Fue a estas alturas del calendario cuando un año atrás arrancó vigoroso el Athletic, metiendo una velocidad más a cada partido que jugaba para establecer un registro de quince consecutivos sin perder. Ahí puso los cimientos de lo que terminaría siendo una campaña magnífica. Entonces, en la decimosegunda jornada, solo tenía dos puntos más que ahora y se hallaba un puesto más arriba, pero gracias al mencionado arreón estuvo cómodamente instalado en plaza de Champions justo antes del paréntesis correspondiente a las navidades. Hasta la conclusión del campeonato nadie lograría bajarle del pedestal. 

Pensar en un despegue a corto plazo que pudiera asemejarse a lo contado, hoy carece de sentido. Aún se está celebrando apasionadamente una victoria en casa por la mínima sobre un rival flojísimo que, presumiblemente, el año próximo no visitará Bilbao. Con esos tres puntos el Athletic no solo ha cortado una hemorragia (venía de encadenar tres derrotas), ha adecentado su ubicación en una tabla donde apenas unos pocos logran sobresalir, ya sea por arriba o por abajo.

Es séptimo, lo cual bien pensado constituye una hazaña si se analiza el fútbol que ofrece y la trayectoria que arrastra, eso sí, exceptuando el muy rentable mes de agosto. En realidad, que en mitad de tantas decepciones figure en plaza continental obedece a que la categoría acoge a demasiados equipos incapaces de funcionar con un mínimo de regularidad. Sin duda, el Athletic actual merece estar incluido en este amplio grupo. Sus integrantes se amparan sin remilgos en la igualdad de fuerzas o en la enorme dificultad que entraña ganar cualquier cita, para eludir sentirse afligidos como tantos y tantos de sus seguidores.

Recién solventado el trámite del colista, a Ernesto Valverde ni se le ocurrió hablar de “punto de inflexión”. Lo más optimista que salió de sus labios fue un “pero somos el Athletic”, que utilizó para compensar el recordatorio de lo que les espera a la vuelta del parón de quince días que se acaba de abrir.

Se trata del tercer paréntesis de la temporada y más vale no ponerse a estudiar en profundidad qué sucedió cuando finalizó el primero, el de septiembre, y el segundo, en octubre, porque cualquiera pensaría que esos márgenes extra para descansar, prepararse, recuperar lesionados y pulir defectos en Lezama son absolutamente contraproducentes para los rojiblancos. Entre ese par de interrupciones consumidas, el Athletic ganó un partido, empató otro y perdió cinco. Después del segundo parón, el balance acaba de cerrarse con dos ganados, uno empatado y tres perdidos. Esto, en lo que a los resultados concierne. Si se repara en los beneficios obtenidos para elevar el nivel del juego, la conclusión resulta descorazonadora. Y tres cuartos de lo mismo sería aplicable al asunto de los lesionados, una rémora que amenaza seriamente con dilatarse en el tiempo en determinados casos.

Te puede interesar:

A fin de evitar ponerse tétricos, convendría dejar a un lado lo ya conocido y adoptar un tono constructivo para encarar lo que depara el calendario de lo que resta de año natural. No es fácil. El problema surge al revisar la lista de rivales, así como la cadencia con que se celebrarán este paquete de compromisos que abre el Barcelona, sigue con el Slavia de Praga y enlaza con el Levante, los tres en una semana y lejos de casa. Luego, Real Madrid, Atlético de Madrid y Paris Saint Germain, asimismo concentrados en ocho días y en San Mamés. La tacada ofrece un final menos potente por la entidad de los adversarios, Celta y Espanyol, si bien la gran incógnita será en qué condición llegará el Athletic a este par de choques que en otro contexto se antojarían relativamente llevaderos.

Este programa, da lo mismo desmenuzado o en conjunto, objetivamente se las trae y, al igual que doce meses atrás, no es descartable que alcance una importancia capital en el cómputo global del ejercicio. Constatar que, hasta la fecha, quitando al Villarreal (y al Arsenal y el Dortmund en Champions) el Athletic había eludido a los rivales de entidad.