Como cada uno es de su ama y de su aita, los conceptos se diluyen casi siempre en las prioridades individuales, incluidos los que, sobre el papel, denotan un carácter colectivo, de comunidad, el motor del desarrollo humano.
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Las calles y las paredes son de todos, dicen esos jóvenes que, además de coger el testigo de la Korrika con una clara inclinación política, son sucesores naturales de la izquierda abertzale formada en las herriko tabernas de finales del siglo pasado. Se refieren a que, lo mismo pueden instrumentalizar el idioma de todos los vascos en la carrera que recorre las calles de Euskal Herria, que pintar las paredes de los pueblos con el lema que les venga en gana. Es muy sencillo interpretar que lo que es de todos es mío.
El Gobierno Vasco, sobre la polémica con Korrika: “El euskera necesita puentes y no muros"
Viajar con perro en metro
También lo hacen quienes quieren viajar en el metro de Bilbao con perros que pesan más de ocho kilos. Afirman que pagan la infraestructura con sus impuestos y tienen derecho a utilizarla con sus mascotas. Incluso admiten la posibilidad de pagar un viaje al animal.
En vagones específicos y fuera de hora punta: los dueños de perros piden que puedan viajar en Metro Bilbao
El argumento tiene su lógica, pero choca con la singularidad de cada caso. Hay perros con dueños que saben educar al animal, hay dueños desastrosos que pasean por las calles con perros que mean en cada esquina o saltan encima del primero que pasa.
En algunos landers de Alemania es necesario aprobar el Sachkundenachweis, un examen para tener un perro que evalúa conocimientos sobre cuidado, comportamiento y bienestar animal para una tenencia responsable.
Es una solución. Más difícil parece lo de los que llenan las paredes con pintadas amenazantes.