alguien que no sepa absolutamente nada de lo que pasó y se sienta atraído por el precio...". En esta línea recuerda que vio en "las noticias todo lo que pasó" y no daba crédito de que fuese real. "No me creía lo que estaban diciendo en la prensa", reconoce instantes antes de comenzar su jornada laboral.

Sin embargo, entre quienes no vivieron lo que pasó, o eran muy pequeños, la percepción cambia de forma evidente. Noelia, que entonces era apenas una niña, admite que se enteró de lo ocurrido, pero es algo que le resulta lejano. "Hasta que fui consciente de lo que pasó para mí ha sido una puerta cerrada como puede ser otra", confiesa. Esta visión más distante sobre el lugar en el que se cometió un doble asesinato es compartida por otros jóvenes que la acompañan, para quienes el lugar no deja de ser un espacio vacío dentro de la ciudad.